3 de enero de 2014 - 23:28

La década K sin desarrollo

Quizás es todo lo que te di… sonaba en la radio del auto que me llevó desde Ezeiza a mi casa. Mientras el auto avanzaba, me informan que en casa no hay luz. Vuelvo a escuchar la canción y pienso en ese pariente lejano, militante kirchnerista fanático, al que tendré que ver en las Fiestas. Decido prepararme con argumentos sólidos para enfrentar la cena de Navidad. Anhelo, como siempre, poder tener una discusión respetuosa y abierta, algo que lamentablemente el kirchnerismo no ha fomentado.

Lecturas de verano

En Argentina las cosas no están bien. Andy Neumeyer, junto a Pablo Guidotti, nos cuentan que la dinámica del déficit fiscal, emisión y caída de reservas ha entrado en una etapa crítica. La situación fiscal sigue empeorando. Dada la situación fiscal, y su monetización, no es llamativo que estemos en un proceso de alta inflación.

Sin un ajuste fiscal que permita anclar las expectativas y haga viable un programa de estabilización monetaria, los pronósticos no pueden ser buenos. El programa de estabilización debe además lidiar con la distorsión de precios prevaleciente, tanto en términos del tipo de cambio real como también de los precios de la energía y el transporte.

En este contexto de alta inflación, atraso cambiario y alta incertidumbre, las perspectivas de crecimiento económico son, obviamente, decepcionantes. Nunca crecimos a tasas chinas. El milagro económico K fue un rebote que se acabó, la recuperación económica K, cuando crecimos casi al 7% anual entre el 2003 y el 2007, fue simplemente volver a donde estábamos en 1998.

Se ha distorsionado el sistema de incentivos capitalistas, afectando la asignación de factores estática y dinámicamente. Esto nos está empezando a afectar considerablemente. Nos hemos consumido la infraestructura acumulada durante la década del 90. Esta inversión, que se logró proveyendo incentivos capitalistas, nos permitió crecer razonablemente desde 1991.

Podríamos decir que la situación actual es testigo del fracaso de la política energética del gobierno, o más generalmente, de toda su política de infraestructura. Pero, en realidad, lo que fracasó una vez más, como no podía ser de otro modo, es el populismo, que se consume desaforadamente todo lo que encuentra como si no hubiese nunca un mañana.

Hemos perdido una gran oportunidad histórica. Esta década de bonanza, en lugar de haber sido utilizada para mejorar las instituciones republicanas y capitalistas, profundizar el proceso de integración al mundo, desarrollar la infraestructura del país, y sobre todo, mejorar el sistema educativo y de salud, se ha utilizado para organizar un sistema corrupto que buscó saquear la riqueza nacional, primero a través de un capitalismo de amigos y luego a través del avance asfixiante.

Como vengo diciendo desde hace muchos años cada vez que me entrevista Ámbito Financiero: “Debemos recuperar la capacidad de gestión del Estado. Se habla mucho del rol del Estado en la economía, pero éste es incapaz de proveer apropiadamente los bienes públicos clásicos”. Al Estado argentino ingresaron más de 900.000 millones de dólares en los diez años que gobernaron los Kirchner. ¿Qué se hizo con semejante cantidad de dinero, se preguntaba Morales Solá hace unos días en su columna? Pocas cosas buenas, y muchas de las otras.

Para concluir el repaso sobre la gestión K, anoto que la tasa de pobreza, bien medida (dado que esta vez el relato que aún domina la política argentina también destruyó el sistema integrado de estadísticas nacionales), ronda el 25% de la población. Demasiada alta para el nivel de riqueza del país. Insisto: aunque se lo niegue, “tenemos una deuda social pendiente”.

Reencuentro

Finalmente, tuvimos la reunión familiar. Ese pariente lejano, que siempre politizaba las reuniones y nos daba grandes discursos épicos, esta vez esquivó la conversación. Incluso mostró cierto disgusto por el nombramiento de Milani. Nunca antes le escuche una crítica al kirchnerismo. Por ejemplo, había dicho que Lanata se había vendido al grupo Clarín, que sus denuncias eran falsas, y que, finalmente, corrupción había en todos los gobiernos.

Pensé ahora que sería bueno señalar que el ascenso de Milani no era independiente de la necesidad del gobierno de espiar a la prensa libre que investiga y denuncia la corrupción kirchnerista. Pero no tuve oportunidad de hacerlo pues cambió rápidamente de tema y se dedicó a hablar de literatura. Pensé entonces en Pasenow o el romanticismo, pero se habló de una nueva novela mucho menos interesante.

Así fue como me perdieron. Me puse a pensar en la militancia política. Al final, a este pariente lejano lo sentí cercano. Entonces, volví a recordar la canción de Charly García: Diste tu alma y querían tus venas... (Artículo publicado en Foco Económico)

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