Hace unos días, una exalumna y actual colega, siempre inquieta por la evolución de nuestro idioma, me pregunta acerca del valor del vocablo 'dejante', que ella escucha frecuentemente en el departamento de Lavalle. Su curiosidad proviene del hecho de no oír que en Mendoza y en otros lugares del país, salvo en el lugar apuntado, se utilice esta palabra.
Mi camino de búsqueda es siempre el mismo: primero, las fuentes académicas; luego, otras. El Diccionario de la lengua española nos indica, bajo una misma entrada, una doble posibilidad: como preposición y como locución conjuntiva. Su significado, usada como preposición, es el de "aparte de, además de"; como locución conjuntiva, la expresión 'dejante que' equivale a "no obstante". En ninguno de los dos casos, el diccionario académico nos proporciona ejemplos, pero sí indica que su uso se circunscribe a Chile, Guatemala y Colombia. La otra fuente académica consultada es el Diccionario de americanismos que da los mismos valores, pero señala que su uso es rural. También, la Fundéu, en respuesta a la pregunta de un usuario al que le había llamado la atención el uso de 'dejante' por parte de una persona de noventa años, consigna los significados registrados en las obras de la Academia.
No conforme con los resultados obtenidos, oriento mi rastreo a obras de carácter regional; la primera es el conocido libro de Juan Carlos Rogé, Color, sabor y picardía en la cultura. Los regionalismos de Mendoza. En ella, aparece registrada la expresión 'dejante que', como locución conjuntiva, con los valores significativos de "además de, con ser que"; se señala que su uso es considerado propio del hablar inculto y que hoy es arcaísmo. Tras apuntar Rogé que es una voz conocida en Chile, nos da el siguiente ejemplo: "Quédese a comer, don Elpidio, y no diga que no, dejante que se ha *costiao de tan lejos".
También, el lingüista César Quiroga Salcedo, en su Diccionario de regionalismos de San Juan, va a considerar la expresión 'dejante que' como locución rural coloquial, con el significado de "no obstante, además de". Nos brinda el ejemplo "Dejante que estoy sola, se me muere el caballo".
Ese vocablo 'dejante' proviene etimológicamente del verbo 'dejar' y de la forma en '-nte' propia del antiguo participio presente de los verbos (pensemos en 'obstante', 'mediante', 'durante' que fueron, análogamente, en su origen, formas verbales en participios presentes).
¡Qué riqueza significativa posee 'dejar'! Consideremos algunos de sus valores, según nuestro Diccionario integral del español de la Argentina: en primer lugar, "hacer que algo quede en un determinado sitio porque ya no se lo sostiene ni se lo transporta", como en "Dejó los libros en la estantería". Además, "hacer que una persona o una cosa quede en un cierto estado": "Me dejó muy intranquila". Un tercer significado es el de "separarse físicamente de una persona": "La dejé unos minutos". Otro valor es el de "no influir ni interactuar con algo o alguien": "Dejalo, ya va a cambiar de opinión". Un valor de desplazamiento físico nos indica que 'dejar' indica "salir de un lugar": "Todos los días, deja su estudio a mediodía".
También, 'dejar' quiere decir "no continuar en un lugar ni con cierta gente, habiendo provocado previamente un efecto o una impresión": "Ella nos dejó el recuerdo de su simpatía". En un sentido parecido, 'dejar' equivale a "no continuar con una actividad o un estado": "Ha dejado de escribir, lamentablemente". Además, "no continuar con una relación amorosa que se sostenía con una persona": "Se dejaron porque ya no se soportaban". En otros ámbitos, 'dejar' puede valer como "producir ganancias", "permitir algo", "legar, heredar" y "transportar a una persona en un automóvil o en otro medio de locomoción, hasta un determinado lugar". Lo vemos, respectivamente, en cada uno de estos ejemplos: "El negocio le deja pocos beneficios", "Sus padres no la dejan salir de noche", "A Pedro le dejaron una cuantiosa herencia" y "Ese autobús me deja en la esquina de mi casa".
Si se usa 'dejarse' y se le adiciona un infinitivo, se quiere significar que se consiente en ser afectado por una acción, un proceso o un estado: "Se deja querer por todos". Si va seguido de la preposición 'de' y un infinitivo, sirve para indicar el fin o cese de una acción: "Dejate de molestar".
Coloquialmente, se usa 'dejarse' para indicar el olvido de un objeto en un lugar: "Me dejé las llaves en otra cartera".
Frases acuñadas con el verbo 'dejar' son, por ejemplo: 'dejado de la mano de Dios' ("sin atención ni cuidado"); 'dejar el campo libre' ("facilitar el accionar a otra persona"); 'dejar escapar' ("no aprovechar una oportunidad"); 'dejarse estar" ("descuidarse"); 'dejar picando' ("plantear algo para que sea resuelto más adelante"); 'dejar plantado' ("faltar a una cita"); 'dejar sentado' ("registrar, hacer constar"); 'dejar que desear' ("no cumplir las expectativas"); 'no dejar títere con cabeza' ("criticar duramente"); 'dejarse de historias' ("modificar una actitud negativa para poder emprender una tarea"); 'no dejar lugar a duda' ("ser claro y concluyente").
Algunas son menos conocidas y nos llegan a través del ya nombrado Diccionario de americanismos: 'dejar ver las costuras' ("mostrar los desperfectos"); 'no dejar camino por vereda' ("optar por el camino que se cree más fácil, sin saber si por él se obtendrá éxito"); 'dejar tachuela' ("sobrepasar a alguien"); no dejar para mañana lo que puede hacerse hoy' ("no postergar lo urgente").
En la familia de palabras de 'dejar', encontramos 'dejadez', para aludir al desinterés o falta de atención frente a algo; también significa inactividad y falta de iniciativa para actuar. Sinónimos americanos son 'dejazón', 'dejación' y 'dejadencia'; en cambio, 'dejativez' indica el decaimiento de alguien por enfermedad.
Del participio 'dejado', señalamos su uso como adjetivo, equivalente a "desinteresado", y como sustantivo, con el mismo valor: "Es tan dejado que no ordena ni siquiera las cosas que más quiere".