En sus ediciones del 26 y 27 de Noviembre de 1987, el diario Los Andes publicó una nota de mi autoría con el mismo titulo que la presente.
En esa ocasión, se analizaba la situación creada por la existencia de grandes volúmenes de vino de variable calidad, imposibles de ser comercializados en el mercado interno y sin perspectivas de exportaciòn a granel.
El debate estuvo entonces planteado entre las alternativas de: Destilación de los volúmenes excedente o Incremento (a futuro) de la producción de mostos.
Fue sencillo demostrar que con los costos de producción y precios de venta del alcohol vinico de 96º G.L. y el mosto concentrado de 68,5ºBrix, el balance resultaba netamente favorable al mosto.
Por lo tanto, la producción y exportación de concentrado siguió creciendo, sin necesidad de ninguna intervención estatal, hasta que la helada del 4 de Noviembre de 1992 redujo drásticamente la producción de mostos sulfitados.
En 1990, cinco empresas concentradoras pequeñas acompañadas por dos de mayor envergadura (Gancia-Le Vignoble y Estornell SA), constituyen la Cámara del Mosto, que me tocò presidir en representación de El Salvador SA.
No obstante que por motivos particulares, en 1992 presento mi renuncia al cargo de presidente, seguí vinculado a la entidad CAFEM, pero ya como integrante de la empresa Concentrados San Juan SRL. Fue en ese carácter que expresé mi oposición al llamado Acuerdo Mendoza-San Juan, que significó una innecesaria intervención estatal en una industria que venía creciendo por sus propias capacidades técnico-económicas.
A partir de esa intervención, por supuesto que la industria detuvo su interés por la innovación, y siguió dependiendo del empleo como materia prima del mosto sulfitado, lo que trajo aparejado no sólo una pérdida del valor del producto final por la presencia de remanentes de ese conservante químico, sino también una importante contaminación ambiental.
¡Y pretende ser llamado jugo un producto que se exporta con hasta 50 ppm (partes por millón) de un compuesto quimico!
En el mencionado artículo de 1987,se menciona la técnica (contenida en el denominado sistema de evaporación y destilación combinados), que propone la sustitución del anhidrido sulfuroso por el alcohol vínico como conservante de los mostos simples, los cuales son sometidos a continuación al proceso de evapodestilación para obtener el concentrado.
Es de señalar que la evapodestilación es una técnica impuesta mundialmente y recientemente también en nuestro país, para la obtención del alcohol etílico carburante de 99.7 ªG.L. En el caso de las 2 plantas que funcionan en Córdoba, el mosto de maiz fermentado en proceso continuo genera 2 productos: el alcohol y un extracto de maiz que se destina (con óptimos resultados) a la alimentación animal. Las aguas condensadas en el proceso evaporativo, son recicladas.
La energia térmica necesaria para la evaporación es provista mediante el empleo de compresores mecánicos de vapor, accionados eléctricamente, con lo cual la contaminación atmosférica de la generación de vapor (gases de combustión) se reduce en un 95%.
Hemos presentado al Gobierno de Mendoza una propuesta de aplicación de una planta concentradora de su propiedad (que posee gran parte del equipamiento necesario y que se encuentra inactiva y en franco proceso de deterioro), para la puesta a punto del proceso de evapodestilación de mostos alcoholizados con el cual pretendemos lograr, con una mayor inversiòn inicial:
- Jugos concentrados de uvas sin empleo ni remanentes de productos químicos.
- Sustancial reducción de los costos de producción.
- Complementación de las industrias concentradora y destiladora.
- Desaparición del problema cíclico de los excedentes vínicos.
Es muy importante que estos procesos puedan ser puestos a punto antes de la próxima vendimia.
Y para terminar, me permito parafrasear a Cervantes: ¡Cosas vederes Sancho!: ¡Es el Instituto Nacional de Vitivinicultura el organismo que mayor interés manifiesta en el uso de estas nuevas tecnologias!
