20 de julio de 2025 - 00:05

Las 5 historias más locas que publicó Los Andes en el siglo XIX

Historias de ratones, cadáveres abandonados y temblores que revelaban secretos. El siglo XIX de Mendoza fue un desfile de absurdos.

A fines del siglo XIX, las páginas del Diario Los Andes se llenaban de historias de Mendoza que hoy nos resultarían tan cómicas como desconcertantes. En un recorrido por algunas de estas anécdotas, encontramos estampas del pasado que oscilan entre el ingenio, la tragedia y la crudeza de una época donde lo insólito parecía cotidiano.

El polizón y los ratones en las calles de Mendoza

En diciembre de 1883, el calor abrasador no impidió que una joven mendocina decidiera salir a la calle luciendo un polizón, prenda que aportaba volumen a los vestidos en la parte trasera, sustituyendo al miriñaque desde 1870. Pero lo que parecía un intento por estar a la moda terminó en desastre.

Según Los Andes, la muchacha improvisó su polizón rellenándolo con periódicos viejos que encontró en su casa. Sin saberlo, esos papeles albergaban un nido de ratones recién nacidos. Apenas subió a un carruaje, los animales comenzaron a escapar por entre sus ropas, provocando gritos, carcajadas y un alboroto general entre los paseantes. La joven, avergonzada, se desmayó y tuvo que ser atendida en una botica. El diario advertía con ironía: “Cuidado con la moda del polizón, porque pueden exponerse a un percance como el que relatamos”.

Temblores y escándalos

Pero no sólo la moda podía generar situaciones embarazosas. Los sismos también ponían a prueba el pudor de la sociedad decimonónica. En una crónica de 1888 titulada “Efectos del temblor en una casa de familia”, se relata cómo una familia huyó de su casa en ropa interior durante una trepidación. Entre ellos se encontraba una viuda, miembro de la cofradía de San Benito, que aseguraba detestar a los hombres.

La sorpresa fue mayúscula cuando, con un nuevo remezón, de su habitación emergió corriendo un hombre “en paños más que menores”. “¿Qué tal la hermana de San Benito –se pregunta con sorna el diario– tan aficionada por fuera a odiar a los hombres y a recibirlos por dentro?”.

El héroe anónimo de Las Heras

Sin embargo, no todo era burla o ironía. El 19 de octubre de 1886, Los Andes destacó la figura de un hombre de Las Heras que, sin pedir retribución alguna, se dedicaba a cargar sobre sus hombros los cadáveres de indigentes hasta el cementerio. Según contaban los vecinos, era habitual verlo caminar con un cuerpo al hombro. “Sentimos no recordar el nombre de tan humanitario prójimo –decía el diario– para darlo a conocer a nuestros lectores”. 134 años después, esa ausencia de datos duele aún más.

El escurridizo inspector de muertos

Las curiosidades de la época también incluyen al “inspector de muertos”, funcionario encargado de certificar cada fallecimiento antes de permitir su entierro. El problema era que en 1897 sólo había uno para toda Mendoza y rara vez podía encontrárselo.

En una crónica titulada “Dos días insepulto”, se denuncia que Aquilio Reta, fallecido en la calle Ituzaingó, estuvo más de 24 horas sin ser enterrado porque el inspector no aparecía. “Con frecuencia sucede –decía el diario– que un cadáver tiene que permanecer dos, tres o más días insepulto”. De Don Aquilio sabemos que tenía 65 años, era peón, soltero y analfabeto, según el censo de 1869.

Perros carroñeros y cementerios en ruinas

Pero ni siquiera ser enterrado garantizaba descanso eterno. En plena epidemia de cólera de 1886, Los Andes advertía sobre el estado del cementerio de Guaymallén. Las murallas estaban tan deterioradas que los perros ingresaban libremente para alimentarse de los cuerpos recién sepultados. Incluso se denunciaba que los restos eran arrastrados fuera del camposanto y abandonados en la vía pública.

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