10 de diciembre de 2019 - 00:00

De la gestión estructural a la gestión estratégica - Por Carlos Salvador La Rosa

Rodolfo Suárez cree que Alfredo Cornejo hizo un profundo cambio estructural en el gobierno.

La Argentina sigue siendo un país paradojal aun cuando se parezca más que nunca a la normalidad. En efecto, cuando todo anda más o menos bien en el resto del mundo, en la Argentina todo anda mal. Y ahora que el mundo es un polvorín estallando por todas partes o a punto de estallar, nuestra nación realiza uno de los procesos de transición más ejemplar en décadas, con los dos presidentes, el saliente y el electo, reuniéndose el día después de la elección y abrazándose en una misa al finalizar dicha transición. Mientras,  hace cuatro años los mandatarios ni siquiera se ponían de acuerdo acerca de la entrega de los atributos del mando, porque quien se iba consideraba que entregarlos al que venía era una rendición al enemigo. Entonces no los entregó. Ahora todo cambió y para bien, algo raro entre nos.

En Mendoza fue aún mejor: armonía y emociones de marca mayor entre los dos gobernadores. Mientras, hace cuatro años la tensión se cortaba con un cuchillo entre el entrante Alfredo Cornejo y el saliente Paco Pérez. Está claro que Cornejo y Rodolfo Suárez son del mismo equipo, pero aún así la cordialidad extrema coincidió con el mismo clima a nivel nacional. Es de desear que todas estas cuestiones simbólicas sean un buen presagio para los difíciles gobiernos que se esperan a nivel provincial y nacional.

En Mendoza, Cornejo cedió todo el protagonismo político a Suárez. Sólo dijo que su gestión ya había sido juzgada por el voto de los mendocinos y entonces se limitó a ofrecer una multitud de agradecimientos. Afirmó irse con la satisfacción de ver que hoy el Estado mendocino está mejor administrado que hace cuatro años y pidió a Suárez que se ocupe de los cambios tecnológicos y culturales vitales para sostener la mejor gestión.

Rodolfo Suárez le respondió admitiendo que lo esencial ya lo había realizado Cornejo, que el orden, la austeridad y la administración cornejista serán la estructura transversal de su gestión. Y que lo que él intentará hacer es agregarle capacidad estratégica a ese Estado saneado. Forjar un Estado activo, sin la menor intención de ser su caudillo sino apenas el líder de un equipo, que -admitió- será la continuación clara del anterior.

Por ejemplo, así como en educación se sentaron las bases disciplinarias esenciales, ahora se propondrá una mejora cualitativa de los contenidos. Entre los ámbitos de cultura y educación se buscará desarrollar la industria del conocimiento. Se creará una banca de segundo grado de fomento local. Se buscará aprovechar la parte local de Vaca Muerta y se tenderá al riego con técnicas de goteo para cuidar el agua escasa.

Su diagnóstico general es que Mendoza es una provincia que viene haciendo bien los deberes desde hace cuatro años pero que no pudo evitar la crisis macroeconómica nacional; la culpable, según Suárez, de casi todos los males que anidan localmente. Aunque admitió una falla propia, no dependiente de la nación cuando dijo con lucidez que “no queremos ser una provincia que hace tiempo nos cuesta crecer mientras vemos cómo otras provincias crecen”. Ésa es una clara crítica a todos los políticos mendocinos desde hace varias décadas, que Suárez apuesta a superar, lo que no le será        -obviamente- nada fácil.

De cualquier modo, hasta aquí las cuestiones generales que se medirán en sus resultados al ir promediando o finalizando su gestión. Pero también, lo más elípticamente que pudo, mencionó los temas que deberá encarar ya mismo y que son conflictivos.

El primero es la minería, a la cual dijo la aplicará zonalmente, donde haya licencia social. Pero dividirá aguas al tratar de cambiar la ley 7.722.

El segundo es el acuerdo paritario de ajustar sueldos mediante la cláusula gatillo. No lo dijo directamente pero sostuvo que pagará sólo lo que puede pagar, con lo cual dijo bastante aún sin decirlo.

En tercer lugar, tanto en la Legislatura como en la Casa de Gobierno, en ambos discursos, se ocupó de proponer “la actualización de nuestra Constitución promoviendo reformas profundas”. Algo que tuvo a muy mal traer al gobierno de Cornejo, sin poder lograrlo y haciendo que la relación con la principal oposición se hiriera de un modo que jamás se pudo reconstruir.

Suárez, como el primer Cornejo, propone diálogos y consensos y dentro de ellos pretende enmarcar el proceso reformista. Pero tiene varios obstáculos por delante. Las urgencias que a veces no permiten pensar en otra cosa. Una oposición sin liderazgos claros con los cuales concertar y un oficialismo donde habrá que ver si todos están de acuerdo con reformar.

rodolfo suárez cree que alfredo cornejo hizo un profundo cambio estructural en el gobierno, y que lo que a él le toca es dotar de estrategia al estado.

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