Fue ella quien recordó que, antes de fallecer en 2021, después de atravesar una larga enfermedad, Milo había expresado un deseo muy concreto: que el uniforme con el que había servido durante la guerra permaneciera para siempre en el Atlético Club San Martín.
Rogelio Aguilera, referente del Departamento de Cultura e Historia del club, integrante del área de Historia de AFA y uno de los impulsores del proyecto junto con Mauricio Castillo, relató cómo comenzó todo.
"La iniciativa fue de su esposa. Ella nos comentó que uno de los deseos que Emilio había dejado antes de fallecer era que su uniforme estuviera en el Atlético Club San Martín. A partir de ahí empezamos a trabajar para que pudiera concretarse."
El proyecto no fue inmediato. Antes de recibir la prenda, el museo debió garantizar que estuviera protegida en las condiciones adecuadas.
"Primero nos aseguramos de que el uniforme pudiera estar correctamente resguardado. Cuando tuvimos la seguridad de que iba a preservarse como corresponde, avanzamos con todo el proyecto", explicó Aguilera.
La tarea involucró a varias personas e instituciones. Alberto Baduí construyó y donó especialmente la vitrina donde hoy se exhibe la pieza, mientras que el Instituto Universitario de Seguridad Pública aportó la placa identificatoria que acompaña la muestra.
Una historia que el club ya había comenzado a reconocer
Para quienes integran el Departamento de Cultura del Atlético Club San Martín, este homenaje también representa la continuidad de un vínculo que nunca se perdió. Aguilera recordó que el club ya había distinguido a Emilio Fares cuando todavía estaba con vida.
"En 2012 le hicimos un reconocimiento en vida a Milo. Ahora sentimos que este homenaje completa de alguna manera aquella historia y permite que su recuerdo permanezca para siempre dentro del museo." El dirigente destacó además el clima que se vivió durante la ceremonia.
"Fue un acto muy emotivo. Estuvieron familiares, amigos y mucha gente del club. Cuando descubrimos la vitrina y todos cantamos juntos la Marcha de Malvinas fue un momento realmente muy fuerte."
Emilio "MIlo" Farés en 2012, cuando fue homenajeado por el Atlético San Martín.
"Quiero que las futuras generaciones sepan que un sanmartiniano estuvo en Malvinas"
La emoción también atravesó a María Elena Barbero.
Frente a la vitrina donde ahora descansa el uniforme de su esposo, explicó por qué decidió cumplir el deseo que él había manifestado antes de morir.
"Me propusieron traer el uniforme desde casa y estoy segura de que Milo estaría feliz de estar en este lugar."
María Elena le contó a Los Andes que el uniforme de fajina de su esposo "estaba guardado en casa y pensé que, quizás con el paso del tiempo y las generaciones, se iba a perder porque quizás no le fueran a dar el valor que tiene".
recordó que para Milo "solo existía el chacarero, ningún otro club" y que, por eso, le pareció que "ese pedacito de él esté en el Club, para que los niños no olviden".
Luego resumió el verdadero sentido del homenaje.
"Quiero que las futuras generaciones sepan que un sanmartiniano estuvo en la Guerra de Malvinas."
Sus palabras reflejaron uno de los objetivos centrales del proyecto: que la historia de Emilio Fares deje de pertenecer solamente a su familia para convertirse en patrimonio de toda la comunidad.
Mucho más que un primo
Entre los momentos más emotivos del acto estuvo el testimonio de Alberto Baduí. Aunque el parentesco los unía como primos, la relación fue mucho más profunda.
"Éramos de la misma edad. Nacimos en 1960. Toda la infancia la pasamos juntos. Fuimos a la escuela, jugábamos al hockey sobre patines y prácticamente nos criamos como hermanos."
La historia familiar también está profundamente ligada al Atlético Club San Martín. Su abuelo, Abdala J. Baduí, fue el socio número 3 de la institución y hoy la platea baja del estadio lleva su nombre, otro símbolo del vínculo entre la familia y el club.
Por eso, cuando surgió la posibilidad de preservar el uniforme de Milo, Alberto no dudó en sumarse. Como vidriero, construyó personalmente la vitrina que hoy protege la prenda.
Las heridas invisibles de la guerra
Más allá del homenaje, Baduí habló de una realidad que muchas veces permanece oculta: las secuelas que la Guerra de Malvinas dejó en quienes regresaron. "Emilio volvió destrozado de la guerra. Volvió muy mal."
Sus palabras describen una situación que atravesaron miles de excombatientes argentinos. Al regresar del conflicto de 1982, muchos encontraron escasa contención, dificultades para reinsertarse laboralmente y profundas consecuencias psicológicas derivadas del combate.
En el caso de Milo, un gesto institucional resultó decisivo. "Tuvo la suerte de que el gobernador Llaver lo ayudó para que pudiera obtener una agencia de quiniela en San Martín. Eso le salvó la vida."
Sin embargo, para Baduí hubo alguien todavía más importante. "Pero quien realmente fue un ángel para Milo fue su mujer."
Esa compañía permanente permitió que Emilio pudiera reconstruir buena parte de su vida después del conflicto, aunque las marcas de la guerra nunca desaparecieron completamente.
Una memoria que permanecerá abierta
La vitrina instalada en el Museo "Emilio Menéndez" ya forma parte del recorrido histórico del Atlético Club San Martín.
Allí conviven fotografías, camisetas, documentos y objetos que cuentan la historia deportiva de una de las instituciones más tradicionales del Este mendocino. Desde ahora, también habrá un espacio dedicado a recordar a uno de sus socios que defendió al país en el Atlántico Sur. El uniforme militar deja así el ámbito privado para transformarse en un elemento de memoria colectiva.
No se trata solamente de preservar una prenda. Es conservar la historia de un vecino, de un hincha y de un excombatiente que volvió de la guerra con heridas visibles e invisibles, que encontró en su familia y en su comunidad un lugar para reconstruirse y que, antes de partir, pidió que una parte de su vida quedara para siempre en el club de sus amores.
Cada visitante que se detenga frente a esa vitrina encontrará mucho más que una fajina militar. Encontrará el testimonio de un sanmartiniano que combatió en Malvinas y cuya historia, desde ahora, también forma parte del patrimonio y de la memoria del Atlético Club San Martín.