3 de octubre de 2013 - 22:56

La difícil tarea de proteger al gobierno

Si no se producen acontecimientos impredecibles, es posible que ante la derrota infligida al gobierno nacional y varios provinciales, éstos queden reducidos a minorías débiles difíciles de auto sustentarse. Como suele suceder, la diáspora y éxodo de funcionarios CK que ya se está produciendo, se acelere a partir del 27 de octubre próximo.

Dudo que Cristina se conduzca razonablemente, porque no escucha las críticas ni el resultado de las urnas. Ante las derrotas políticas, se convence de que son "victorias", arremete contra sus "enemigos" de siempre y lanza proyectos irritativos a veces en violación de la Constitución y del bien común, ahondando las diferencias entre argentinos.

Si por un hecho extraordinario no sucediera así y admitiera con humildad la derrota, sería más fácil protegerla porque a los argentinos nos duele el sufrimiento ajeno y…   ¡vaya si va a sufrir después de tanta altivez y menosprecio a sus "enemigos"!  Pero si sigue la lógica de sus antecedentes, continuará con su soberbia innata tratando de convertir el desastre electoral en un éxito a través de aquellos pueblos donde la voten mayorías pequeñas. Ya ha sucedido y no se trata de un ejercicio hipotético (Antártida, comunidad Qom, Bariloche).

Victimización destituyente obsesiva

Desde su twitter y hace tiempo, previendo su derrota del 11 de agosto, menciona que la "oposición enemiga", partidos, prensa no oficialista, la Corte Suprema, jueces independientes y la "corpo", intentan destituirla.

Su ultra fan Luis D'Elía que suele oficiar de vocero, dice, con su siempre desagradable lenguaje, que la oposición quiere destituirla por considerarla "chorra y loca" (sic).

Nelson Castro en su serio programa "El juego limpio" nos recuerda que el único que le pidió la renuncia a Cristina fue su esposo el día de la derrota en 2009. Y ella, que no es destituyente, …¡le había pedido la renuncia a De la Rúa en 2001 antes de su desastroso final!

Para destituirla se requeriría un juicio político que no se ha tramitado o un golpe militar. Las fuerzas armadas se encuentran en un deplorable estado de desmantelamiento, que comenzó con la presidencia de Alfonsín y culminó con la obra maestra K, a punto tal que no tienen armamento, ni aviones de combate ni naves de guerra en condiciones de operar, de la mano de Nilda Garré como Ministro, ex "Comandante Teresa" para los Montoneros. No podría haber golpe porque no hay Fuerzas. Pero en el supuesto que las hubiera…

¿Cree Cristina que la oposición querría o apostaría a un golpe? ¿Qué enseñanzas han dejado los golpes militares?

Los golpes militares

Después de sus pésimas experiencias es obvio que los que menos quieren golpes son los militares. Las destituciones golpistas de las Fuerzas solo han producido "víctimas" que no eran tales, encumbrando en la historia a los mismos presidentes derrocados. El golpe de 1930 rescató del desastre personal y político a Hipólito Irigoyen, con su endeble salud, hoy uno de los emblemas del radicalismo.

El de 1943 agigantó la figura de Ramón Castillo, de bajo perfil. El de 1955 salvó a Juan Perón, políticamente desgastado, del caos de la inflación y de la entrega de YPF a la California Argentina, llenando de gloria al ex Presidente a quien muchos consideran el máximo exponente político argentino del siglo XX, en gran medida por su derrocamiento prematuro.

El golpe contra Arturo Frondizi en 1962 hizo lo mismo con este Presidente que renegó de su libro "Petróleo y Política" durante su mandato, y tras su paso por Martín García ya depuesto en sus funciones, pasó a la gloria de los mártires. La destitución de Arturo Umberto Illia en 1966 transformó a un Presidente débil en un paradigma de democracia, humildad y republicanismo. El gobierno de María Estela Martínez de Perón, que transformó al país en un inmenso jardín de infantes, era ya impresentable.
 
Y el golpe de 1976, significó una de las épocas más siniestras de la historia y "salvó" del seguro colapso a "Isabelita". Con un agravante: se dijo que impidió a los marxistas instalarse en el poder…  ¡ Y resulta que se instalaron, pero a partir de 2003 con los montoneros de ultra izquierda en el gobierno, de la mano de Kirchner y Cristina, que todavía perduran!

¡Perdimos y retrocedimos ocho décadas por los golpes de Estado! La destitución de Cristina no está en la agenda ni de los militares ni del pueblo. Sólo en su mente y quizá en su deseo subconsciente de vivir las experiencias de sus predecesores: pasar como víctima a la inmortalidad. Es posible que no sepa qué hacer ni cómo salvarse del desastre de aquí hasta 2015.

Pero todos queremos que termine su mandato, enmiende sus desaciertos, no deje una pesada carga a sus sucesores y se haga responsable -ella, sus funcionarios y civiles implicados- de la enorme corrupción y eventuales delitos perpetrados en diez años, además de la tierra arrasada y campos minados de muy difícil solución por varios años después de 2015.

¿Y si llegara a renunciar? Pues entonces se debe rechazar la renuncia y tener el juicio político preparado para su destitución y la de su Vice, no por estar condenados, que no lo están hasta ahora, sino por desorden de conducta y presunta comisión de delitos que los inhabilitan éticamente para el futuro y sustituir a la Presidente en el caso de Boudou.
 
¿Es esto destituyente? ¡Claramente no! Se trata simplemente de la aplicación del juicio político previsto en la Constitución, a Cristina y sus funcionarios responsables que tantas aberraciones de gobierno y presuntos delitos han cometido en estos desperdiciados diez años.

¿Cómo protegerla entonces?

Con las únicas armas posibles de los ciudadanos: las de la democracia y de la república. Creo que no se dejará proteger porque jamás abandonará su soberbia, pero esta tarea debemos ejecutarla aun contra su voluntad. Como ella ejerce el Poder Ejecutivo debemos ganar las elecciones del 27/10/13 para lograr mayorías en ambas Cámaras. O por lo menos en el Senado, para obstaculizar cualquier proyecto trasnochado de Cristina y para juzgar políticamente a los funcionarios de todas las jerarquías, con justicia e independencia.

Se requiere un Congreso que no cumpla sumisa y obsecuentemente los deseos de Presidencia.
En diez años se han puesto en escena todas las iniciativas presidenciales, se realizan debates interminables solo para cumplir la apariencia de una democracia y al final se aprueban los proyectos sin modificar una coma del texto K y sin que se acepte ninguna modificación de los bloques opositores. Un paradigma de autoritarismo y de la ausencia de democracia.

Hay que derogar o abrogar las leyes que han impedido el progreso del país, su vinculación con el resto del mundo y los daños producidos a vastos sectores de nuestra sociedad, impidiendo el monopolio del gobierno y los monopolios privados una vez acreditados, emergencia económica eterna, facultades extraordinarias inconstitucionales, reforma integral del BCRA otorgándole independencia funcional del Presidente prohibiendo la emisión monetaria sin respaldo y retornándole su función esencial: la del control de nuestra moneda para asegurar su valor.

Se debe reconocer la inflación y la extrema inseguridad, dictando leyes consensuadas e integradas a políticas de estado definitivas. Jerarquizar a los jueces y al Consejo de la Magistratura, modificando los códigos procesales para acelerar todos los procesos, incorporando todos los adelantos tecnológicos de los que el país carece.

Se debe terminar con el cepo cambiario y los déficits gemelos, racionalizando el gasto, favoreciendo las exportaciones e importaciones con cuidado de la industria nacional. Los derechos adquiridos de los habitantes deben respetarse, atacando la pobreza y la indigencia dentro de una política auténtica de seguridad social.

Esta es una síntesis a título de ejemplo pero hay numerosas medidas que disponer para retornar a ser un país predecible, normal y con seguridad jurídica y estabilidad económica.
Cristina siempre dice que no ha existido una Presidente más atacada e injuriada que ella.

Personalmente no recuerdo dos presidentes que hayan atacado e injuriado más al pueblo que Kirchner y Cristina, desde 2003. No debemos dejarnos seducir por la revancha ni cualquier otro sentimiento rastrero como la venganza. Actuemos con racionalidad y justicia, virtudes que no han adornado al gobierno que culmina su ciclo.

Las opiniones vertidas en este espacio, no necesariamente coinciden con la línea editorial de Diario Los Andes.

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