1 de junio de 2013 - 21:35

Díganme cómo termina esto

El columnista hace el balance de su recorrida por varios países de Oriente Medio y propone algunas alternativas para que las luchas de esos pueblos por acabar con sus dictaduras no terminen en otras divisiones o en nuevas guerras entre ellos.

He estado viajando a Yemen, Siria y Turquía para filmar un documental sobre cómo tensiones ambientales contribuyeron al despertar árabe.

Mientras reflexionaba con respecto al viaje, se me ocurrió que tres de nuestros principales personajes -los líderes de las dos comunidades yemeníes que han estado peleando por un solo pozo de agua y el líder del Ejército Libre de Siria en la provincia de Raqqa, cuya granja de algodón fue borrada por la sequía- tienen 36 hijos entre ellos: 10, 10 y 16.

Es por esta razón que uno puede regresar de un viaje como este sin preguntarse no sólo ¿quién gobernará en estos países?, sino ¿cómo gobernará cualquier persona en estos países?
Por supuesto, deberíamos esperar que prevalezcan aquellos con sinceras aspiraciones democráticas, pero claramente su visión no es la única que se está poniendo sobre la mesa.

Estos aspirantes a demócratas están teniendo que competir con grupos opuestos de tendencia islamista, sectaria y tribal, que también tienen profundas raíces en estas sociedades. Pero, sin consideración a la tendencia que triunfe, el verdadero problema está en saber si 50 años de explosión poblacional, malos manejos del ambiente y estancamiento educativo han vuelto ingobernables a algunos de estos países para cualquier grupo o ideología.

En Egipto, Yemen o Siria, es común ver clases de educación primaria de 60 a 70 alumnos con un maestro que no tiene suficiente capacitación, ni una sola computadora y nada de instrucción en ciencia.

¿Cómo van a tener una oportunidad los 36 niños cuyos tres padres conocí en un mundo donde no sólo hay robots reemplazando a obreros, sino el software está reemplazando cada vez más los empleos rutinarios de oficinistas, así como donde algunos de ellos no pueden regresar a la granja familiar porque el agua y el mantillo han sido agotados?

Después, cruzo la frontera turca hasta Tel Abyad, en el noreste de Siria, y veo edificios estropeados, líneas de electricidad en el suelo, hogares medio construidos y un enorme hoyo en un silo sobre una torre, y pienso: no solo están atrasados, sino que esta guerra sigue destruyendo lo poco que les queda. Están en un hoyo y siguen cavando.

La única forma en que estos países se pongan al día es que la gente se una para movilizar toda su fuerza. Es que sunitas, cristianos y alauitas en Siria trabajen juntos; que las tribus en Yemen y Libia trabajen juntas; que la Hermandad Musulmana, salafistas y liberales en Egipto también lo hagan, particularmente en lo que respecta a poner en práctica las propuestas reformas económicas del Fondo Monetario Internacional.

En el mundo globalizado de estos tiempos, uno se rezaga más rápidamente que nunca si no se está acrecentando la educación, infraestructura y los cimientos económicos para aprovechar este mundo, pero se pone al día más rápidamente si lo hace.

Sin embargo, para avanzar juntos se requiere confianza -esa cosa intangible que dice que tú me puedes gobernar aun cuando vengas de una tribu, secta o partido político diferentes- y eso es lo que falta en estos países. En la ausencia de cualquier líder similar a Nelson Mandela capaz e impaciente por fomentar confianza, no veo cómo cualquiera de estos despertares pueda tener éxito. Sigo pensando en el comandante del Ejército Libre de Siria, cuyas palabras cité el domingo, al presentarme a su equipo de liderazgo: "Mi sobrino, mi primo, mi hermano, mi primo, mi sobrino, mi hijo, mi primo". ¿Qué les dice eso?

Solamente podemos responder apropiadamente a la pregunta ¿deberíamos estar armando a los rebeldes sirios? si primero respondemos qué tipo de Siria queremos ver emergiendo y qué se necesitará, más allá de armas, para llegar ahí.

Si queremos que el régimen de Bashar al Assad sea derrocado y que surja una democracia pluralista en Siria, entonces no solo necesitamos armar a los rebeldes sino necesitamos organizar una fuerza internacional de pacificación, para que entre a Siria tan pronto como el régimen caiga para ayudar en el manejo de la transición.
 
De lo contrario, cuando Assad sea derrocado, habrá cuando menos dos guerras más en Siria. Primero será una guerra entre sunitas y alauíes, la secta que Assad representa. Los alauíes pelearán para defender sus privilegios y territorio. Después de eso, habrá una guerra dentro de la oposición, entre los islamistas y fuerzas de lucha más seculares que abrigan visiones muy diferentes de una Siria futura. Solamente una fuerza de pacificación del exterior podría compensar la falta de confianza y visión compartida y tratar de forjar una nueva Siria. Y sería un esfuerzo muy, muy grande.

Si nuestro objetivo consiste en armar a los rebeldes solo para servir a nuestros intereses estratégicos -que son el derrocamiento del régimen de Al Assad y acabar con la influencia de Irán y Hezbolá en Damasco y no demostrar interés en lo que venga después-, entonces necesitamos estar preparados para la probable fragmentación de Siria en tres zonas: una sunita, una alauí y una kurda.

Con el tiempo, eso pudiera resolver los problemas de confianza y la guerra civil, ya que todos estarían viviendo "con los suyos", pero no estoy seguro de que permitiría que los sirios abordaran de mejor manera sus desafíos relacionados con el desarrollo.

Una tercera opción sería armar a los rebeldes sólo para asegurar un atolladero; con la esperanza de que los partidos pudieran terminar lo suficientemente agotados para alcanzar un acuerdo por cuenta propia. Pero, hay que considerar, me cuesta trabajo ver cómo cualquier acuerdo que pudiera poner a Siria en el largo y difícil camino hacia un sistema político incluyente y digno podría ser puesto en marcha sin ayuda exterior en el territorio para que actúe como árbitro.

Así que hagamos algo nuevo: pensemos dos pasos adelante. Antes de que empecemos a enviar armas a más gente, preguntémonos para que fines exactamente queremos que se usen esas armas y qué más se requeriría de ellos y nosotros para volver realidad esos fines.

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