Belén, Homo argentum y El jockey: abogada exitosa, garcas de cotillón y un jinete que saca ventaja
Por diversas razones, las tres películas argentinas más relevantes del año pasado han dado que hablar hace poco. Un análisis de ella nos permite entender cómo la política mete la cola y cómo a veces se degrada el mismo cine con esos usos y abusos.
Por motivos diferentes, las tres películas argentinas más importantes del 2025 fueron Belén, Homo argentum y El jockey (aun siendo esta última del 2024). Es que hace pocos días las tres volvieron a ser noticia. Belén no quedó para el Oscar, Homo argentum se estrenó en streaming (Disney+) y El jockey fue elegida por Time como uno de los diez mejores films estrenados el año pasado en EEUU, a la altura de Nouvelle vague, Valor sentimental o Sinners.
Como toda manifestación artística, el cineno merece ser encauzado. Siempre debería fluir como pueda y quiera. De allí lo absurdo de señalar que el cine argentino debe ir por aquí o por allá. Que tal o cual modo de hacer nos beneficia como industria, nos posiciona no sé dónde o nos compromete con tales o cuales valores. Cada cual a lo suyo, sin especulaciones. Así debieran ser las cosas.
El aprovechamiento político, y a veces partidista, que se ha hecho del cine, es tan antiguo como el cine mismo. En los últimos tiempos en Argentina se ha exacerbado a la par de la famosa grieta. Las películas son buenas o malas en función de las ideas “partidarias” que representan. Y punto. Una estupidez enorme. Una película -una buena película- es mucho más que las ideas que representa y su presunto vínculo ideológico. Como todo hecho artístico que se precie de ser tal, promueve múltiples lecturas, la mayoría de ellas vinculadas con la reflexión sobre el acto creativo mismo.
Belén y Homo argentum, dos películas que se parecen
Belén y Homo argentum son dos films que se parecen mucho. Muchísimo más que lo que el común de la gente cree. Chatos y especuladores, carecen de todo ingenio y solo se dedican a ilustrar aspectos de una realidad. Cuando esa realidad es hartamente conocida -como en estos casos- solo queda que los partidarios de una y otra, frente a la pantalla, digan para sí: “claro, claro, tenés razón, así son las cosas, tal como las contás”. Van al cine a confirmar sus ideas, como se ha dicho tantas veces.
Para el espectador más flexible, ese que busca que lo sorprendan, puede que tanto Belén como Homo argentum terminen siendo un previsible telefilm políticamente correcto y un desabrido catálogo de, como dijo atinadamente un crítico, dieciséis personajes que hacen de Francella. Ninguna ofrece alternativas, variaciones de punto de vista, incomodidades, asombro. Desde el minuto cero, se sabe cómo será todo. Ni hablar de valores artísticos o estrictamente cinematográficos. Son dos productos, sí, en el sentido más comercial del término, donde todo está pensado en función de un público también previamente pensado.
La dupla Cohn-Duprat ha dado sobradas muestras de talento (El artista, El hombre de al lado, El ciudadano ilustre y varias más). Películas que pican y duelen. Homo argentum solo pica, y si duele es por la irritante presencia de Francella pretendiendo ser siempre distinto. Tampoco hay nada que se destaque en derredor del actor. Fonzi es una actriz talentosa que, antes de Belén, también guionó, protagonizó y dirigió Blondi. Pero bueno, así como los Cohn-Duprat de Homo argentum no son el Dino Risi de Los monstruos (cuyo esquema y espíritu han intentado emular), y el Guille no es Manfredi ni Gassman, Fonzi tampoco es Paola Cortellesi. La dupla se durmió en sus laureles y la que mucho abarcó, poco apretó.
Entre las estrategias de preventa, Belén (que llevó alrededor de 80.000 personas al cine) ensayó el clásico argumento de “ basada en un hecho real”. Casi siempre que apuran al espectador con eso, la película termina resultando un fiasco. Porque no suele haber valor —cinematográfico— agregado. ¿Cuál es el sentido de repetir lo que la crónica diaria ya dijo, si no creamos algo adicional? Igual, a Belén le funcionó y la feligresía progresista de festivales la llena de honores por donde pasa.
Es oficial, "Homo Argentum" llega a una plataforma de streaming.
Es oficial, "Homo Argentum" llega a una plataforma de streaming.
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Homo argentum se apoyó en Francella, pero sobre todo en la cultura Tik-tok, en la atención fugaz, en el parpadeo. También le funcionó, aunque a Risi ya le había funcionado en 1963 y haciendo además una buena película. Más de 1.800.000 espectadores vieron el film de Cohn y Duprat que, sin apoyo del INCAA le generó a éste más ingresos que cualquier otra película argentina. Uno nunca sabe para quién trabaja, sería la frase de rigor.
Es decir, a ambas las cosas les funcionaron porque han sido creadas para un público cautivo y explotando al máximo ciertos egos en honor a sus fans. El éxito social de una es el comercial de la otra, aunque ambas estén pensadas en función de taquilla y al mismo tiempo como “espejo de una comunidad”, como se decía antes. Guste o no, comparten intenciones, aunque sus modos sean diferentes. Como los políticos, lisa y llanamente. Algunos dirán que son películas oportunas. Puede ser, pero tanto como oportunistas.
La caricatura es algo que Belén y Homo argentum también tienen en común. La primera bajo la máscara de un sistema decadente y la otra con la careta del cinismo. En Homo argentum hay garcas, especuladores y mentirosos de todo tipo. Lamentablemente, la rosca está incompleta y no llega al grotesco. Se queda en una sátira epidérmica que empieza a olvidarse ni bien transcurren los títulos finales. En Belén, buenos y malos deambulan con cara de constipados, empezando por la protagonista, que no es la susodicha Belén. Y con ese rostro desfilan las caricaturas propias: abogados, jueces, periodistas, empleados públicos, médicos, policías y ¡hasta la familia completa! de la heroína Fonzi: la doctora Soledad Deza. Una abogada exitosa, siempre de punta en blanco, de muy buen pasar (pero siempre del lado de los pobres), hermosas propiedades, un hijo, una hija y un esposo que es un empalago de comprensión. Recuerda a alguien, ella.
Así como Homo argentum haría las delicias de los progresistas, aportándoles personajes nefastos fruto del neoliberalismo, el capitalismo salvaje, la burguesía arribista, etcétera; es decir, dándoles letra a sus argumentos preconcebidos; Belén haría las delicias de los libertarios, al plantear un Estado ausente desde el punto de vista judicial, policial y del sistema de salud. Los films se dan la razón entre sí, curiosamente. Claro que ni progresistas ni libertarios verían las películas del “enemigo”. Eso sí, despotrican contra ellas como si las hubiesen visto.
Por otro lado, no se puede descalificar —como muchos han hecho— a Homo argentum por mostrar lo peor de la fauna argentina. ¿Dónde está escrito que el valor de una película está en los personajes positivos, buenos, honestos? Tampoco se puede descalificar a Belén por acudir a un tema tan recurrente en los últimos tiempos. Históricamente, el menú de temas no es variado; pero sus enfoques, sí. El caso es que ambas son películas mediocres, que se tambalean ni bien uno las mira fuerte. Y que emanan —desde sus responsables reales y sus criaturas de ficción— una soberbia y un aire de superioridad que no hace más que confirmar esa mediocridad.
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Dolores Fonzi dirige e interpreta a la protagonista en su nueva película "Belén"
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Belén, que se puede ver en Amazon Prime, está nominada como Mejor Película Iberoamericana para los próximos Goya. En función de las tendencias de premiación españolas actuales, tiene bastante chance. Homo argentum la sigue levantando en pala ahora en plataforma. Allá ambas, con sus cálculos y previsiones.
Por suerte, el cine argentino también pare títulos como El jockey, de Luis Ortega (llevó poco más de 100 mil espectadores a las salas; se puede ver en Disney+). Una película cuya concepción espacial y temporal hechiza, con composiciones visuales en abismo, ricas en detalles y colores. Una historia de seres excéntricos en un mundo seductor, pero de poco fiar. Con una banda sonora estupenda, actrices y actores que “crean” por más ínfima que sea su intervención, y un director que no teme al qué dirán. Un artista que, al no hablarle a nadie en particular, les habla a todos.
El jockey, dirigida por Luis Ortega.
El jockey, dirigida por Luis Ortega.
La película sorprende con sus giros, disfruta y hace disfrutar sus imprevistos. Juega a pleno las ironías, las metáforas, la negrura y la belleza. Es mucho más argentina que aquellas dos charlatanas. Mucho más nacional y popular que las dos juntas. Aquí se trata de poco ruido y muchas nueces. Imágenes pensadas, imaginadas, no inspiradas “en” ni en función “de”. Un cuento de identidades difusas y también llamativas.
Por supuesto que, frente a El jockey, hay que hacer un esfuerzo para desencriptar el adn de la argentinidad. De eso se trata en gran medida el buen cine, argentino en este caso. De ver de qué modo nosotros también podemos ser partícipes de la creación y no unas simples cabezas que asienten lo que ya saben.