6 de julio de 2013 - 22:23

La destrucción de bosques nativos

Estamos viviendo, según algunos autores y científicos ambientalistas, algo parecido a lo que sería la sexta extinción en masa. Hace 65 millones de años el Universo vivió la quinta y más conocida extinción, que fue la de los dinosaurios. Esta afirmación ti

Mato Grosso del Norte es el Estado más desmontado de la región amazónica, sólo desde agosto de 2006 hasta abril de 2007 se talaron 2.268 km2 de bosque nativo. En fotos satelitales provistas por el Aqua (NASA) se han observado, además del mencionado, a los Estados de Rondonia y Pará, como los más afectados por la presión que se llevó 1.300 km2 de floresta en 2005.

200.000 queimadas anuales fueron identificadas por detección satelital. La queimada es un incendio del monte intencional y furtivo que se hace previa o posteriormente al desmonte para facilitar el ingreso y salida de los tractores que cortan los árboles arrastrándolos con grandes cadenas.

De esta forma, al cortar el árbol, se mata todo lo que lo rodea, esto es, enredaderas, plantas vecinas, insectos, nidos y todo ser viviente que habite en cada unidad derribada.

Todo esto ocurre a pesar de los medios que el gobierno brasileño y diversas entidades no gubernamentales disponen para la detección de estos delitos.

Lamentablemente, informes del Banco Mundial muestran que entre 2000 y 2005 Brasil fue el país más talador del mundo (Jamil Chade, O Estado, 9/4/08) con más de 31.000 km2 anuales de floresta, superando a Indonesia y Sudán. Más de tres mil empresas se dedican a esta actividad.

El 12% de la Amazonia ya es campo de pastoreo y siembra sustituyendo el antiguo bosque nativo por fazendas agrícola-ganaderas destinadas a producir para exportación, con lo cual progresivamente se va destruyendo el área de biodiversidad más rica del planeta.

La floresta amazónica es una de las mejores herramientas con las que cuenta el mundo para luchar contra el calentamiento global y los cambios climáticos. Pero preservarla no es fácil porque el crecimiento brutal de la población mundial y su necesidad tanto de alimentos como de otras materias primas provocan la múltiple explotación de las riquezas que allí existen.

El peligro de la deforestación es una constatación a veces paradojal basada en hechos reales que provienen de actos democráticos, y un ejemplo de ello es la realidad de que algunas regiones boscosas importantes tengan como autoridades elegidas por elecciones libres a hacendados o agricultores de soja o maíz.

Marcos Sá, columnista de O Estado, publicó en junio de 2006 un artículo en el que destaca cómo Brasil está perdiendo su tesoro. Según Sá el 47% de la Amazonia tiene marcas de la presión humana, visibles desde Landsat 5/TM, y que hasta con Google Earth se pueden observar algunos de estos puntos. El rebaño bovino, continua Sá, casi se triplicó en la última década llegando a unas 64 millones de cabezas en 2006 o sea 3,2 vacas por persona en la región.

En nuestro país, el panorama no es mejor, los bosques también están siendo agredidos. Se pierden más de 200.000 hectáreas anuales afectando principalmente a los bosques salteños, santiagueños y chaqueños. El desmonte diario es equivalente a casi la tercera parte de CABA, y esto no parece detenerse. Según la Fundación Vida Silvestre, la tasa de deforestación alcanza del 0,85% al 1% por año, siendo mayor que el promedio latinoamericano, que es del 0,50%, y mucho mayor que el mundial, que está en el 0,23% anual.

Es por ésta y otras razones que fue sancionada la ley 26.331 de bosques en noviembre de 2007 con el propósito de que regule una explotación racional de esos recursos naturales. Esta ley tardó 14 meses en ser reglamentada, lo que evidencia su dificultad de aplicación debido al lobby de sojeros y madereros que representan el principal obstáculo para su aplicación. Por su parte, el Gobierno nunca ha aportado en su totalidad los fondos previstos en la ley para la preservación, que deberían alcanzar un 0,3% del presupuesto nacional.

El mantener los bosques nativos significa, entre otras cosas, el control del dióxido de carbono, mantener estable el clima, el régimen de lluvias, el equilibrio del hábitat, el control de la erosión, la fijación de tierras, permitir el mantenimiento de la cadena alimentaria y la vida en la región. Desde el punto de vista económico, significa mantener recursos y materias primas para las industrias farmacéutica, cosmética, textil, alimentaria, perfumera y química, principalmente.

El talado, en cambio, beneficia a los mercaderes de la madera y al mismo tiempo permite el avance de la frontera agropecuaria. Consecuentemente, estamos en presencia de la clásica disputa de prioridades, o se procura más aire puro para respirar o se priorizan los alimentos y otras industrias que aseguren otro aspecto de la vida. La razón es que, cada año, nuevos setenta millones de personas llegan a este planeta.

Sin embargo, existen además otras razones que conspiran contra los bosques nativos: muchos de ellos han sido usados como recurso para la solución de problemas económicos. Esto ha ocurrido con las florestas siberianas después de la caída de la Unión Soviética y con otros países como Indonesia, México o Nueva Guinea, que también recurrieron a partes significativas de ellos para su salvación.

Desgraciadamente el descontrolado crecimiento de la población mundial, especialmente en la segunda mitad del siglo XX, es la principal causa de la pérdida de los bosques en el mundo. La mayor población requiere alimentos y espacios para vivir y desarrollar sus actividades, y éste es obtenido en detrimento de los bosques. En realidad, es una pérdida doble porque produce mayor demanda de oxígeno y materias primas para la vida y menor disponibilidad de esos recursos en la misma proporción.

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