Con una brillante claridad expositiva, fruto del conocimiento y de su talento profesional, la periodista Marina Aizen (corresponsal de Clarín en los EEUU durante varios años) nos efectúa un vívido relato de las causas que en los Estados Unidos impulsaron la consagración del actual presidente.
Hace apenas un par de años, dice, habría sido francamente impensable que un millonario mujeriego de Manhattan, confeso predador sexual, al que jamás le importó la religión, pudiera conquistar a un electorado conservador, de costumbres sencillas, que va a la iglesia todos los domingos y que antes de llevarse una hamburguesa a la boca, pide por la vida de los que aún no nacieron (contrarios al aborto). Pero eso es exactamente lo que pasó. Y la manera en que pasó es lo más sorprendente.
La autora personifica en la persona de un taxista "Mike" el pensamiento de la gente que, como él, votó por Donald Trump.
Para este trabajador del volante, Washington no es una ciudad sino la capital de la corrupción y de los mentirosos e ineficaces políticos, que lo único que hacen es joderle la vida. Una especie del argentino "que se vayan todos", que después se repitió en San Pablo (Brasil). Es un lugar a destruir, aunque sea metafóricamente, para bien de todos.
La visión de Mike sobre Washington es muy popular. Por algo uno de los lemas más eficaces de Trump fue "sequemos el pantano" (Washington fue erigida sobre un pantano). Esta visión tiene raíces muy profundas en la cultura, y es un elemento decisivo para entender por qué la figura del "outsider'" se volvió tan popular.
Y aunque el entonces candidato nunca reconoció que había tenido una conducta y un lenguaje asqueroso con respecto a las mujeres, dio apenas una vaga disculpa a su esposa y su familia, los conservadores lo siguieron apoyando. Nada había cambiado. El pecador había sido redimido.
Pero lo cierto es que nada será como ellos imaginan. En la historia de los Estados Unidos comenzó con Trump un nuevo capítulo, que no se parecerá en nada a las ilusiones de quienes lo votaron.
La búsqueda del "outsider", es decir alguien que no pertenezca a la burocracia corrupta e ineficiente de los políticos, en particular del "pantano", Washington, que llevó a cientos de miles de norteamericanos que como el taxista y otros tantos buenos ciudadanos contribuyen a crear la riqueza del país en el Centro Oeste de los EEUU, van a sufrir una profunda desilusión a medida que se vaya conociendo mejor a este personaje.
El sueño americano
Tras derrotar a Hitler, los norteamericanos conocieron un período de expansión económica incomparable en toda su historia. Gracias a una ley conocida como GI Bill, que ayudaba a los ex combatientes de la guerra a reiniciar sus vidas, brotaron los suburbios que hoy pintan el paisaje en toda la nación. El estilo de vida americano incluía, entre otras cosas, una casita con jardín en las afueras de las ciudades.
Por entonces los Estados Unidos no tenían rival en el mundo. Producían el 60% de los productos manufacturados del planeta entero. Japón,
Alemania y la Unión Soviética aún tenían que emerger de las cenizas de la guerra en sus propios territorios. Y China directamente no existía.
A todo esto, ¿qué esperanza genera la acción de gobierno del presunto outsider? Su dedicación a la función de gobierno es poca y de peor calidad. Buena parte del tiempo lo distrae en sus clubes privados. Si se alentaba alguna esperanza con respecto a que una vez en funciones iba a cambiar, lamentablemente no ha sido así. En materia de política internacional, la cosa va de mal en peor. Provocó al gobierno chino a pocos días de reunirse con su presidente enviando una flota a navegar por el mar de la China Meridional que los chinos quieren convertir, poco menos que en un "mare nostrum".
No conforme con ello, envió una escuadra de bombarderos a sobrevolar el espacio aéreo de Corea del Norte, una acción temeraria, sin lugar a dudas, pues si el "loquito" que gobierna en Pyonyang hubiera reaccionado atacando a algunos de los aviones invasores, se corría el riesgo de iniciar una guerra de alcance incalculable.
Con respecto al problema judeo-palestino hacía tiempo que no provenía de allí ninguna noticia inquietante. A él se le ocurrió no sólo meter el dedo en el ventilador, sino el brazo entero al tocar uno de los temas más álgidos, del conflicto árabe-israelí, la cuestión de la capitalidad de Jerusalén. Su decisión de trasladar la embajada de los EEUU de Tel Aviv a Jerusalén, cosechó un rechazo multitudinario incluso de sus propios aliados.
Mientras, avanza en su proyecto de expulsar a toda la inmigración indocumentada, prohibir el ingreso de musulmanes y construir un inmenso y vergonzoso muro en su frontera con México. Tuvo otro traspié cuando un juez se opuso a la medida expulsiva de los indocumentados. Ahora quiere prohibir un libro que revela secretos íntimos suyos. El libro titulado "Fire and Fury: inside the Trump White House" (Fuego y furia: dentro de la Casa Blanca de Trump), del autor Michael Wolff, contiene explosivas declaraciones del ex jefe de campaña de Trump, Steve Bannon.
Se halla pendiente también un tema que puede generar un profundo revuelo y hasta quizá conducirlo a un juicio político. Nos referimos a la injerencia de Rusia en las elecciones presidenciales donde precisamente fue electo él. Si las pruebas se acumulan de la intervención rusa a su favor, las cosas se le complicarán enormemente.
Su jefe de campaña se entregó al FBI bajo graves cargos que pueden enjuiciarlo muy severamente.
En suma, un gobernante inepto para conducir a su país, primera potencia global, en momentos tan difíciles como los que vive el mundo en la actualidad.