La previa de las semifinales del Torneo Apertura de la Liga Profesional entre River y Rosario Central se picó en la semana, cuando la dirigencia del Millonario habló de "guardia alta". Sin embargo, en la cancha la reprobación se concentró en una figura: Ángel Di María.
La temperatura en el Monumental comenzó a elevarse mucho antes del pitazo inicial. Apenas el plantel visitante pisó el césped para los movimientos precompetitivos, las tribunas unificaron sus gargantas en un grito ensordecedor. La silbatina generalizada se transformó rápidamente en un cantito hiriente y unánime que tronó desde los cuatro costados del estadio: "Secanuca, Fideo secanuca...".
El folklore del fútbol argentino suele cruzar límites, y esta vez la ligó un campeón del mundo. La picante dedicatoria de la parcialidad Millonaria hace alusión directa a la viralizada imagen del presidente de la AFA, Claudio Chiqui Tapia, durante la última Copa América, mezclada con la bronca acumulada por supuestos fallos arbitrales que, según la óptica de Núñez, beneficiaron al Canalla en el tramo decisivo del certamen.
La dirigencia de River ya había instalado en la semana el concepto de "guardia alta", una vieja muletilla de la era de Marcelo Gallardo, para sembrar sospechas sobre el arbitraje. El hincha acusó el recibo y descargó toda esa paranoia acumulada sobre las espaldas del ídolo rosarino.
Silbidos para todos, ensañamiento con el Fideo en River:
La hostilidad de la noche no fue exclusiva para Di María, aunque él se llevó la peor parte. Cuando los arqueros de Central saltaron al campo, el repudio fue generalizado, con especial foco en Jeremías Ledesma, quien tuvo un reciente e intrascendente paso por el club de Núñez hasta enero pasado y no dejó los mejores recuerdos en los hinchas.
Sin embargo, el quiebre definitivo de la noche ocurrió cuando la voz del estadio anunció las formaciones oficiales. Al momento en que las pantallas LED gigantes mostraron el nombre de Ángel Di María, el Monumental se vino abajo en una reprobación feroz.
Di María, acostumbrado a las grandes batallas internacionales y a las ovaciones con la camiseta albiceleste, experimentó la cara más ácida del fútbol doméstico, en una noche donde su chapa de héroe nacional quedó de lado por los noventa minutos.