Radicado en Buenos Aires, el artista plástico Ramiro Quesada Pons (Mendoza, 1987) se ha consolidado como una voz destacada de la escena contemporánea argentina. Formado en artes visuales en la Universidad Nacional de Cuyo, pero establecido en la capital desde hace una década, vive un promisorio presente: por segundo año consecutivo, sus piezas fueron exhibidas en arteBA, por ejemplo, y nos confiesa que tiene intenciones de mostrar su obra en otros países.
El apellido, por supuesto, no resulta indiferente a los mendocinos: viene de un linaje artístico, en el que su abuelo Luis (1923-2022) y su padre Ramiro (1954-2021) guiaron los primeros años de esa sensibilidad que hoy, desde W-Galería, es elogiada en Buenos Aires. En la edición de la prestigiosa feria de arte, que terminó el pasado 31 de agosto, expuso "esculturas que pueden ser usadas también como mobiliarios", nos dice el artista. Ese cruce de arte y funcionalidad nos remite, sin escalas, al maestro del muralismo y el constructivismo fallecido a los 98 años.
"Para mí son esculturas, pero bueno, en algún punto son representaciones de seres que están convirtiéndose en muebles, o al revés. Son piezas que tienen que ver con el sedentarismo, con la quietud. Depende de cada una, pero algunas también son medio antropomórficas", explica Quesada Pons, remarcando la importancia de arteBA a la hora de conectar artistas con compradores. Algo que él mismo celebra: con W-Galería, donde también trabaja, han logrado vender obra a importantes coleccionistas como Teresa Bulgheroni (presidenta de la Fundación Malba) y Larisa Andreani (presidenta de arteBA).
El trabajo de Quesada Pons transita entre soportes y procedimientos heterogéneos: desde archivos digitales hasta objetos escultóricos en distintos materiales. Su trayectoria recibió un reconocimiento temprano con la beca otorgada por la Fundación YPF en 2009, que le permitió integrarse al programa de artistas de la Universidad Torcuato Di Tella, consolidando su recorrido en el arte contemporáneo nacional.
Pero siguió un camino sólido y ascendente. En 2010 participó en el programa Regional Entrecampos, dictado por Patricia Hakim, Fernando Castro Flores y María Iovino. En 2012, fue seleccionado como agente de becas en el Centro de Investigaciones Artísticas (CIA). En 2013 ganó la beca FNA-Conti y el premio Igualdad Cultural. En 2014 fue invitado a formar parte del proyecto colectivo “La Verdi”, organizado por Ana Gallardo. En 2017 fue seleccionado para llevar a cabo el proyecto “La imagen real” en la Bienal de Arte Joven de Buenos Aires. En 2018 ganó el premio por la creación del Fondo Metropolitano de Cultura de Buenos Aires. En el 2019 participó de la residencia Port Tonic Art Center en Les Issambres, Francia.
-Más allá de lo que expusiste en arteBA, ¿en qué estás trabajando actualmente?
- Actualmente estoy trabajando en piezas que tienen que ver con la inteligencia artificial. Es una veta nueva que estoy explorando. A mí siempre me interesó internet, el consumo de tecnología mainstream y la relación que tenemos con las imágenes y cómo circulan justamente a través de la tecnología. Muchas series tienen que ver con eso. En esta yo le muestro a ChatGPT obras viejas mías, pidiéndole que haga una nueva versión de esa obra. Y queda un híbrido entre mi obra y lo que ChatGPT termina interpretando, que siempre es azaroso: siempre se va hacia un lugar bastante diferente de lo que yo pienso.
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Un artista en expansión
- ¿Cómo describirías tu estilo y tu búsqueda?
- No sé si podría hablar de estilo, pero sí te puedo comentar un poco de cómo es mi proceso. Yo generalmente parto de esculturas en pequeño formato hechas a mano. Me interesa mucho esa situación de espontaneidad que tienen las manos, en pequeña escala. Eso lo hice toda la vida: me acuerdo que cuando yo era chico mi viejo me incentivaba a modelar y a dibujar, y la parte que más me interesaba era esa: el modelado a mano. Y hoy en día es casi el eje de mi laburo. Yo parto de esas pequeñas esculturas para después hacer esculturas en tamaños más grandes. Pero para mí, las pequeñas que empiezan en plastilina —y a veces también están hechas en epoxi y en resina o en cerámicas— son el inicio para después hacer copias en materiales que permiten que las piezas sean más grandes. Estas esculturas, últimamente, tratan sobre la relación que tenemos con la tecnología, principalmente con los dispositivos personales tecnológicos como las notebooks, los celulares, y también con cómo nuestros cuerpos se ven afectados por eso. Además, hay algo que se vincula, por ejemplo, con la ciencia ficción, el cómic, que es un mundo que también de chico siempre me atrajo. Y hay también unos vínculos con la escultura modernista.
- Es justamente notable la versatilidad que tenés para trabajar distintos materiales.
- Los materiales que más me interesan son los que me permiten esa espontaneidad que te decía. Por eso la plastilina es un material muy importante en mi caso. Es un material que usé desde muy chiquito y me gusta el hecho de que uno puede armar algo y después desarmarlo, volver a armarlo, modificarlo… como que no endurece nunca. Esas situaciones me encantan, es casi como un cambiaformas. Como te decía anteriormente, yo siempre parto de estos modelos en plastilina para después también pasar a los epoxy, en algunos casos. Los que más me gustan los paso a materiales que, después, endurecen, para luego pasar a otros tamaños más grandes. Por ejemplo, en las piezas de arteBA son piezas de gran tamaño, que suelen ser tamaños naturales. Pero hay otras más grandes, como una pieza que se mostró en Malba Puertos el año pasado, en una nueva sede que tiene el Malba en Escobar, Buenos Aires. En ese caso, se hacen en otros materiales como resinas con fibras de vidrio: materiales que están muy relacionados al petróleo y a la industria.
-¿Y el bronce?
- Surgió de una comisión que me hizo la Fundación Ascui en el 2023. Me interesó bastante ese material, si bien no es el que más uso en el día a día porque es bastante costoso. Los otros que te menciono son mucho más baratos. Este material es muy lindo porque uno parte de un modelo ya existente, después se hace una copia en cera primero y, finalmente, se hace la copia en bronce, como se hacen los monumentos. Ese vínculo con la historia del arte y con la historia de los monumentos me resultó muy interesante. Quizás pronto haga otra también, se está hablando. Pero los materiales van variando según los contextos. También he probado el yeso directo, que es un material muy manual, pero pensado para piezas de interior. Para las piezas de exterior generalmente uso resinas, bronce o materiales que tengan resistencia a la intemperie, lo cual no es algo tan fácil de encontrar. El año pasado estuve estudiando mucho este tema, ya que tuve varios encargos para jardines y exteriores. Además, estoy preparando una pieza que va a ser la obra más grande que voy a hacer hasta el momento: una pieza de 10 o 12 metros de largo, que también va a ser participativa y va a poder usarse. Será para un grupo constructor que se llama HIT.
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- Es inevitable preguntarte por tu "linaje" artístico. ¿Sentís que tu obra absorbe algo del arte de tu papá y de tu abuelo?
-Sin dudas. Más que una enseñanza puntual, son las obras de ellos que, al tenerlas tan cerca, son una influencia. Generalmente tomo lo mejor de ambas como para hacer cosas nuevas. Por ejemplo, con respecto a mi abuelo, todo lo que es ese vínculo que él tiene con el diseño y los oficios. Y con mi viejo, algo relacionado a la fantasía y a la espontaneidad que tienen sus dibujos. Estoy viendo todo el tiempo la obra de ellos. Y también hay una actitud con respecto al arte: mi abuelo siempre se manejó de una forma independiente. Si bien yo trabajo con galerías (estoy en el sistema, por decirlo de alguna forma), no hay que olvidarse de que al fin y al cabo uno es el que tiene que salir a buscar no solo visibilidad, sino también la parte comercial y hacer toda la gestión para que el arte de uno avance. Es decir, la influencia no es solo de la obra de ambos, sino también de la forma en la que cada uno se relaciona con el sistema. Mi papá también tenía muchas actitudes que estaban muy buenas.
-¿Por ejemplo?
-El hecho de juntarse con gente que quizás no era artista, pero que incentivaba el acto, tanto del dibujo como del acto creativo en sí. Generaba grupos: todo el tiempo estaba generando grupos, y es una actitud que está buena porque te hace conocer nueva gente, te hace avanzar también, y rompe la situación del ego del artista que está trabajando solo. Le interesaban los gestos mínimos, y también mucho el arte hecho por niños, que es algo que también yo estoy viendo. Hice una especie de acción en el contexto de una muestra mía que era en Galería Jardín, en donde niños modelaban en pequeño formato y en plastilina esculturas a partir de mis esculturas más grandes, y quedaban unos híbridos increíbles.
De Mendoza a Buenos Aires
- ¿Hace cuánto te radicaste en Buenos Aires?
- Yo empecé a venir a Buenos Aires aproximadamente en 2007-2008, donde participé de algunas colectivas. Pero en 2009 hice el programa de artistas del Di Tella, y a partir de ahí (2013-2014) empecé a vivir de forma fija en Buenos Aires.
-¿Cómo recordás esos primeros pasos haciéndote de un nombre en una escena grande y competitiva?
-Hubo que pelear bastante para tener un nombre, una visibilidad y un tipo de arte reconocible. Costó bastante. Ahora estoy en un buen momento: vengo con varios años en la escena, he mostrado en algunas instancias en el exterior también y mi idea a futuro es esa: enfocarme también en mostrar en otros lugares que no sean Buenos Aires. Creo que es importante el hecho de que el mismo trabajo, el mismo arte, vaya llevándote a nuevos lugares y encontrando nuevas problemáticas dentro de la lógica de uno. Mi idea siempre ha sido esa: ir avanzando. Y en eso veo a Luis Quesada. Si uno ve su obra es muy variada. La de mi viejo también, pero en Luis Quesada es tremendamente variada. Me gustan mucho los artistas que explotan esa situación del cambio, de que los mismos problemas de la obra van avanzando y encontrando nuevos lugares que también tienen relación con lo primero. Porque yo estoy seguro de que lo que hago ahora tiene bastante relación con lo que hacía en 2007-2008, cuando empecé. Pero bueno, es interesante cuando hay nuevas imágenes y nuevas temáticas, porque el mundo va cambiando y me gusta estar abierto a ese cambio.