Nuestra lengua nos ofrece, para expresar diferencia o igualdad, términos que, a la hora de redactar, no sabemos cómo utilizar adecuadamente. Para situaciones no iguales, tenemos adjetivos como ‘distinto’, ‘diferente’ o ‘desemejante’. Cuando estos adjetivos forman estructuras de sentido comparativo o contrastivo, muchas veces dudamos entre usar ‘a’, ‘de’ o ‘que’. Es una vez más el Panhispánico el que nos ha de indicar qué hacer. Veámoslo: el adjetivo ‘distinto’ y su femenino ‘distinta’ significan “que no es igual”; este adjetivo va a llevar a su lado ‘a’ o ‘de’, cuando después de estas preposiciones van a colocarse nombres, pronombres o grupos nominales: “Hasta ahora, los días de otoño no se presentan distintos de las cálidas jornadas estivales”; “El joven no es distinto del padre”; “Mi hermana es absolutamente distinta a mí” y “El sonido de las flautas era muy distinto al sonido de las trompetas”. Puede suceder que lo comparado esté expresado con la conjunción ‘que’ pues, en la primera parte, hay una oración que se compara con un segundo término que aparece abreviado porque repetiría el mismo verbo de la primera parte: “Es distinto usar tinta que lápiz” (que usar lápiz). Esto mismo sucede cuando el segundo término es una construcción con infinitivo: ¿Acaso es distinto festejar con los amigos que salir con los compañeros de la secundaria?
Si el segundo término está formado por un número, se debe utilizar la preposición ‘de’: “Pueda ser que resulte favorecida una cifra distinta de dos o cuatro”.
¿Qué sucede cuando el término de comparación es una proposición subordinada, con su verbo conjugado y que comienza con ‘que’? ¿Es correcto juntar un ‘que’ a otro ‘que’? No es gramaticalmente incorrecto usar dos veces seguidas ‘que’, pero se prefiere utilizar la preposición ‘a’, para evitar la cacofonía: “Es distinto que presente la nota en letra manuscrita a que la presente en fría letra de imprenta” (mejor que “Es distinto que presente la nota en letra manuscrita que que la presente en fría letra de imprenta”).
También es posible que lo que se compara a través del adjetivo ‘distinto’ sea un complemento preposicional o una expresión adverbial; para estos casos, solamente es admisible introducir ese segundo término con la conjunción ‘que’: “No es distinto el uso de esos regionalismos en San Juan que en Mendoza” y “Es bastante distinto el invierno allá que aquí”.
‘Distinto’ puede funcionar como adverbio y significar “de modo diferente”: “Observo que ahora se porta distinto, después de tan intenso sufrimiento”.
Existen dos sinónimos conocidos para ‘distinto’: los adjetivos ‘diferente’ y ‘desemejante’. El primero se comporta exactamente del mismo modo que ‘distinto’, tanto cuando se usa en estructuras de carácter comparativo como en construcciones contrastivas: “El terciopelo no es muy diferente a la pana”, “Ella es tan diferente a mí”, “Su obrar es tan diferente del tuyo”, “Escribir en ese teclado resulta diferente que hacerlo en aquel otro”, “Callar los resultados es diferente que tergiversarlos”. ‘Desemejante’ es, quizá, menos usado; también lleva un complemento introducido por ‘a’ o ‘de’: “Poseen hábitos y costumbres desemejantes a los nuestros” y “Presentó un pronóstico muy desemejante de los vaticinios hechos por los opositores”.
Cuando una persona o cosa presentan las mismas características, se usa el adjetivo ‘igual’; en contextos matemáticos, este adjetivo, si se refiere a una cosa, se define como “que equivale a otra”. ‘Igual’ va a introducir estructuras de sentido comparativo, con la conjunción ‘que’ o con la preposición ‘a’. Se da el uso de esta preposición cuando lo que se presenta es un nombre, un pronombre, un grupo nominal o una oración de relativo: “Tu cabello es igual al de tu hermano”, “Lo veo igual a vos”, “Su reacción fue igual que la que tuvo mi padre”. En el ámbito de las matemáticas, ya no se estará haciendo una comparación, sino una equivalencia; en ese caso, solamente se utiliza la preposición ‘a’ para expresarla: “Un billete de quinientos pesos es igual a cinco de cien”.
Cuando se van a comparar dos construcciones con infinitivo, al introducir el segundo término de la igualdad se usa la conjunción ‘que’ y se deja callado el verbo de esta segunda parte porque es el mismo que el de la primera: “Es igual pintar con acuarelas que con crayones” (se ha sobrentendido el verbo ‘pintar’); ¿Te parece que es igual escribir en verso que en prosa? (se ha sobrentendido el verbo ‘escribir’). Del mismo modo que sucedió con ‘distinto’, cuando en el segundo término tenemos una oración subordinada con verbo conjugado, es preferible, para evitar la cacofonía, usar la preposición ‘a’ y no la conjunción ‘que’: “No es igual que viaje en primavera a que se traslade con los calores estivales”.
Si en el segundo término aparece un complemento preposicional o un adverbio, nuevamente el único uso permitido es el del ‘que’: “Esto es igual en Formosa que en Corrientes” y “Se dará este fenómeno igual ahora que después”.
Aparte de ser adjetivo, ‘igual’ puede ser adverbio, equivalente a “de la misma manera”; lleva a su lado ‘que’: “Desde pequeña, estudié igual que un ratón de biblioteca”. Hay una expresión ‘igual de’ que aparece ante adjetivos, adverbios o sustantivos no contables, con el valor de “tan” o “tanto”; lleva a continuación un segundo término encabezado por ‘que’: “Pedrito es igual de tozudo que Inés” y “Experimentaba igual de vergüenza que yo”. Este ‘igual’ es un adverbio, sin variante de número: “Esas callejuelas son igual de peligrosas que los caminos alejados” (no “iguales de peligrosas”).
Por último, encontramos la locución ‘(al) igual que’, equivalente a “de la misma manera que”: “Te engalanas al igual que tu abuela” y “Igual que yo, mi hija es una lectora incansable”.
Hay un uso coloquial de ‘igual’, como adverbio, seguido de un verbo en indicativo, que significa “a lo mejor, posiblemente”: “Le dé esa limosna o no, igual terminará empobrecido”.