26 de mayo de 2026 - 21:33

Ansiedad, cansancio y desconexión: "Por qué tantas personas se sienten vacías aun haciendo todo bien"

El psicólogo y coach Marcelo Martínez analiza el creciente cansancio emocional y la búsqueda de sentido en la sociedad marcada por la ansiedad y la desconexión.

A cierta edad, muchas conversaciones cambian. Después de décadas atravesadas por el trabajo, las obligaciones, la crianza y la velocidad cotidiana, empiezan a aparecer otra clase de preguntas. Algunas incómodas, otras inevitables: ¿qué significa realmente estar bien y por qué, aun en medio de tantas comodidades modernas, muchas personas se sienten cansadas, con ansiedad, vacío o desconexión?

Entonces comienza una búsqueda silenciosa en temas vinculados a la salud mental, espiritualidad, vínculos humanos, religión, meditación y medicación. Pero a la vez, existe la sensación interna de que tomar un camino invalida al resto. Por un lado, hablar de bienestar remite más bien al cuerpo: hacer ejercicio, comer sano, dormir bien; ese camino fue quedando absorbido por la lógica de la imagen y el rendimiento físico. Por otro, la espiritualidad fue quedando encerrada entre dogmas, instituciones y fanatismos, aún en los ámbitos fuera de lo estrictamente religioso.

ansiedad cansancio y desconexión
Ansiedad cansancio y desconexión.

Ansiedad cansancio y desconexión.

En el medio apareció una generación entera de personas que hizo “todo lo correcto” y aun así empezó a sentirse vacía. Tal vez por eso, especialmente después de los 40 años, muchas personas comenzaron a hacerse preguntas distintas. No solamente cómo vivir más tiempo, sino cómo vivir mejor. Cómo recuperar algo de calma en una época acelerada, hiperconectada y profundamente ansiosa. Cómo encontrar sentido cuando ya no alcanza solamente con producir, resolver o sostener rutinas.

La experiencia personal como guía

Marcelo Martínez, un hombre contradictorio, formado, curioso, que mezcla ciencia, espiritualidad y experiencia personal sin quedar del todo cómodo en ningún lado, llegó a estos temas por un recorrido más desordenado que lineal. Se formó en química, administración, psicología y comunicación, trabajó durante años en el mundo corporativo y terminó acercándose a preguntas vinculadas al bienestar, la espiritualidad y la conciencia. No desde un lugar mesiánico ni como alguien que encontró respuestas definitivas, sino más bien desde una búsqueda personal que todavía, según él mismo admite, sigue abierta.

“Hasta hace pocos años eran partes de mí que estaban en tensión”, cuenta. “Había un lado científico, otro más espiritual, otro ligado al desarrollo humano y otro al mundo de los negocios. Eran como cuatro bueyes tirando para lados distintos”.

Esa tensión, dice, lo llevó a explorar caminos muy diversos: desde el management empresarial hasta experiencias vinculadas al budismo, la meditación y ceremonias con plantas maestras: “Todo eso formó parte de una búsqueda muy intensa. Y no reniego de nada. Amo todos los lugares a los que me llevó esa búsqueda. Pero sí la pasé mal muchas veces”.

Marcelo Martínez
Marcelo Martínez, químico, psicólogo, coach organizacional y comunicador social.

Marcelo Martínez, químico, psicólogo, coach organizacional y comunicador social.

El cuando el bienestar se convierte en fundamentalismo

Su punto de partida es una idea sencilla: algo se rompió en la relación contemporánea con el bienestar. “Si hablamos de bienestar, hoy quedó capturado por el fitness: cuerpos perfectos, gente igual, comidas carísimas, entrenamiento 25 horas por día. Y ahí se perdió algo fundamental, que es el cultivo del propio cuerpo”, dice. “Y si vas para el otro lado, el de la espiritualidad y la conciencia, también quedó capturado por las religiones. Entonces las dos cosas perdieron sentido”.

A partir de ahí empezó a pensar en un concepto que atraviesa toda su mirada: la plenitud. “Una persona plena es alguien que está bien con su cuerpo. Y eso no significa exigirlo o destruirlo, sino habitarlo bien. Tener un cuerpo sano, que se mueva como uno quiere. Pero además, que todo eso tenga sentido”.

La idea no resulta menor para una generación que atravesó décadas donde el éxito estaba asociado casi exclusivamente al trabajo, el esfuerzo y la productividad. Mucha gente llegó a cierta estabilidad económica y descubrió que eso no necesariamente traía tranquilidad, conexión o felicidad sino todo lo contrario: más responsabilidades, ansiolíticos, antidepresivos y medicamentos para dormir.

Comunicación que no comunica

Martínez cree que parte del problema está en cómo entendemos hoy la vida cotidiana. “El cansancio mental, la ansiedad permanente y la sensación de estar siempre apurados atraviesan generaciones enteras”, sostiene. Y agrega algo todavía más incómodo: “Confundimos comunicación con transferencia de información”.

Para él, la hiperconectividad no necesariamente mejoró los vínculos humanos. “Vos comunicás muchísimo más con una mirada, un abrazo o un silencio que mandando mensajes”, dice. “La capacidad humana de leer caras y emociones es impresionante. Pero decidimos creer que comunicarse es enviar texto e información”.

Incluso lleva esa reflexión al vínculo con la inteligencia artificial. Cuenta que suele discutir con ChatGPT y que un día, mientras debatían sobre Dios, la IA le respondió: “Yo soy un espejo tuyo. Digo lo que vos querés escuchar”.

“Ahí pensé: por primera vez me comuniqué con ChatGPT”, recuerda entre risas. “Porque comunicarse de verdad implica tensión, profundidad, contradicción”.

Espiritualidad, religión y ciencia

En cuanto a la espiritualidad o creencia religiosa, Martínez intenta despegarse de ideas rígidas o dogmáticas. “Cualquier movimiento religioso debería acompañar a la persona en la búsqueda de sentido. El problema no es la religión, sino las personas que muchas veces la conducen”.

Y va más lejos: “Si vos leés el Corán, el Evangelio, la Biblia o cualquier texto sagrado, no hablan de poder ni de aniquilar al otro. Hablan de conciencia, de amor, de no depender de lo material”.

Es ahí, donde introduce un concepto muy de moda en la actualidad: la neurociencia Martínez está desarrollando investigaciones junto a la Sociedad Científica Argentina y el Instituto Argentino de Neurociencias sobre qué sucede en el cerebro durante experiencias contemplativas, religiosas o meditativas. “Qué pasa cuando vemos belleza, cuando contemplamos, cuando oramos. El cerebro cambia radicalmente en esos momentos”, explica. “Los estudios sobre neuroplasticidad hoy están funcionando como un puente entre dos mundos históricamente enfrentados: ciencia y religión”, subraya.

La discusión lo lleva inevitablemente hacia una pregunta incómoda: por qué el ser humano parece necesitar creer. Y ahí responde con una frase que resume buena parte de su mirada: “Hay una idea todavía más radical: nacimos para creer”.

Según cuenta, existen investigaciones que muestran que el cerebro humano está preparado para construir sentido incluso cuando no tiene pruebas objetivas. “Si no creyéramos, viviríamos pensando todo el tiempo en la muerte o en lo que nos falta. Entonces necesitamos creer que eso no es así”.

Para explicarlo recurre a figuras como Albert Einstein o Baruch Spinoza, pensadores que intentaron abordar el misterio de la existencia desde lugares alejados tanto del dogma religioso como del materialismo más rígido. “¿Viste cuando le preguntaron a Einstein si creía en Dios?”, recuerda Martínez. “Él dijo: ‘Creo en el Dios de Espinosa’. O sea: Dios es todo”.

La referencia no es casual. Spinoza, filósofo del siglo XVII, proponía una idea radical para su época: Dios no como una figura humana que castiga o premia, sino como la totalidad del universo y sus leyes. Una visión que siglos después fascinó a Einstein, quien rechazaba la imagen tradicional de un Dios intervencionista pero al mismo tiempo hablaba con asombro casi espiritual sobre el orden y la complejidad del cosmos.

ansiedad cansancio y desconexión
Ansiedad cansancio y desconexión.

Ansiedad cansancio y desconexión.

Martínez también menciona otra frase atribuida al físico alemán que lo marcó especialmente: “Einstein decía: ‘Entro todos los días a mi laboratorio para demostrar que Dios no existe… y sé que no lo voy a lograr’”.

Más allá de la exactitud histórica de la cita, lo que le interesa subrayar es la idea de que la ciencia y la espiritualidad podrían estar intentando responder preguntas similares desde lenguajes distintos. “Si aceptamos que Dios es el universo, entonces las leyes del universo serían la explicación de Dios. Y la ciencia estaría buscando justamente eso”, plantea.

El budismo y la experiencia personal que cambió su visión de la religión

La misma lógica aparece cuando habla del budismo y de ciertas prácticas contemplativas. Martínez recuerda que Buda, después de años de ascetismo extremo y castigo corporal, terminó proponiendo el llamado “camino del medio”: una búsqueda alejada tanto del exceso como de la negación absoluta de uno mismo. “Menos castigo, más amor por uno mismo y por el prójimo”, resume.

En 2025 pasó un mes en el Tíbet, donde caminó hasta la base del Everest y realizó la circunvalación al Monte Kailash junto a peregrinos tibetanos, una ceremonia sagrada para el budismo. La experiencia, cuenta, terminó modificando algunas ideas que él mismo tenía sobre la espiritualidad.“Yo venía más del budismo zen , donde todo es mucho más austero: sentarse a meditar y nada más. Entonces cuando llegué al Tíbet me encontré con otra cosa completamente distinta”. Lo que describe es un universo cargado de símbolos, colores, imágenes, figuras y rituales.

Marcelo Martínez
Marcelo Martínez, químico, psicólogo, coach organizacional y comunicador social.

Marcelo Martínez, químico, psicólogo, coach organizacional y comunicador social.

Al principio, admite, sintió cierto rechazo: “Mucho objeto, muchas estatuas, muchas ceremonias”. Desde su mirada más racional todo aquello parecía excesivo. Pero algo empezó a cambiar cuando dejó de mirar solamente los rituales y empezó a observar a las personas. “Los tibetanos reaccionan como chicos”, cuenta. “Sonríen todo el tiempo. Cuando te miran se emocionan, se les llenan los ojos de lágrimas. Los nenes hacen postraciones frente a las estatuas y después las abrazan”.

Y ahí apareció una pregunta que, según dice, todavía lo acompaña: “¿Quién soy yo para juzgar la tecnología simbólica que usan, si les genera esto y a mí no?”.

La palabra “tecnología” no la utiliza de manera casual. Martínez habla de símbolos, rituales y figuras religiosas como herramientas humanas para producir determinados estados emocionales, comunitarios o espirituales, no como verdades absolutas. En ese sentido, el viaje al Tíbet le sirvió para revisar una mirada demasiado intelectual o escéptica sobre las expresiones religiosas más populares.

También lo impactó otra cosa: la capacidad de ese pueblo para sostener cierta alegría incluso en condiciones extremadamente duras. “Estamos hablando de un pueblo ocupado, dominado por China, con muchísimas limitaciones materiales”, explica. “Y aun así reaccionan desde otro lugar”.

Para él, esa experiencia terminó reforzando la idea de que el problema no está en las religiones en sí mismas, sino en el fanatismo y en la necesidad humana de convertir herramientas espirituales en mecanismos de poder o imposición. “El problema aparece cuando se confunde la herramienta con el fin”, sostiene. “Y ahí nace el extremismo. Pero eso pasa en todas las religiones. El problema no es el budismo, el cristianismo o el islam. El problema son los extremistas”.

¿Los argentinos perdimos la fe?

Pero quizás uno de los momentos más interesantes de la charla aparece cuando habla de la Argentina. “Perdimos la fe”, dice. Y aclara enseguida: “No hablo de la fe en Dios. Perdimos la fe en el otro, en el futuro, en la sociedad, en los vínculos”. No lo plantea como una acusación moral, sino como una consecuencia histórica y emocional. “Tenemos razones para eso, claro. Pero sin fe no hay proyecto posible”.

En tiempos donde la discusión pública parece dominada por el enojo, la polarización y el desgaste, su reflexión encuentra cierta resonancia en personas que atravesaron muchas etapas del país y empiezan a mirar el presente con mezcla de cansancio y desilusión.

Quizás por eso insiste tanto en recuperar algo que parece haberse vuelto extraño: la capacidad de detenerse. “En una época donde todo parece diseñado para distraernos, consumirnos y mantenernos permanentemente ocupados, tal vez la verdadera rareza sea alguien dispuesto a preguntarse seriamente para qué vivimos de la manera en que vivimos”.

Quién es Marcelo Martínez

Marcelo Martínez es químico, administrador de empresas, psicólogo y magíster en Comunicación. Desde hace más de 35 años trabaja en desarrollo de líderes, transformación organizacional y gestión del cambio, un recorrido profesional que combina formación técnica con ciencias humanas.

Marcelo Martínez
Marcelo Martínez, químico, psicólogo, coach organizacional y comunicador social.

Marcelo Martínez, químico, psicólogo, coach organizacional y comunicador social.

Se define como speaker en liderazgo consciente y management regenerativo, un concepto que propone “ir más allá de la eficiencia” para repensar la manera en que las personas trabajan, se vinculan y ejercen liderazgo dentro de las organizaciones.

Actualmente desarrolla conferencias y espacios de formación donde cruza temas vinculados al management con espiritualidad, budismo zen, prácticas contemplativas, cultura organizacional y desarrollo humano. Entre las charlas que ofrece aparecen títulos como Budismo Zen y Humanidad Organizacional, La compasión como espacio de encuentro, El conflicto como espacio de desarrollo humano o La espiritualidad como nuevo paradigma.

Según explica en su presentación profesional, su enfoque busca integrar aspectos “hard” y “soft” de la gestión empresarial, trabajando sobre liderazgo, cambio cultural y bienestar humano dentro de las organizaciones. También señala que su objetivo no es solamente “inspirar”, sino generar transformaciones en la forma en que las personas y las empresas se relacionan.

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