Cuando restan apenas dos semanas para su histórica participación en la Copa Libertadores, en la que tendrá su debut en el Malvinas Argentinas, Independiente Rivadavia llega afiladísimo a la cita más importante de su historia reciente.
Puntero del torneo Apertura y con un funcionamiento sólido, la Lepra se afirma como el equipo a vencer, con Alfredo Berti como gran arquitecto y jugadores clave como protagonistas, en la antesala de su debut en la Copa Libertadores.
Cuando restan apenas dos semanas para su histórica participación en la Copa Libertadores, en la que tendrá su debut en el Malvinas Argentinas, Independiente Rivadavia llega afiladísimo a la cita más importante de su historia reciente.
Líder, protagonista absoluto y con un funcionamiento que sigue dando que hablar en el Torneo Apertura de la Liga Profesional de Fútbol, el equipo mendocino se subió a la cima de la Zona B y desde allí observa al resto. Lo hace con autoridad, pero también con convicción.
Aquella noche consagratoria en la Copa Argentina, que marcó un antes y un después para el fútbol mendocino y de toda la región de Cuyo, no fue casualidad. Fue, en todo caso, el punto de partida de una idea clara. De un proyecto. De una identidad que hoy tiene nombre y apellido: Alfredo Jesús Berti.
El entrenador santafesino insiste en bajarle el protagonismo a su figura y transferir todo el mérito a los futbolistas. Y tiene razón: son ellos quienes ejecutan. Pero detrás de este presente hay una conducción firme, una lectura lúcida del juego y una capacidad de gestión que no se improvisa. Berti es, sin dudas, el gran arquitecto de este equipo. Un conductor en toda la dimensión del término.
El camino no es lineal. La derrota ante Barracas Central en el Gargantini expuso dudas. Pero la rápida recuperación en La Plata, frente a Gimnasia, mostró carácter. Esa dualidad define a este Independiente Rivadavia: puede fallar, pero sabe reaccionar. Y, sobre todo, tiene claro hacia dónde va.
El partido ante Gimnasia fue una síntesis perfecta. A los pocos minutos, el rival golpeó con un gol tras una jugada colectiva de alto nivel. El Azul quedó desacomodado en el inicio, pero no perdió la calma. Con juego, personalidad y compromiso, logró empatar y luego darlo vuelta. La intensidad del conjunto platense podría haber condicionado a cualquiera. No fue el caso del once del Parque, que mostró temple y respuesta física para sostenerse y terminar mejor.
Frente a Rosario Central, otro rival de peso, más allá de la ausencia de Ángel Di María, la Lepra volvió a mostrar su mejor versión. Supo leer los momentos del partido y desplegó un poder ofensivo temible: Sartori, Villa y Arce, un tridente que impone respeto. A eso se sumó el trabajo silencioso pero clave de Bottari, Florentín y Atencio, más la recuperación y proyección de Gómez, que nunca le permitió al Canalla sentirse cómodo.
El propio Berti lo había advertido: cualquier distracción ante este elenco se paga caro. Y así fue. Luciano Gómez celebró sus 30 años con un verdadero golazo. Luego, Arce hizo lo suyo: palo y a la bolsa. La Lepra pudo haber ampliado la diferencia, pero eligió administrar. Incluso sin la pelota, controló el partido.
En el complemento, el entrenador santafesino volvió a demostrar su capacidad de conducción. Con el resultado a favor, gestionó los tiempos, movió el banco y comenzó a pensar en lo que viene. Rotó el equipo, probó variantes y sostuvo la solidez. Nunca estuvo en riesgo la victoria.
Es cierto que el equipo aún muestra algunas irregularidades defensivas y que, ante rivales con mayor eficacia, podría sufrir. Pero también está claro que su mejor defensa es su ataque. Allí deposita su confianza. Y, hasta ahora, le responde con creces.
Independiente Rivadavia no es una sorpresa. Es una realidad. El mejor equipo del campeonato, que impone su juego y liderazgo en cada partido.