En sus coincidencias totalitarias, el kirchnerismo consiguió lo que a López Rega le negó el tiempo. El "brujo", creador de la temible "triple A" encaramado en el gobierno del Frente Justicialista de Liberación (FREJULI) por voluntad y elección del presidente Perón en su tercer mandato, demolió un puente que cruzaba la avenida Figueroa Alcorta en el porteño barrio de la Recoleta y torció la traza de la arteria con un by pass para construir allí el así llamado Altar de la Patria, donde iban a ser depositados los restos de Eva Duarte y del propio Perón.
Gobernaba por entonces la tercera mujer del general, Isabel, quien mantenía una indescifrable relación y dependencia con el criminal a quien Perón le había confiado gestionar el entonces Ministerio de Bienestar Social, después de ascenderlo de cabo de la Policía Federal a Comisario General sin escalas.
López Rega no pudo completar el proyecto; le faltó tiempo. No fueron necesarios los militares para espantarlo. El rechazo que producía en toda la sociedad y el repudio del Partido Justicialista condujeron en 1975 a la presidenta de acento español a investirlo con el título de Embajador extraordinario para enviarlo al exterior en una misión desconocida.
Fue la estratagema de Isabel para ayudarlo a sustraerse de la acción de la Justicia.
López Rega desapareció y su destino se convirtió en un misterio que alimentó durante diez años la fantasía popular: que se hizo una cirugía estética y vive en Brasil, que nunca salió del país y estaba bajo las polleras de Isabel.
En fin, el embajador extraordinario se hizo humo y se convirtió en prófugo recién cuando la Justicia comenzó a perseguirlo.
La dictadura que derrocó a la viuda de Perón no pudo encontrarlo, pero durante el gobierno de Alfonsín un reportero lo fotografió intacto en un cantón suizo y en 1986 fue arrestado en Estados Unidos y extraditado a la Argentina, donde murió en la cárcel, antes de recibir condena.
La huída del "brujo" y el desastroso gobierno de Isabel detonaron el fin del faraónico proyecto del Altar de la Patria.
Y una de las pocas cosas buenas que hicieron los militares fue enderezar la avenida Figueroa Alcorta y reconstruir el puente a pocos metros de la versión anterior, que no llevaba a ninguna parte. En su nueva localización, el puente se convirtió en un recurso útil para que los estudiantes cruzaran la avenida al ir o regresar de la Facultad de Derecho. Quizá haya sido lo único que los militares hicieron por el Derecho en sus casi ocho años de ocupación del poder.
El kirchnerismo, en cambio, tuvo menos dificultades para construir un mausoleo que honrara la memoria y alojara el cuerpo de su líder, Néstor Kirchner, muerto hace ocho años.
A cuento de esto, viene bien conocer el origen de la palabra mausoleo, que se remonta a más de 300 años antes de Cristo cuando la mujer del sátrapa de Caria, Mausolo, le hizo construir para su sepulcro un suntuoso monumento que más tarde sería conocido como el Mausoleo de Halicarnaso, una de las llamadas Siete Maravillas del Mundo antiguo.
La palabra sátrapa no tenía entonces la connotación de hoy, tan apropiada para esta nota. Satrapías eran las regiones o provincias de los imperios Medo y Persa, donde gobernaba un sátrapa. Aquí también ha ocurrido, pero con la moderna acepción.
En una de esas confusiones típicas entre lo propio, lo estatal y también lo ajeno que lo caracteriza, en un terreno público de Santa Cruz y con fondos privados de origen sospechoso, el kirchnerismo erigió un suntuoso mausoleo de 13 metros de largo por 15 de ancho y 11 de altura con forma triangular que evoca al territorio nacional, coronado con un mástil donde ondea una bandera argentina.
En el acceso, dos llamas votivas y una fuente le imponen al monumento un carácter emotivo.
En el interior, una escalera caracol conduce a un subsuelo donde, vidriera circular mediante, puede observarse el ataúd cerrado, engalanado con una camiseta de Racing, un rosario, una flor y los pañuelos blancos de las Madres y de las Abuelas de Plaza de Mayo.
Preside la escena una gigantesca cruz de madera.
Nunca se supo, al menos hasta el momento, si hubo o hay otras cosas en el sarcófago, como se ha hablado.
Mientras, en contraposición, los restos del máximo prócer de la nación, José de San Martín, permanecen desde 1880 en la Capilla Nuestra Señora de la Paz de la Catedral de la Ciudad de Buenos Aires, los de Manuel Belgrano en el atrio de la Basílica de Nuestra Señora del Rosario y Convento de Santo Domingo, y los de Domingo Faustino Sarmiento en una cripta del Cementerio de la Recoleta.