31 de agosto de 2013 - 21:20

¿Y después, qué?

La UCR marcha hacia otra victoria legislativa, pero falla en las elecciones ejecutivas. Las causas: no tiene proyecto nacional ni poder municipal.

El radicalismo marcha confiado y expectante hacia un triunfo en las legislativas de octubre. Salvo una catástrofe en la previa de las elecciones, nada le impedirá festejar. Claro, resta saber si el peronismo podrá recuperar algo de lo perdido.

O si con el impulso de aquella paliza de las primarias y la figura creciente de Julio Cobos, la UCR podrá obtener cuatro de las cinco bancas nacionales en juego y a la vez convertirse en la primera minoría de la Legislatura provincial.

Pero incluso si la victoria, que hasta en el PJ dan por descontada, finalmente se da como sueña la UCR, igual no tendrá mucho que festejar: será la tercera legislativa consecutiva que gana con comodidad, con dos votaciones por cargos ejecutivos intercaladas que terminaron en derrota.

Traducido en términos futboleros, el radicalismo parece jugar de local cuando de elegir solamente senadores, diputados y concejales se trata, y de visitante, cuando es el turno de votar por gobernador e intendentes.

Por eso el desafío que tendrá a partir del mismo 27 de octubre es empezar a tejer una estrategia para ganar dentro de dos años, cuando se pongan en juego los cargos ejecutivos. “Mendoza es una de las pocas provincias donde el radicalismo tiene vocación real de poder. Hoy hay un líder indiscutible que es Julio y eso ordena las cosas”, se esperanza uno de los cobistas a ultranza.

La realidad radical tiene causas exógenas y también propias. Entre las primeras está claramente el peso del peronismo a nivel nacional, que ha hecho ganar a candidatos a gobernador del PJ que en un mano a mano con su rival de la UCR tal vez no  lo habrían logrado. El mejor ejemplo de esto es la victoria de hace dos años de  Francisco Pérez ante Roberto Iglesias.

Entre las culpas que surgen de sus mismas entrañas, aparece antes que nada la ausencia de un proyecto nacional. La fuga de De la Rúa en 2001 dejó en terapia intensiva las pretensiones del partido de volver a conducir el país alguna vez. Es ese hecho el que explica el nacimiento del radicalismo K de la mano del propio Cobos, las alianzas efímeras, los candidatos sin trascendencia y los recurrentes pésimos resultados.

Pero hay una razón que es 100% atribuible al radicalismo mendocino: la escasa incidencia electoral en la mayoría de los municipios. Hoy la UCR tiene sólo cinco intendentes de 18, aunque en los hechos  son cuatro, porque el capitalino Víctor Fayad hace rato dejó de jugar políticamente en bloque con sus correligionarios.

En este nivel, la derrota no es achacable al “arrastre” nacional del peronismo. Alfredo Cornejo, en Godoy Cruz, y Ricardo Mansur, en Rivadavia, en 2011 sumaron más votos que Cristina Kirchner, mientras que Mario Abed, en Junín, y Gustavo Pinto, en La Paz, estuvieron muy cerca.

Lo que ocurrió en 2011 es el mejor ejemplo de las flaquezas radicales. Analistas, encuestadores y dirigentes de uno y otro partido decían en la previa que Pérez podía ganar, aunque las encuestas le eran absolutamente desfavorables, porque Cristina lo tiraba desde la punta de la boleta y los intendentes del PJ lo empujaban desde el fondo.

Era en ambos extremos donde estaban las fortalezas del PJ, mientras que el radicalismo era todo lo contrario: su debilidad estaba en los extremos y su fuerte en el medio de la “sábana”.

En el radicalismo tienen claro el diagnóstico y por eso esperan a que pase octubre para empezar a trabajar. El primer pasó será avanzar con la reforma política que viene proponiendo el partido desde hace un año y que ahora el peronismo, tironeado por su propia interna, ha decidido debatir.

La discusión va a empezar en noviembre, pero seguramente se extenderá hasta el año que viene. Allí volverán a plantear el desdoblamiento electoral y la boleta única para evitar la siempre cuestionada lista sábana. “Si logramos el cambio, seremos competitivos y tendremos chances de ganar en 2015”, dice uno de los impulsores del proyecto.

Si no hay desdoblamiento, tienen un plan B: Cobos candidato a presidente. Si en dos meses ratifica el amplio triunfo que obtuvo en las primarias, el ex gobernador entonces automáticamente quedará instalado como presidenciable. Sólo tiene dentro de la UCR, por ahora, un solo posible competidor: el también mendocino Ernesto Sanz.

Cualquiera de los dos tiene claro que el proyecto nacional radical debe incluir al socialismo de Hermes Binner. De darse esto, y aunque se pierda en el país, el escenario mejoraría notablemente para quien termine siendo el candidato a gobernador de la UCR mendocina. Por lo pronto, ya están anotados Cornejo, Abed, la senadora Laura Montero y el diputado Enrique Vaquié.

Los enemigos internos

Es en los municipios donde parece estar el mayor problema para el futuro radical. De nada sirve vencer por 15 puntos o más al peronismo en Las Heras, Guaymallén, San Martín, Maipú y Luján, si después los candidatos a intendente pierden por esa misma diferencia o más ante los Miranda, los Abraham, los Giménez, los Bermejo y hasta con un desconocido como López Puelles.

En esos departamentos, y en otros, el radicalismo parece haberse acostumbrado a ser oposición y sus dirigentes descansan sin sobresaltos en ese rol, que ejercen sin incomodar, sin cuestionar, sin militar.

Claro que esa tibieza les trae beneficios. Desde hace años se habla de una “cooperativa peronista-radical” en uno de los departamentos del Gran Mendoza que le asegura la gobernabilidad al PJ a cambio de decenas de contratos para militantes de la UCR.

Si se analiza la historia reciente, se ve que el radicalismo nunca pudo gobernar Maipú en 30 años, mientras que en Las Heras, Lavalle, San Martín y Luján ganó gracias al “Alfonsinazo”. Y después nunca más. En los dos últimos, cuando se agotó el ciclo peronista a fines de los ´90, los vecinos vieron como opción al PD y no a la UCR, consumida por internas patéticas dedicadas sólo a cuidar el quiosco.

De los ocho períodos constitucionales que han transcurrido desde 1983, la UCR mandó en Guaymallén y San Rafael sólo en dos.  En San Carlos, Miguel Firpo gobernó desde 1983 hasta 1999 y desde entonces peronistas y demócratas se alternaron en el poder. En Malargüe, hace 18 años que manda el PJ, luego de tres mandatos de Jorge Vergara Martínez.

Capital es el único municipio donde la UCR ganó siempre, pero el futuro allí se torna incierto: el alejamiento de Fayad e Iglesias del partido, representa una crisis cuya salida es incierta.

“Deberíamos definir buenos candidatos para los 18 departamentos apenas pasen las elecciones para que militen dos años. El problema es que, como somos nosotros, seguro que los bajamos con zancadillas internas”, se sincera uno de los referentes provinciales de la UCR.

Uno de los estrategas radicales, con el mapa provincial en la cabeza, hace su diagnóstico: “En 2015 podemos ganar en Tupungato (donde el concejal Gustavo Soto estuvo muy cerca hace dos  años), San Carlos y Alvear. Si encontramos buenos candidatos también podemos sumar a Luján y Guaymallén”.

Ganar departamentos es fundamental para asegurar la gobernabilidad si se manda en la provincia. Pero también es fundamental para tener peso como oposición. Pero para hacerlo, la conducción radical tendrá que arrasar con estructuras rancias, que llevan años resistiéndose al cambio.

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