9 de agosto de 2013 - 00:19

Derecho ciudadano a elegir

Nuevamente los ciudadanos argentinos hemos sido doblemente convocados a las urnas. Las PASO del domingo próximo y las legislativas de octubre.

Elegir a nuestros representantes es uno de los derechos -y, también, de las responsabilidades- de todos los argentinos mayores de dieciséis años.

Esos representantes a veces nos enorgullecen y nos hacen mucho bien; otras -las más- significan una burla superlativa al voto ciudadano y una decepción más en este arduo camino de construir democracia.

Por este camino transitan dos actores: los ciudadanos y sus representantes.

Sería bueno que nos tomáramos algunos minutos para reflexionar sobre las responsabilidades "prácticas" de cada uno de ellos.

Los ciudadanos

Sabemos de sobra que "ser" y "sentirse" ciudadanos es mucho más que vivir en el suelo argentino e ir a votar.

Ciudadano es quien "construye la ciudad" (en sentido social), quien "se relaciona con otros para lograr un bien común"; quien "busca, primariamente, el bien de todos"; quien "vive en sociedad" porque así lo elige; quien "da algo a esa sociedad y recibe de ella".

Emitir un voto es sólo parte de esa construcción comunitaria que llamamos sociedad democrática y me atrevería a decir que aquella acción no es la de mayor relieve:

- Muchos llegan a las urnas porque "es obligación multada".

- Otros porque desean, de verdad, elegir a quienes consideran más capaces y honrados para las funciones asignadas.

- Los hay que están conformes con la actuación de los legisladores o del gobierno en turno y desean que continúen con su tarea.

- Por el contrario, se visibilizan quienes desean que se cambien ciertos legisladores o ciertos gobiernos.

- Muchos votan "por interés": para no perder el trabajo, para seguir enriqueciéndose a costa de otros, porque les prometieron "un puesto en el Estado, para favorecer a quienes le favorecen, por un subsidio que le ayuda a vivir?

Pero después del acto electivo y de sus resultados, hay mucha vida por delante.

- Lo primero que cabe a los ciudadanos responsables y dignos de tal nombre, es "actuar honradamente" como deseamos y exigimos que lo hagan quienes han sido elegidos como nuestros representantes.

- Los ciudadanos debemos "controlar" el actuar de los elegidos. Ellos no son nuestros dueños ni dueños de la república. Nos representan.

- Debemos exigir que cumplan con lo que prometieron o, en caso contrario, pedir la revocatoria de sus mandatos.

- Es preciso conocer sus "verdaderas y verídicas" declaraciones de patrimonio personal, tanto antes de asumir sus cargos como después de dejarlos.

- Tenemos derecho a exigir que se plebisciten y se llame a referendos en las decisiones más importantes que inciden en el presente y en el futuro de todos los argentinos, como por ejemplo: los recursos de la Anses; la privatización de Aerolíneas Argentinas y de YPF; el sistema financiero nacional, la reforma judicial, la responsabilidad del campo y de la industria en el desarrollo armónico del país; la megaminería, la conveniencia o no de tantos "subsidios temporales" que se perpetúan, la inflación y la pérdida del poder adquisitivo, etc.

Los representantes

No podría ser de otro modo en nuestras sociedades grandes y plurales: los ciudadanos debemos delegar, en un número reducido de personas, la triple facultad de legislar, gobernar y hacer justicia. Cierto, en otros tiempos fue distinto. Hoy creemos que la forma democrática, representativa y federal, es la mejor para estos tiempos.

Esto implica que los ciudadanos debamos agruparnos a fin de compartir ideas, proyectos y posibles acciones para llevar adelante la gobernabilidad de la sociedad y del país. Surgen así los partidos políticos de donde, a su vez, saldrán los candidatos a ocupar las distintas instancias constitucionales que ayudarán al correcto ensamblaje y marcha de la sociedad.

Todos (TODOS) quienes ejercen alguna función pública, están allí en nombre y por elección -directa o indirecta- de los ciudadanos (además de ser pagados por estos). Por eso son representantes y no patrones. Incluida la administración de Justicia. Y por eso, también, casi todos ellos han perdido credibilidad y legitimidad: porque no responden a las tareas y responsabilidades para las que fueron elegidos y por las que habían establecido un "contrato social y moral" con los ciudadanos.

¿Qué opinan -ustedes, candidatos- de lo que está sintiendo hoy la ciudadanía ante todo este entramado de dimes y diretes, de arreglos y desarreglos, de alianzas y rompimientos, de aprietes visibles y encubiertos, de dineros públicos entregados a provincias, gobernadores y legisladores amigos en épocas electorales?

¿Y los cambios de camiseta? Claro, ¡para servir mejor a los ciudadanos!

¿Será verdad que a todos los que hacen política partidaria les preocupa el presente y el futuro de nuestra vida nacional? ¿Será cierto que quienes están ocupando u ocuparán responsabilidades ejecutivas, legislativas y judiciales lo hacen con mucho sacrificio y altruismo (¿vocación?) en aras del bien de todos?

Aunque nos duela, los hechos son los hechos. La inseguridad, el aumento de la drogadicción y la disolución social tienen un denominador común: la pobreza y la exclusión social. Sigue siendo verdad el hecho de que no hay peor sordo que el que no quiere oír. ¿O será que la inseguridad y la pobreza son un buen negocio para varios?

¿Ya hemos guardado en el baúl de la desmemoria colectiva frases tales como: "Si yo les hubiera dicho lo que iba a hacer, nadie me hubiera votado", o "Tengo ya armado el mapa del delito", o "Si hago algo que a ustedes no les gusta, sáquenme a patadas de la Casa Rosada"?

Las opiniones vertidas en este espacio, no necesariamente coinciden con la línea editorial de Diario Los Andes.

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