Gabriel Olea se pregunta en estos poemas sobre quiénes son los lectores de sus poemas para arribar a una reflexión sobre la fugacidad de la vida.
En estos dos textos, Gabriel Olea, autor nacido en Chile reflexiona sobre el trato con los muertos, esos que han sido parte de su vida.
Gabriel Olea se pregunta en estos poemas sobre quiénes son los lectores de sus poemas para arribar a una reflexión sobre la fugacidad de la vida.
Mis primeros lectores
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Mis primeros lectores
están todos muertos;
vacíos los bancos en la plaza
donde los veía leyendo.
Y las palabras
han quedado huérfanas las palabras.
Y a mis versos
se los llevaron las palomas
a mis versos,
para hacer sus nidos.
se llevaron a mis versos
así, enredados en sus patas.
“Son inofensivos- se dijeron-
estos versos”
y los convirtieron en sábanas,
que las plumas no abrigan
y la seda es cara.
Y mis versos
se volvieron púrpura mis versos
en las hojas blancas. Después
se volvieron grises. Luego
se volvieron invisibles como fantasmas
O como las estrellas que ya nadie ve.
Y quizás estén allí
mis primeros lectores,
esos que me llamaban poeta,
con su piel erizada
pues estaban convencidos de que lo era.
Solo me queda rezar por ellos
y decirles gracias...
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Conocí a un muerto
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Conocí a un muerto
que creyó que estaba vivo,
estaba tan convencido
que comía, bebía y guardaba duelo
por otros fallecidos.
Por más que le decían que estaba muerto,
él meneaba la cabeza y se iba
con las palomas, hacia arriba
ya que le hacía mal estar en el suelo.
Sentía
que estar abajo lo maniataba
a la frágil piel humana
que se rompe muy pronto,
sí, con suerte, un par de décadas aguanta.
Muerto con piel de polvo
y sonrisa satisfecha;
la vida ya no lo acecha
“pues la vida- dice- es para los tontos”.
Muerto
que no cumple horarios
ni paga impuestos,
trasnocha
y las ojeras no se le notan.
Y al verlo tan contento
le pregunté si podía ser su amigo
y contestó: “No creo,
nunca me llevé bien con los vivos...”
Gabriel Olea. Escritor nacido en Chile y residente en Mendoza hace más de 50 años. Ha publicado en diversas antologías, como Brevísimos (microrrelatos) Soy Poesía (poemas), ambas de La Retórica ediciones, de la Ciudad de Mendoza.
También es parte de las antologías Relatos íntimos (microcuentos) Haikús (haikus), Poesía dispersa, Reunión, Fragmentos y La sed del agua, todas poesías, de Editorial Dunken.