21 de septiembre de 2025 - 00:00

Andrés Casciani: "La obra es un ser vivo que cada vez que lo miras, es distinto"

Andrés Casciani es incansable, un artista plástico que combina dibujo, pintura, ilustración y escultura para conectar con públicos de todas las edades y llevar su arte más allá de los muros de un museo.

Andrés Casciani combina pintura, ilustración, escultura y diseño en una obra que se mueve entre lo expresivo y lo cercano, con una mirada propia que mezcla técnica, creatividad y curiosidad constante. Su trayectoria incluye decenas de exposiciones individuales y colectivas, colaboraciones con músicos, dramaturgos e ilustradores, y proyectos que cruzan disciplinas, públicos y continentes, mostrando todas las facetas de un artista inquieto y extra versátil.

Andrés Casciani nació en Mendoza en 1982 y desde muy chico su mundo tuvo colores y música: Su papá es saxofonista y su mamá, artista plástica; una combinación que, según él, le enseñó que el arte puede expresarse de muchas formas. “Dibujo desde que tengo uso de memoria y siempre supe que iba a dedicarme a esto”, cuenta con entusiasmo en su taller, tapizado de trabajos terminados y en proceso.

Andres Casciani
Andres Casciani, artista plástico.

Andres Casciani, artista plástico.

Formado en la Escuela Provincial de Bellas Artes y luego en la Universidad Nacional de Cuyo, donde se graduó como Profesor y Licenciado en Artes Visuales, Casciani no se limitó a los títulos: su pasión siempre lo llevó a explorar distintas técnicas y soportes. Dibujo, pintura, grabado, escultura, ilustración e incluso caricatura forman parte de su repertorio, y también ha diseñado etiquetas de vino, portadas de libros y escenografías teatrales.

Con 29 exposiciones individuales y más de 70 colectivas realizadas en Mendoza, Buenos Aires y Estados Unidos, su obra ha logrado trascender el ámbito local. En 2025, sus ilustraciones animadas se sumaron al Acto Central de la Fiesta Nacional de la Vendimia, una de las celebraciones más importantes de la provincia, mostrando cómo su arte puede dialogar con el público en contextos muy distintos.

Más allá de las muestras y los reconocimientos institucionales, Casciani destaca por su capacidad de involucrar a la comunidad. En 2017, pintó en vivo un homenaje al músico Andrés Carrión, que donó a la Escuela de Rock “Mario Matar” de Guaymallén.

Casciani no se detiene en la frontera física de Mendoza. Sus ilustraciones han llegado a otros países, colaborando con músicos e ilustradores de Irlanda, España y Estados Unidos. Participa en proyectos de videoarte, poesía e ilustración, y sus obras infantiles llegaron el fin de semana pasado a un escenario local con la obra “Quiero la luna”, de Pinty Saba.

El artista, que también está muy presente en redes sociales y mantiene un blog con su trabajo, afirma que la clave de su carrera es la curiosidad constante y la capacidad de adaptarse a distintos formatos y públicos.

Mientras estábamos en su taller, unas esculturas pequeñas, en forma de caricatura acaparan la atención.

—¿Estos bustos caricaturescos son tuyos?

—Claro. Honoré Daumier fue el primer caricaturista en exponer en un museo, como el Louvre, reconociendo como arte este tipo de esculturas. Y para mí era una inspiración el cruce entre el mundo del humor y las artes plásticas, que muchas veces carga con prejuicios. Durante mucho tiempo estuvo el concepto de las artes oficiales y “las otras”, que estaban por debajo. Y todo lo que a mí siempre me motivó, lo que me dio ganas de ponerme a hacer obras, era justamente ese lado de la historieta, de la ilustración, de la animación. Siempre fueron mis inspiraciones. Y Daumier es uno de los grandes artistas que me representó eso.

—¿Cómo saltaste del dibujo a las esculturas?

—Para practicar volumen. Me empecé a copar porque aparecieron cosas que se integran bastante con el otro laburo que hago. Y acá tenés diferentes técnicas: esto es un trozo de yeso tallado con cuchillo (muestra un busto del conejo de Alicia en el País de las Maravillas). Yo le digo muñecos, pero son esculturas, como muñequitos coleccionables. En cambio esto (un busto caricaturesco de Luis Alberto Spinetta) es barro modelado que después lo dejé secar. Y tiene hasta aspecto de porcelana por el brillo. En realidad, los que hacen cerámica se mueren cuando lo ven porque yo no los he horneado, los tengo hace muchos años.

El remolino creativo de Andrés es infinito. Parado en su taller, gira sobre su propio eje para mostrar otras obras: un Joker, un Atahualpa Yupanqui, pequeñas piezas escultóricas, grabados, collages, ilustraciones digitales…

— (continúa hablando) La búsqueda es un poco estar rompiendo todo el tiempo el límite entre lo ilustrativo, lo vivo, lo que se relaciona con la caricatura, con el humor, y lo otro, con técnicas más relacionadas con el grabado. Esto es una técnica de grabado que se llama “taco perdido”. He hecho varios, acá hay unos más chiquitos que les llamo “estampitas”: un San Pugliese y un Eternauta.

—¿Cómo es la técnica exactamente?

—Primero, en el MDF sacás lo que querés que sea blanco. La primera etapa es cortar lo blanco. Después imprimís con registro: no se tiene que mover el taco ni la hoja, todo se mide con ángulos. La primera impresión es el primer color. Tirás una serie de copias que van a ser limitadas, después cortás en el mismo taco lo que querés que quede de otro color porque sabés que el próximo va a tapar lo que quede. Entonces ves las etapas conviviendo. A medida que vas tallando el taco, no podés volver atrás. Por eso se llama “taco perdido”.

Andres Casciani

—¿Trabajás distintas técnicas con diferentes materiales todo el tiempo?

—Sí, con tintas, con materiales tradicionales como lápices, con pintura en acrílicos, con collage —como esos dibujos hechos con papeles recortados— y también con lo digital que trabajo en computadora y se presenta como impresión. Pero para mí el dibujo es el centro de todo, la madre de toda la estética con la que me manejo. Le llamo “la voz cantante”, es como la línea expresiva que sale de la tinta china con pluma.

—¿A qué edad?

—A los 20 años, pero en realidad yo dibujo desde que me acuerdo, desde antes de saber escribir ya sabía que me iba a dedicar a esto, y me ponía con horarios para trabajar a los 11 o 12 años, como si fuera un historietista. Me gustaba lo del humor gráfico: Quino, Garfield y esas cosas. A los 13 años, me prestaron una colección de Revistas Fierro y eso fue como una revelación porque empecé a ver un tipo de humor gráfico que mezclaba historieta con artes plásticas, obra de artistas como Scafati, Carlos Nine, Hermenegildo Sabat, Carlos Alonso. Yo no me conmovía con un Rembrandt, pero sí me llegaban mucho las historietas y animaciones. Y a través de eso como que se me abrió el mundo de las artes plásticas que fue entrando cada vez más, hasta que realmente aprendí a disfrutarla y terminé haciendo la carrera.

—¿Qué pasó en ese momento?

—Cuando aparecen las artes plásticas vienen con diferentes técnicas. Yo trabajo mucho en acrílico, el grabado, aunque también he laburado pintura. Lo que trato de hacer es alimentar todas las técnicas tradicionales porque considero que todas se retroalimentan y se enriquecen entre sí. Cuando entré a la carrera de Artes Visuales en la Universidad de Cuyo, elegí la especialidad en grabado porque me gustaba mucho las posibilidades técnicas que tenía eso y tiene mucho que ver con el lenguaje general que yo manejo, la lógica de gráfica que vienen del grabado, esa forma del trazo contínuo que organiza todo.

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—¿Otro salto del grabado al dibujo?

—Sí, pero la ilustración apareció cuando yo medianamente comprendí esto, porque ahora lo expreso con facilidad, pero me tuve que ir dando cuenta solo, no lo tenía claro, y para mí fue como un salir del closet, descubrir que lo que me llegaba era esto (NdR: una confluencia de técnicas) y no las artes plásticas tradicionales. Incluso, cuando hablamos de arte contemporáneo, tampoco es algo con lo que me sintiera muy identificado. Respeto mucho esos laburos, porque hay cosas que están muy muy bien hechas, con mucha pasión, pero siendo sincero no era el motivo por el cual yo me sentía atraído. Cuando me cayó la ficha, sentí una liberación.

En ese momento comienza una larga charla acerca de cómo la ilustración interpreta al texto y le da forma. Acerca una pila de publicaciones ilustradas por él: poemarios, libros de cuentos, infantiles…

—¿Qué diferencia hay entre un dibujo y una ilustración?

—Que el dibujo puede partir de elementos totalmente libres o puede ser un paisaje que estás viendo y lo representás. Eso serían artes plásticas. En cambio, la ilustración acompaña una narrativa. Y en ese sentido se acerca al lenguaje del cine, de la historieta. Yo busco la narrativa que plantea el autor, entrar en esa atmósfera y que el estilo del trabajo haga un contrapunto.

—¿Entonces cómo te definirías?

—Yo diría que soy artista plástico e ilustrador, porque son como dos cosas que se acompañan, pero a veces son disonantes. Incluso para mí fue una liberación no buscar que esas cosas estuvieran todas perfectamente realizadas, o sea, convivir con el error.

—¿Quiénes sentís que fueron tus maestros?

—Osvaldo Chiavazza, es mi gran maestro porque con él aprendí pintura, el laburo en taller, escultura, hicimos mucho. Es como un artista del Renacimiento que está acá. También aprendí con Gastón Alfaro, de ahí tengo mucho del expresionismo, de esa cosa fuerte. Gastón aparte es el padre de mis dos hermanos, entonces tuvimos mucha proximidad y era una imagen que yo tenía desde chico en lo artístico. Y también aprendí, aunque por muy poco tiempo aunque para mí es un maestro, con Marcelo Marchese. Con él metí la parte de caricatura.

Andres Casciani

—¿Todos estos estilos están presentes en tu trabajo actual?

—Sí, hay una ensalada de todas esas cosas.

—Sin embargo, tu estilo tiene un sello propio muy característico

—Eso es lo que te digo: la voz. Pero también me abro cada vez más a esa cosa orgánica de que es la pintura por sí misma, el dibujo por sí mismo. Por eso vas a ver que hay también paisajismo en vivo, experiencias que se acercan al impresionismo incluso, y cada vez disfruto más de todo eso, de la disolución de esa búsqueda de una característica pura. Cada vez respetás más el material por sí mismo y querés intervenir menos. Antes forzaba que todo fuera lo que yo quería. Ahora me fascina ver las cosas como son, incluso un fondo simple me impacta. Casi todo lo que hago lo corrompe menos que su estado original. Es la percepción y el sentir lo que importa.

—Una vez, en un restaurante, te vi dibujando en un cuaderno. Ahora veo que tenés muchos repletos de dibujos ¿Los usas para inspirarte?

—Todo esto es práctica, como precalentar. Tengo varias pilas de cuadernos de varios años. La idea es ejercitar la forma por sí misma, sin buscar estilo, narrativa o temática. Sirve para cualquier otro trabajo que haga después, incluso pintura abstracta. Ni siquiera figuración: composición, línea, textura, color, claro—oscuro… todo eso nutre mi léxico visual.

Andres Casciani

—¿Te han ofrecido comprarlos?

—Sí, hay gente interesada. Pero lo valioso es la apertura al estado de percepción, experimentar la génesis de la forma, percibir cómo todo se interconecta, casi como entrar en la “Matrix” de la forma. Es un estado casi meditativo. Salgo a la calle y noto colores, texturas, el cielo… antes no captaba nada. Es frenar y ver, todo lo contrario al ritmo vertiginoso de información de hoy. El arte te calma y te sensibiliza.

—¿Cómo manejás tu gran productividad?

—Soy muy racional y organizado, trabajo de manera estable, no solo esperando inspiración. Trabajo todos los días en grabado, pintura o lo que haga falta. La inspiración existe, pero te tiene que encontrar trabajando. Todo lo que hago es parte de un todo orgánico. La cantidad no define calidad, sino la constancia y el flujo creativo.

—¿Creés que tu obra podría estudiarse en el futuro en periodos, como los clásicos?

—Difícil, trato de que todo se mezcle y sea un todo orgánico, como hacía Paul Klee con su catálogo. Mis obras, incluso de hace 20 años, están interconectadas. Juego con los lenguajes, mezclo lo antiguo con lo reciente.

—¿Qué opinás del sistema de mercado del arte?

—Es perverso y cínico: mercantiliza el arte como moneda de cambio. Por ejemplo, memecoins o subastas multimillonarias de artistas muertos. Pero el arte verdadero es mucho más que eso: es percepción, vida, sensibilidad, comunicación y también una pulsión estética humana.

—¿Qué significa el arte para vos?

—Es una manera de vivir, estar presente y sentir la vida. Es como una lupa que te hace notar colores, formas, detalles. La percepción del arte no depende de la comercialización ni del reconocimiento: es el canalizador de la experiencia, la observación y la emoción.

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Ping Pong de preguntas y respuestas

-Música preferida: La música de diversos géneros me acompaña constantemente. Spinetta, Charly García, Tom Waits, The Beatles, Morphine, Pj Harvey, Smashing Pumpkins, Piazzolla y Satie son presencias constantes.

-Lugar del mundo: Mendoza, dar por sentado lo cercano te vuelve ciego a lo que te rodea.

-La IA como una forma de arte: Es una herramienta más, con los desafíos propios que presenta toda ruptura de paradigma.

-Deporte favorito: Es lo más distante a mi existencia pero disfruto muchísimo caminar.

-Primer recuerdo con el arte: La emoción de dibujar variaciones de personajes de animación o historieta con compañeros en la primaria, el vértigo de reversionar me abrió un universo de paisajes internos.

-Un libro que releas seguido: Cuentos de Kafka y sus Diarios, la poesía de Pizarnik, entre muchos otros.

-Guilty pleasure creativo: Seguir compulsivamente bots de artistas clásicos en Twitter

-Manía mientras trabajás: Escuchar millones de veces los mismos discos.

Andres Casciani

Reconocimientos y señales de prestigio en la escena mendocina

Aunque no aparecen numerosos premios formales, la trayectoria de Andrés Casciani registra reconocimientos concretos en forma de nominaciones, exhibiciones institucionales, publicaciones y convocatorias que posicionan su obra en la agenda cultural de Mendoza y del país, consolidándolo como una voz visible del circuito artístico e ilustrativo local: su currículum público registra alrededor de 29–30 muestras individuales y más de 70–74 exposiciones colectivas en Mendoza, Buenos Aires y Estados Unidos, dato que subraya un reconocimiento sostenido por parte de galerías, espacios municipales y ferias especializadas.

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En cuanto a distinciones formales, la constancia documental es más moderada: figura como finalista del Premio Clarín 2018, una mención relevante en el campo editorial e ilustrativo, según reseñas y registros de su obra en blogs y fichas biográficas. Más allá de los galardones tradicionales, su trabajo ha recibido reconocimiento público a través de convocatorias e invitaciones: en 2025 sus ilustraciones animadas fueron incorporadas al dispositivo audiovisual de la Fiesta Nacional de la Vendimia, un espacio de alta visibilidad para artistas locales que funciona como termómetro cultural de la provincia.

La presencia de Casciani en espacios institucionales también constituye un reconocimiento simbólico: en los últimos años expuso en la Sala Libertad (Guaymallén) y presentó muestras en la Legislatura de Mendoza.

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Además, su producción como ilustrador aparece en medios y editoriales de alcance nacional e internacional (entre ellos La Nación, editoriales del Grupo Penguin/Random House y varias revistas especializadas), otra forma de reconocimiento profesional que amplifica su visibilidad fuera del circuito expositivo local.

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