"Toda política a largo plazo, debe ser institucional, no personal".
"El principio de la política democrática consiste en desarrollar y proteger las instituciones políticas que hacen imposible el advenimiento de la tiranía".
Karl Popper
El control institucional, auténtico andamiaje del sistema democrático, es el que como ciudadanos debemos tener en cuenta, frente a los peligros derivados de cualquier forma de poder incontrolado; somos nosotros -los ciudadanos- quienes debemos velar por los equilibrios al interior del sistema democrático.
Comprender que somos capaces de utilizar la llave (nuestro voto) que permite construir instituciones sólidas, transparentes y responsables, será nuestra protección, contra la explotación que ejerce nuestro sistema de política partidaria (lavado de cerebro que le llaman).
¿Estamos como sociedad tan adormecidos, en nuestra capacidad de discernimiento para no someter a crítica el sistema establecido?
Pareciera que ya sólo las violaciones sensacionales de las reglas despiertan la atención y son capaces de influir para que hablemos de cambio.
Si tenemos en claro que somos miembros de una sociedad y que como parte integrante de ella debemos ser sujetos activos y no pasivos dentro del desarrollo de los acontecimientos que se producen, no podemos entonces permitirnos observar parapetados, detrás de una ventana, los dolorosos y graves hechos que están sucediendo en nuestro país.
Nuestra participación tiene que ser activa. Sé que implica un esfuerzo y compromiso, pero nuestra patria lo merece. Es la patria de nuestros padres, de nosotros, de nuestros hijos y será la de sus hijos.
Si nuestras escuelas, al impartir el conocimiento, no despertaron en nosotros el entusiasmo para ser ciudadanos comprometidos, estamos a tiempo.
Tenemos una Constitución nacional y provincial que nos marca el camino.
Sin embargo, no prestamos atención a su mensaje, no percibimos a las instituciones de la República como faros de guía. Hay que reconocer que aquellos que llegan a tomar el timón para guiarla, no demuestran su compromiso e idoneidad que la tarea requiere: es hora de que nuestro poder de ciudadanos intervenga y hagamos sentir nuestra disconformidad.
La educación cívica es muy importante. Eduquemos a nuestros niños de hoy, pero como adultos de este presente, emprendamos con energía un trabajo serio de formación y capacitación política abarcando todas las edades.
Este triste presente nos está indicando que nuestra mirada debemos dirigirla al Poder Judicial, cuidarlo para que su trabajo sea responsable, sin miedos ni compromisos espurios, y solicitar a los Poderes Ejecutivo y Legislativo, que cumplan con el cometido para el que fueron creados. La complementación en el trabajo de los tres poderes es fundamental.
Nuestra tarea ciudadana es apoyar pero también controlar la transparencia de las acciones porque somos nosotros los que vemos las realidades que nos rodean. El problema de mejorarlas será más un problema de personas que de instituciones, pero si deseamos efectuar progresos, debemos dejar claramente establecido qué instituciones queremos mejorar.
Los ciudadanos poseemos métodos constitucionales para el control democrático: el sufragio universal y el gobierno representativo son salvaguardias institucionales de eficacia para el control ciudadano. La democracia suministra el marco institucional para la corrección, si así fuere necesario, de las instituciones políticas.
Ese marco nos permite, sin el empleo de la violencia y aplicando el uso de la razón, reajustar y encauzar desde lo moral y ético el funcionamiento de las instituciones las que, con su trabajo responsable, nos conducirán hacia un país integrado a un mundo desarrollado cultural, política y económicamente.
La República, con fuerza y angustia, nos lo está pidiendo.