7 de diciembre de 2013 - 23:30

Días de incertidumbre

Pérez tiene un cierre de año complicado. Sin dinero y con escaso margen de maniobra, el PJ lo presiona para que cambie su gabinete.

Francisco Pérez piensa y duda. El escenario inmediato no es alentador: ni aquí ni el país. El regreso de la Argentina de los saqueos, ya sea por rapiña, hambre o reclamo de aumentos salariales es casi una herida mortal para el discurso de la “década ganada”.

Un violento cachetazo para aquellos, que como el gobernador, creyeron efectivamente  -y hasta se ufanaron- de que tras los mandatos kirchneristas el país había abandonado definitivamente esas miserias que florecían porque “los otros” (peronistas varios, entre ellos los menemistas; radicales; frepasistas vergonzantes y obviamente los “neoliberales”) no supieron gobernar el país. O lo que es peor, les fue como les fue por gobernar según recetas extrañas, alejadas de lo nacional y popular, tal como reza el manual del buen K.

Sin plata y con pocas expectativas

La propia confesión del gobernador de que las arcas públicas no tenían suficiente dinero para pagar el aguinaldo y el agregado, una semana después, de que si la Legislatura no aprobaba el endeudamiento de ¡1.700 millones de pesos! previsto para 2014, Mendoza “entraba en default”, le trajeron demasiados dolores de cabeza al oficialismo en plena discusión presupuestaria.

Especialmente por la inmediata embestida de la oposición y los gremios al ver reflejado en los argumentos de Pérez su prédica de los últimos años.

Es por ello que ante las crisis derivadas de las revueltas policiales que se iniciaron en Córdoba y se expandieron hacia numerosas provincias del país, acompañadas por desbordes sociales y represión, Pérez debió salir a confirmar no sólo el pago del sueldo anual complementario de los estatales, sino también hasta precisar su fecha (el 20 de diciembre) para disminuir la incertidumbre generada desde el mismo gobierno.

El propio Pérez había confesado que para ello era necesario solicitar a la Casa Rosada 250 millones de pesos extra en concepto de Aportes del Tesoro Nacional (ATN). Y a ello hay que sumarle que el 26 de este mes la Provincia debe rescatar las letras que emitió como parte del endeudamiento 2013 (se calculan otros 250 millones de pesos) y que unos días después, debe volver a desembolsar el salario de los estatales del mes de diciembre.

Una pequeña maratón de obligaciones que dejarán las cuentas públicas exhaustas de aquí al 31 de diciembre. Y lo que es peor, con escasas posibilidades de que el radicalismo vuelva a aprobar para 2014 más déficit y todo el endeudamiento que solicita Hacienda para el funcionamiento del Estado el año próximo.

La votación negativa de la UCR a la ley impositiva en Diputados esta semana presagia un comportamiento similar en Senadores y se pone en línea con la postura anticipada respecto de la pelea de fondo: el Presupuesto y los necesarios dos tercios que Pérez necesita para aprobar la toma de más deuda y que requiere -sí o sí- el aval de los radicales.

Ni bien Pérez sortee esa valla legislativa, en el comienzo del nuevo año, las paritarias estatales aguardarán un acuerdo al menos cercano al 30% de inflación anual que hoy aparece más que lejano. Y aquí otra vez el gobierno provincial deberá vérselas con el relato oficial que niega o minimiza la inflación, más la posibilidad cierta de la imposición nacional de “topes” encubiertos a la discusión salarial y con los gremios combativos en pie de guerra desde meses antes. Un panorama más que turbulento.

La interna quiere cambios

Pero las finanzas no es la única materia que hace pensar a Pérez. La política tampoco da respiro y desde aquella aparentemente lejana derrota del 27 de octubre, el gobernador tampoco tiene paz. Su viaje a China puso distancia de la debacle, pero aquí la interna siguió presionando y marcando tiempos porque sus rivales puertas adentro creen que si no hay un cambio de rumbo en la gestión, las chances del peronismo en 2015 serán cada vez más esquivas.

Es por ello que en el lanzamiento esta semana de la precandidatura a la gobernación del dirigente azul de Maipú, Adolfo Bermejo, el actual senador nacional habló de apuntalar y garantizar el gobierno provincial.

Sus suertes están definitivamente atadas y el maipucino (y este es un diagnóstico que también comparte La Corriente y la línea Integración) cree que la reciente derrota no sólo es achacable al malestar de los sectores medios con Cristina Fernández.

Entienden que la simbiosis acrítica que Pérez mostró desde el primer día con el proyecto nacional, es una razón excluyente para que el peronismo haya podido obtener sólo una diputación nacional de las cinco que estaban en juego en Mendoza.

La postergada discusión por la renovación de las autoridades partidarias y la presidencia del partido es apenas una muestra de buena voluntad y de consenso que requiere como contrapartida del gobierno, señales concretas de haber leído con corrección el resultado electoral de octubre.

De allí que los nombres que se barajen para presidir al PJ (el mismo Carlos Ciurca u Omar Félix) sean en sí mismos garantes y a la vez condicionantes de Pérez en el poder. La potencia de sus figuras pueden asegurar tanto el necesario sustento que el gobierno necesita como la posibilidad de influir y conducir por sí mismos si con el gobierno solo no alcanzara.

Por estos días, el PJ no le exige a Pérez inmolaciones ni gestos grandilocuentes. Sólo le piden que preste atención y hasta copie el modelo de reconversión del gobierno nacional para así “oxigenar” su gabinete y darle el impulso necesario de cara a la segunda etapa (y final) de su gobierno.

Pérez recibió con agrado la designación de Jorge Capitanich como jefe de Gabinete nacional. Su ascenso fue en línea con la estrategia que los gobernadores peronistas habían esbozado después del 27 de octubre.

Y hasta en Casa de Gobierno se celebró el cambio de marcha que le permitió a la Presidenta pasar a un segundo plano y seguir conservando las atribuciones de su cargo, aunque sin el desgaste del día a día. Pero también hay quienes trasladaron el posicionamiento de Capitanich a la interna local, como contrafigura del bonaerense Daniel Scioli, cuya candidatura encarna en Mendoza el propio Ciurca.

Y entonces, hasta sugirieron revalidar el alineamiento nacional detrás de Capitanich, dando por descontado que será el contendiente interno de Scioli de cara a las presidenciales de 2015.

Todo funcionó con carácter ilusorio hasta que esta semana, saqueos mediante, las ya habituales explicaciones matutinas de Capitanich entraron en contradicción con la realidad y su figura se devaluó casi con la misma fugacidad de su entronización.

Pero el hermetismo que suele exhibir el gobernador respecto de sus movimientos y la dilación que le agrega a la toma de sus decisiones (que lo emparentan con su antecesor Celso Jaque) han disparado un mar de especulaciones y rumores sobre cambios y enroques en su gabinete que hoy son la comidilla predilecta de funcionarios y militantes. Nada hay ahí de “espíritu grande”.

Los más audaces hasta le ponen números a la movida que -dicen- está en ciernes. Hablan de 18 modificaciones entre ministros, subsecretarios y directores que saldrían del gabinete y/o cambiarían de funciones luego de que los actuales titulares de las carteras defiendan esta semana en la Legislatura un presupuesto para sus áreas que muchos de ellos no llegarán jamás a ejecutar. El cinismo suele ser el ropaje que mejor le sienta a la política.

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