14 de agosto de 2017 - 00:00

Diferentes pero parecidos

El líder norcoreano Kim Jong-Un y el presidente estadounidense Donald Trump, tienen a priori poco en común, pero mirando bien comparten varios rasgos, entre ellos el gusto por la provocación y una concepción teatral del poder. Normalmente, es Kim Jong-Un el que suele distinguirse por sus declaraciones agresivas y sus amenazas, muy comentadas en los últimos años. Kim no dudó en amenazar a Seúl y transformarla en un “mar de fuego”.

Una advertencia que casi quedó anodina tras las recientes declaraciones de Donald Trump, que recurrió al mismo registro y amenazó a Pyongyang con “fuego e ira” en caso de un ataque nuclear, empleando la imagen del “fuego” nuclear tan apreciada por Kim Jong-Un.

Ambos comparten el gusto por una concepción teatral del poder. Kim como heredero de un régimen, apoyándose de una intensa propaganda estatal, y Trump, con su pasado de estrella de un programa de telerrealidad.

Con Trump, “cada día es como un 'minishow', en el que necesitamos un enemigo, un sentido del drama, un bueno, un malo, todos los elementos clásicos del entretenimiento popular”, analiza John Delury, profesor en la universidad Yonsei de Seúl.

El espectáculo no parece que vaya a terminar, pues los actores “le han tomado gusto” a su papel, predice el analista.

Pero, más allá de su retórica belicosa, la forma en la que los dos hombres llegaron al poder remite a dos mundos bien distintos.

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