El empate 1 a 1 entre Rosario Central y Boca Juniors dejó mucho más que un resultado. Fue una tarde de encuentros, de gestos que emocionan, de abrazos que dicen más que mil palabras. En el Gigante de Arroyito, la pelota rodó como siempre, pero lo que se vivió antes y después del pitazo final fue de esos momentos que quedan guardados en la memoria colectiva del fútbol argentino.
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Todo empezó en el túnel, antes de salir al campo. Allí se reencontraron dos campeones del mundo, Ángel Di María y Leandro Paredes, compañeros en Qatar 2022, amigos de toda la vida. La camiseta los ponía en veredas opuestas, pero la historia en común los unía más que nunca. Se fundieron en un abrazo sincero, cargado de afecto. Un símbolo de lo que fue esa selección inolvidable que tocó el cielo con las manos.
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El rosarino estaba con sus hijas, que al ver al volante de Boca corrieron a saludarlo. Viejos conocidos. Familia elegida. Escenas que muestran que el fútbol, cuando se despoja de rivalidades es un puente de afecto genuino.
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Mientras eso ocurría, desde las tribunas bajaba otro reconocimiento, el de todo un estadio a Miguel Ángel Russo, el entrenador de Boca, pero también "un querido de la casa". El Gigante estalló con un “¡Olé, olé, olé, olé, Russooo, Russooo...!” que envolvió el momento en una emoción palpable. “Miguelo”, como lo llaman con cariño, volvió a pisar el césped donde fue feliz y campeón, ahora atravesando días difíciles tras haber estado internado por una infección urinaria. Aun así, se subió al viaje y acompañó al plantel. Un gesto de coraje. De amor por lo que hace.
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Los abrazos siguieron en el banco, con saludos de los jugadores de Central y del propio técnico, Ariel Holan, quien lo recibió con respeto y calidez.
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Edison Cavani y Ángel Di María
Gentileza.
Miguel Ángel Russo dirigió a Rosario Central en 305 partidos, con 128 victorias, 85 empates y 92 derrotas. Se coronó campeón de la Primera B Nacional en 2012/13 y de la Copa de la Liga 2023, logros que la gente no olvida y que ayer volvió a agradecer con ovaciones.
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Otra imagen imborrable fue la del reencuentro entre Edinson Cavani y Di María, quienes compartieron equipo en el París Saint-Germain y revivieron una amistad nacida en grandes noches europeas.
Una postal que unió Rosario, París y Qatar en un solo instante.
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El abrazo de Ariel Holan al entrenador Xeneize, Miguel Ángel Russo.
Gentileza.
Y claro, hubo fútbol. El primer tiempo fue vibrante, con gol de Rodrigo Battaglia para Boca y un golazo olímpico de Di María para Rosario Central, uno de los tantos más espectaculares de esta Liga Profesional. El segundo tiempo perdió algo de vértigo, pero no de emoción.
Fue un partido cargado de grandes momentos. De los que se juegan con el corazón en la mano, dentro y fuera del campo.
Es que el fútbol, además de goles y puntos, es también una excusa hermosa para reencontrarse con la vida, con los afectos y con la historia.
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Russo recibió uno de los abrazos más calurosos de la tarde rosarina, el del arquero Fatura Broun.
Gentileza.