7 de diciembre de 2019 - 00:00

Difícil de entender... - Por Axel Kurt Ottosen

Cuando llega la fiesta de la democracia -las elecciones- elegimos siempre dentro del círculo que nos agobia hace décadas.

Salir de Argentina, sin importar el destino que hayas elegido, te obliga a responder ciertas preguntas sobre la situación del país. Pero no es algo nuevo, siempre sucedió lo mismo.

Hace ya cuatro meses que estoy en Ulm, Alemania, y como amante de la política me mantengo lo más informado que puedo.

Con el pasar de los días he conocido a muchas personas, entre ellas, a miembros del Parlamento alemán y demás actores de la política local, con quienes converso de política, entre otros temas.

Mi interés se basa en conocer todos los detalles del funcionamiento de los órganos gubernamentales alemanes y, a partir de ello, intentar comprender la situación de América, pero puntualmente la de Argentina, que es de donde proviene su nueva fuente de información; es decir, yo.

Una y otra vez procuro responder a sus preguntas, explicar lo acontecido, lo que sucede y lo que creo que sucederá; pero sus rostros reflejan desconcierto absoluto, por algunos momentos serios, perplejos y, por otros, con alguna sonrisa que surge ante la incomprensión del pensamiento argentino, de los candidatos políticos, de la justicia, la economía, los resultados electorales y, sobre todo, el círculo vicioso del que aún no logramos salir.

Ante el surgimiento de nuevas preguntas vuelvo a contar de la manera más objetiva que puedo, y al finalizar comentan “difícil de comprender”…   Y sí, analizando la historia, realmente es difícil comprender a Argentina, porque permanentemente repite los mismos errores, a pesar de que toda la ciudadanía dice tener la respuesta a los problemas.

Entonces me interpelo a mí mismo y me pregunto ¿por qué? ¿Por qué seguimos repitiendo las mismas equivocaciones una y otra vez? ¿Por qué no podemos ser la potencia que fuimos en nuestras primeras décadas?

Y creo que la respuesta está en una frase que se atribuye a Napoleón Bonaparte que dice: “Quien no conoce su historia está condenado a repetirla” y en otra frase de la banda musical Calle 13: “Si quieres un cambio verdadero, pues camina distinto”.

Y destaco estas frases porque al no conocer nuestra historia, cuando llega la fiesta de la democracia, las elecciones, elegimos seguir dentro del círculo que nos agobia hace décadas pensando que caminando por el mismo sendero, vamos a llegar a un camino diferente.

Poco más de 200 años tiene nuestro país, una historia relativamente en pañales, corta, pero que, sin embargo, no aprendemos. Lo peor, que nuestros gobernantes tampoco lo hacen; incluso algunos, más pícaros, aprovechan el desconocimiento del pueblo para distorsionar el pasado y adaptar la historia según la conveniencia del momento. Una práctica que no distingue colores ni partidos políticos.

Soy muy joven, y aún me queda mucho por aprender, pero hay algo que gracias a mis padres ya aprendí, que es escuchar al otro y buscar un punto en común, con sus matices, claro, pero priorizando el consenso, la armonía y el bienestar general. Otra de las cosas que no sucede en Argentina, una tierra dividida e irritada por las ideologías, no sólo políticas, también religiosas, educativas, etc.

En resumen, en pocos días más tendremos un nuevo gobierno en Argentina, un gobierno que hace cuatro años perdió por el hartazgo de la gente pero que en unos días vuelve por el hartazgo de la gente con quien en su momento ganó; ambos, saliente y entrante, alcanzaron el poder valiéndose del voto castigo contra la  administración de turno, y es por ello que quiero pedirles un favor, algo que también me incluye, y es que priorizando el bienestar de la república junto a la independencia de poderes, dejemos en segundo plano nuestras ideologías políticas, nuestras divisiones y, exigiendo el cumplimento de las leyes, nos unamos en pos de nuestro futuro, escuchándonos, consensuando y trazando un proyecto a largo plazo que nos permita crecer de manera continua y sin vaivenes indistintamente del ejecutivo en funciones.

Argentina es un país con todo lo necesario para tener una calidad de vida superior a la actual. Sólo hace falta trabajar en equipo. Sé que podemos lograrlo.

(*) A. K. Ottosen (18), sanrafaelino, vive y estudia en Alemania. Dio recientemente el discurso de apertura en Naciones Unidas (Ginebra, Suiza) por los 30 años de la Convención de los Derechos de los Niños y Jóvenes.

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