En un nuevo aniversario de su muerte, Sandro sigue siendo una presencia viva en la memoria colectiva argentina. Su historia forma parte de Historias funerarias como un homenaje al ídolo que murió en Mendoza y que jamás quedará reducido al silencio de los cementerios.
El ídolo que murió en Mendoza
Hoy se cumplen exactamente 16 años de la muerte de Roberto Sánchez, Sandro. Falleció el lunes 4 de enero de 2010, a las 20.40, en el Hospital Italiano de nuestra ciudad, a los 64 años. Mendoza fue testigo de sus últimas horas y también del impacto inmediato de la noticia: cuando se confirmó su muerte, numerosos comercios del centro -cercanos al horario de cerrar sus puertas- comenzaron a pasar la música del Gitano a todo volumen, como un homenaje espontáneo, íntimo y profundamente popular que emocionó a muchos.
La larga lucha y el final
Sandro llevaba 45 días internado tras un trasplante cardiopulmonar realizado el 20 de noviembre. La intervención fue consecuencia de un enfisema pulmonar provocado por años de tabaquismo. Durante ese tiempo atravesó cinco cirugías, infecciones severas, coágulos y necrosis que deterioraron gravemente su estado de salud hasta desembocar en un shock séptico. Desde hacía más de quince años convivía con una afección pulmonar que marcó el tramo final de su vida, enfermedad que nunca logró eclipsar su lugar central en la cultura popular argentina.
Una despedida multitudinaria
La noticia de su muerte conmovió al país entero. El velatorio se realizó durante casi 24 horas en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso Nacional, a cajón abierto y sin cámaras de televisión ni fotógrafos, por pedido expreso de su esposa, Olga Garaventa. Miles de personas formaron largas filas bajo un calor agobiante y luego bajo una fuerte tormenta. Fue necesario desplegar un operativo especial del SAME. Entre los asistentes estuvieron Susana Giménez, Soledad Silveyra, el entonces gobernador Daniel Scioli y el jefe de Gabinete Aníbal Fernández.
El último viaje
El cortejo fúnebre partió a las 13.30 rumbo al cementerio Gloriam Jardín de Paz, en Longchamps, tras pasar por la casa de Sandro en Banfield. Un patrullero encabezó la caravana de nueve vehículos con coronas florales. El coche fúnebre, cubierto por una bandera argentina, fue acompañado por una multitud que arrojó flores, intentó tocarlo y siguió el recorrido incluso en bicicleta. En Banfield, dos helicópteros y una autobomba con la sirena encendida escoltaron el trayecto. Fue una de las despedidas más multitudinarias de la historia nacional, todo un pueblo se unió para agradecer al hombre que marcó vidas y tocó corazones con su voz.
A las 16.50, Sandro fue inhumado en una ceremonia privada, sin presencia de la prensa.
La consagración de un mito popular
La repercusión de su muerte fue internacional. Medios de América Latina, Europa y Estados Unidos le dedicaron amplios espacios. The New York Times lo llamó “el Elvis argentino” y muchos compararon el impacto de su fallecimiento con el de Carlos Gardel. Nacido en 1945 y criado en Valentín Alsina, Sandro fue pionero del rock en español, grabó 52 discos, vendió más de ocho millones de copias, protagonizó 16 películas y recibió en 2005 el Grammy Latino a la Trayectoria. A 16 años de su muerte, su voz sigue sonando, también en Mendoza, dónde se apagó.