30 de septiembre de 2018 - 00:00

De Tinder al Capitán América: todo vale por votos - Por Rosa Sulleiro

El candidato histriónico más votado fue el payaso Tiririca en 2010, con 1,7 millón de votos.

Enfundado en su ceñido traje azul, el Capitán América reparte panfletos en una transitada calle de San Pablo. Se presenta a legislador regional y, a pocos días de las imprevisibles elecciones generales de Brasil, no pierde tiempo. Con más de 27.000 candidatos, unos segundos de atención pueden valer un escaño. Él no es el único superhéroe que concurre a los comicios del 7 de octubre, cuando el mayor país de América Latina elegirá a su presidente, 27 gobernadores, así como a gran parte del Congreso y las asambleas regionales.

Son casi 1.700 puestos vacantes a los que se presentan también Batman, Snoopy, varios Papá Noel o el perseverante Bin Laden, candidato a diputado por San Pablo que, tras fracasar en 2014, vuelve a probar suerte.

En el complejo sistema brasileño, que permite a los candidatos cualquier nombre que no sea ofensivo, todo vale para seducir a unos ciudadanos agotados. Incluso posar para la ficha del Tribunal Electoral vestido de Hombre Araña, como lo hizo un postulante de Amapá (norte).

“Lo único que necesita un político es un minuto de conversación con el elector y hoy eso no se tiene. Si entregás un panfleto como una persona normal, la gente le da un vistazo y lo tira. Vestido de superhéroe, despierto su curiosidad”, explica el Capitán América, con su enorme escudo rojo a las puertas de un hospital infantil de San Pablo. Pero no todo funciona, avisa este policía de 50 años a quien nadie llama ya Luiz Carlos De Paula, su verdadero nombre. “Para disfrazarte y ser candidato, tienes que tener una historia.

No sirve de nada vestirse de Batman, salir y decir ‘soy Batman’, no va a surtir el efecto que está teniendo mi campaña”, asegura.

Payaso diputado

Después de recibir tres tiros en un asalto que casi le mata en 2012, el Capitán América De Paula -como figura en el registro electoral- decidió dedicar su nueva vida a los niños con cáncer, a quienes visita disfrazado en los hospitales.

Sus acciones le hicieron famoso entre sus vecinos, que le animaron a entrar en política y, tras un intento fallido, se afilió al PSL del ultraderechista Jair Bolsonaro, ya que opina que Brasil necesita “un choque de realidad”.

La aventura electoral, que le obligó a pedir una licencia de tres meses en la policía, le ha costado ya unos 6.000 reales (1.500 dólares), pero dice que todo compensará si consigue llevar su lucha hasta la Asamblea regional.

Parece imposible, sin embargo, que iguale el éxito del payaso Tiririca, a quien su campaña con el eslogan "Peor de lo que está, no quedará" le convirtió en el diputado más votado de Brasil en 2010, con 1,3 millones de sufragios. Repitió experiencia en 2014 -siendo el segundo más apoyado-, y tras abandonar el Congreso en diciembre, ahora busca un tercer mandato con propuestas como “que el dólar caiga más que Neymar”.

Para el politólogo de la Universidad Federal de Minas Geraisl (UFMG) Fernando Meireles, el sistema brasileño incentiva estas candidaturas histriónicas.

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