El Superclásico entre River y Boca tuvo su último gran foco de controversia en el minuto del final del encuentro. Con el conjunto Xeneize en ventaja 1a 0 gracias al penal convertido por Leandro Paredes, el local lanzó un pelotazo al área en busca del empate y se produjo una acción que encendió el reclamo generalizado en el Monumental.
Marcos Acuña envió la pelota al área y Lucas Martínez Quarta, ya ubicado como referencia ofensiva, fue a disputar el balón. En el salto, Lautaro Blanco apoyó sus manos sobre su espalda y el defensor cayó dentro del área. Todo River reclamó penal de manera inmediata, pero el árbitro Darío Herrera consideró que no hubo infracción sancionable y dejó seguir la jugada. El VAR, a cargo de Héctor Paletta, tampoco intervino para revisar la acción.
La interpretación arbitral del contacto
Desde el criterio reglamentario, este tipo de contactos se evalúa según la intensidad del impacto y su incidencia directa en la jugada. En este caso, la interpretación arbitral fue que el empujón fue leve, sin fuerza suficiente como para desplazar de manera determinante a Martínez Quarta ni alterar de forma clara su posibilidad de disputar el balón. Bajo esa lectura, no se configuró una falta.
La respuesta desde el lado de River no tardó en llegar. “Me extraña de vos, vas al Mundial, es penal, no me deja jugar la pelota”, le protestó el propio Martínez Quarta al árbitro tras la acción.
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El penal cobrado para Boca y la intervención del VAR
Herrera, uno de los árbitros argentinos designados por FIFA para el Mundial 2026, sí había tenido intervención directa en una jugada clave del primer tiempo. Allí sancionó penal para Boca por una mano de Lautaro Rivero tras un remate de Miguel Merentiel. La decisión llegó luego de la revisión en el monitor del VAR.
En esa acción, el brazo del defensor estaba separado del cuerpo, ampliando de manera antinatural el volumen corporal y bloqueando el remate. Por reglamento, ese tipo de posición configura mano sancionable dentro del área, por lo que la decisión de penal fue ratificada correctamente.
La discusión por la segunda amarilla
Sin embargo, la jugada también generó discusión en redes sociales debido a la situación disciplinaria de Rivero, quien estaba amonestado. Algunos cuestionaron si correspondía una segunda tarjeta amarilla, lo que hubiera derivado en expulsión. No obstante, desde el punto de vista reglamentario, al tratarse de una mano sancionada únicamente con penal, no corresponde sanción disciplinaria adicional. Por lo tanto, la decisión fue penal sin tarjeta.
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Martínez Quarta no ocultó su bronca frente a Darío Herrera que no sancionó penal y el VAR, tampoco intervino.
Gentileza.
El festejo de Paredes y el debate posterior
El cierre del partido también dejó otra situación que generó comentarios: el festejo de Leandro Paredes tras convertir el 1a 0. El mediocampista se llevó varias veces la mano al oído frente al público local, en un gesto interpretado como respuesta a los silbidos recibidos en la previa de la ejecución. Luego, imitó el recordado festejo del “Topo Gigio”, asociado históricamente a Juan Román Riquelme.
El gesto abrió el debate sobre si podía considerarse provocación. Sin embargo, desde el análisis arbitral, se trata de una expresión emocional dentro del juego, sin destinatario directo ni contenido ofensivo claro. En consecuencia, no encuadra como conducta antideportiva sancionable. Más tarde, Paredes sí sería amonestado por un cruce físico con Marcos Acuña en el desarrollo del complemento.
El Superclásico terminó con triunfo de Boca, pero con un cierre cargado de interpretaciones, discusiones reglamentarias y un VAR que volvió a quedar bajo la lupa en una de las acciones más calientes del partido.