Todos coinciden en el mismo plano: lo que no se adopte en los próximos días deberá ser dejado recién para febrero, porque en la Argentina las fiestas de fin de año y las vacaciones de enero generan un compás de espera para cualquier toma de decisiones.
“Tenemos que ubicarnos en la época del año en que estamos”, dijo un dirigente del sector, señalando que “implica el cierre del año administrativo pero también un cierre en la toma de decisiones y un salto hasta la vendimia.
En los hechos, diciembre es la última frontera para poder revertir una situación muy compleja y que, de no modificarse, habrá gente a la que directamente no le va a convenir cosechar, porque el costo de la cosecha será más alto que el que puedan recibir por el pago de la uva o del vino”. La misma fuente señaló que los tiempos límites para tomar alguna decisión que genere un cambio de expectativas se extiende sólo hasta el 20 del actual.
Destacan que, en lo relacionado con la industria, no habrá pronóstico sino que se darán cifras recién para el último día de enero, “lo que de hecho va a postergar las decisiones”, indicando que en el actual esquema es necesario fijar dos grandes medidas: “Sacar los excedentes de blancos escurridos y diversificar la derivación a mosto al máximo posible en la próxima cosecha”. A tal efecto, las distintas entidades estarían trabajando en la redacción de un documento sobre la industria, que partiría de un acuerdo básico y que se intentará dar a conocer durante la próxima Fiesta de la Vendimia.
“Todos sabemos que toda la clase política y dirigencial va a venir a Mendoza porque es el primer gran acto del año electoral. Ese gran escenario debemos aprovecharlo, para bien o para mal, aunque, hasta ahora, va para mal”, dijo el dirigente. Dicen, en ese marco, que hay que reconfigurar la política vitivinícola a los acuerdos globales de la industria, en razón de que las medidas que se han ido anunciando desde el Gobierno no han dado resultados o no se han aplicado, por distintas circunstancias. En ese esquema, destacaron que la posibilidad de exportar vinos a Rusia se diluyó por la imposibilidad de competir, en precios, con los vinos españoles.
En relación con la posibilidad de sacar excedentes, los dirigentes consideran que hay que seguir trabajando con la Nación para que las provincias puedan recibir en plazo inmediato -no en el corto- lo que les deben por la retención por exportaciones e intentar que se apruebe la ley de uso de jugos naturales, “que no tendrá un efecto inmediato, pero que sí puede generar expectativas favorables porque se abrirá el mercado del mosto (...) No hay tiempo para nuevos acuerdos”, señaló en forma tajante el dirigente.
Con respecto al futuro, las fuentes coincidieron en manifestar su preocupación por la actitud asumida por la clase política. “No sabemos si, tanto en el oficialismo como en la oposición, han tomado conciencia de que, en el actual estado de cosas, habrá gente que no va a poder levantar su cosecha. Es un absurdo porque el problema se soluciona con 200 o 300 millones de pesos”, se indicó.
Números que inquietan
Durante la reunión de fin de año, realizada por Bodegas de Argentina en la bodega de Walter Brescia, se dejaron caer algunas cifras por demás inquietantes. Se supo, por ejemplo, que en el mercado externo, en lo que va acumulado en el año, la botella se mantiene, pero el tetra tuvo una caída de 26 por ciento y los graneles de 39 por ciento, lo que determina un porcentaje general de caída de 14,6 por ciento. “Hemos perdido una franja por demás importante, que es la de los precios medios y bajos, que nos costará años recuperar”, dijo un bodeguero consultado, quien agregó que es la franja en la que España ha puesto la mira para ganar mercados internacionales.
En lo que hace al mercado interno, hubo una caída general del 3,2 por ciento, por el hecho de que la botella bajó 5 por ciento, mientras se mantiene el tetra. Atribuyen la situación a la caída del poder adquisitivo de la gente como consecuencia de la inflación, pero advierten que las señales de alarma se encienden de manera peligrosa si llega a prosperar el polémico proyecto impulsado por el ministro del Interior y de
Transporte, Florencio Randazzo, que fija la tolerancia cero de alcohol para poder conducir y que puede influir de manera determinante en la denominada “botella abierta” que se ofrece en los restaurantes.
Respecto de los stocks, no están de acuerdo con postergar la fecha de liberación de los vinos y sostienen que debería fijarse un porcentaje importante de derivación a mosto -algunos hablan de hasta 35 por ciento- a los efectos de mantener acotada la cantidad de blancos escurridos.
Debe destacarse que, si bien nadie lo dice abiertamente, existe cierta decepción, en razón de que la industria ha trabajado, ha conversado con todos los interlocutores y ha realizado todas las gestiones posibles, “pero en los hechos, no hemos logrado nada”, indican.
Malestar
Donde la situación no está muy tranquila es en la Zona Este. Los sectores que encabezan José María Llaver, por un lado, y Gabriela Lizana, por el otro, han hecho conocer al Gobierno que profundizarán los reclamos en la búsqueda de alcanzar un incremento en el precio del vino.
Por su parte, el Centro de Viñateros y Bodegueros del Este hace hincapié sobre distintos aspectos. Rechaza la posibilidad de que se implemente un denominado Fondo Viñatero, que se conformaría con el 5 por ciento de la facturación bruta. Destaca que no se puede seguir gravando a la actividad vitivinícola y asegurando que la medida terminará perjudicando a quienes dicen beneficiar, como son los productores.
Respecto de la diversificación, dice que le elevó al Gobernador, a modo de propuesta, una diversificación obligatoria de la producción y que un porcentaje vaya destinado a usos no vínicos y otro con destino exclusivo a la exportación. Plantea también que se eliminen las compensaciones por exportaciones. Insiste, finalmente, en el planteo de que la liberación de los vinos de la próxima cosecha se realice el 1 de agosto.