El resultado ya quedó en segundo plano desde que la pelota volvió a rodar en el Feliciano Gambarte con público en las tribunas. Después de 20 años, Godoy Cruz volvió a jugar oficialmente en su casa, esa que nunca dejó de pertenecerle. El rival fue Sarmiento de Junín, pero el verdadero protagonista de la jornada fue el barrio, la gente, la historia.
La vuelta al Gambarte no es solo fue una decisión logística. Es un gesto de identidad.
Para una generación entera de hinchas, este fue el primer partido oficial que vivieron en ese estadio. Para otros, fue reencontrarse con un amor de juventud. Y para todos, fue recuperar algo que durante dos décadas se mantuvo encendido solo en la memoria y en las canciones.
Con entradas agotadas, los alrededores del estadio fueron una fiesta desde temprano. Familias enteras, camisetas heredadas, fotos con las paredes pintadas de azul y blanco.
Hubo un clima que no se puede fabricar ni forzar. Se notó en la forma de mirar el campo de juego, en los abrazos largos y en la emoción de soñar con volver a gritar un gol, donde tantas veces se gritó antes. Esta vez no ocurrió.
Godoy Cruz en el Gambarte
El equipo dirigido por Esteban Solari vivió una jornada llena de emociones en el regreso al barrio.
Ramiro Gómez.
En lo futbolístico, el partido tuvo sus momentos. Godoy Cruz intentó hacerse fuerte desde el arranque, empujado por el aliento constante. Faltó el triunfo, pero será recordado como una noche perfecta, con la vuelta al barrio coronada con alegría. No se escuchó el grito de gol entre esas paredes, con la gente explotando en la tribuna. Igual, fue un momento que quedará grabado en la historia reciente del club.
Terminó siendo un empate, deslucido, pero lo que se celebró fue mucho más que un marcador. Fue el regreso a casa, el primer paso de muchos, y la sensación de que el fútbol vuelve a tener ese sabor especial cuando se juega donde todo comenzó.
Santino Andino
Ramiro Gómez.
Fue una jornada tan cargada de emoción. Un instante que no se medió en goles. El equipo tendrá tiempo de ajustar, corregir y mejorar. Pero el regreso ya está consumado, y eso es lo que vale.
Volver a tener casa sana cualquier resultado.
La vuelta al Gambarte fue, en definitiva, un acto de justicia emocional. El estadio, que resistió años de espera y reformas, volvió a vestirse de gala. Y aunque el campeonato siga y los puntos definan la tabla, lo que ocurrió este sábado en la noche fue más grande que cualquier resultado.
Godoy Cruz volvió a jugar donde siempre quiso jugar. Y el barrio volvió a tener fútbol.