Es frecuente escuchar en los distintos tipos de mensaje cómo una palabra común es deformada por la adición de una vocal superflua: se trata del vocablo ‘monstruo’ que, erróneamente, es pronunciado ‘mounstruo’, con una ‘u’ en la primera sílaba, que torna muy difícil su correcta dicción. De origen latino, el término ‘monstruo’ deriva de la palabra “monstrum”, que tenía en esa lengua un sentido religioso pues tomaba el significado de “prodigio, suceso sobrenatural que advertía una señal de los dioses”. Se vinculaba al verbo “monere” que significaba, precisamente, “advertir, avisar”. En la actualidad y según nuestro Diccionario integral del español de la Argentina, el vocablo ‘monstruo’ posee distintas acepciones: puede nombrar a un ser con cualidades muy diferentes de las consideradas normales en su especie, como en la expresión ‘monstruo de dos cabezas’. También, puede designar a un ser o cosa de mucha fealdad o de tamaño desmesurado que causa temor o rechazo: Cuando los niños lo vieron, se espantaron por el aspecto horrible de ese monstruo. En la literatura y en el cine, un ‘monstruo’ es un personaje fantástico, generalmente caracterizado de forma negativa, ya por su fealdad, ya por su crueldad: Todos sentían terror y rechazo cuando ese monstruo salía a escena. Coloquialmente, se llama ‘monstruo’ a toda persona que demuestra mucha maldad o que es muy cruel: Lo odian porque es un monstruo que se solaza haciendo sufrir a los demás. Pero no necesariamente, al hablar de ‘monstruo’, nos estamos refiriendo a alguien con las características negativas señaladas: también se puede aludir con el término a una persona que posee cualidades extraordinarias y excelentes para algo: Al salir a la cancha, la multitud lo aclamó como el monstruo del equipo. Si se refiere el término a una cosa o a una empresa, se querrá indicar que poseen grandes dimensiones: Prefiero trabajar en un negocio pequeño y no en un monstruo internacional en el que nadie te conoce. Una aplicación casi desconocida es la que define ‘monstruo’ como el “conjunto de versos sin sentido que el maestro compositor escribe para indicar al libretista dónde ha de colocar el acento en los cantables.
Con el sustantivo ‘monstruo’ forman familia léxica el adjetivo ‘monstruoso’ y el sustantivo ‘monstruosidad’: en ninguno de los dos vocablos aparece en la primera sílaba esa vocal adicional ‘u’, que torna dificultosa la pronunciación. El adjetivo sirve para nombrar a quien manifiesta cualidades muy diferentes de las consideradas normales en su especie, contrarias al orden de la naturaleza: En el fondo del lago, nadaba un ser monstruoso, que no se parecía en nada al resto de los peces que allí habitaban. En la vida diaria, llamamos ‘monstruoso’ a todo lo que es desmesurado en tamaño, cantidad o intensidad: La deuda, con el correr del tiempo, llegó a ser monstruosa. Connotación negativa es también la que se aplica a aquello que se considera reprobable desde el punto de vista moral o contrario a la razón: El tribunal condenó por unanimidad la conducta monstruosa de ese pedófilo. En cuanto a ‘monstruosidad’, el vocablo nombra la condición de aquel ser que manifiesta cualidades muy diferentes de las consideradas normales en su especie: Es una monstruosidad su accionar tan reñido con las buenas costumbres. Una fealdad extrema puede también ser nombrada como una ‘monstruosidad’: Su monstruosidad asustaba a los más pequeños. Igual que con el resto de las palabras de esta familia léxica, el sustantivo ‘monstruosidad’ puede designar un acto reprobable por ser contrario a la moral o a la razón: Esas acciones vergonzosas son verdaderas monstruosidades.
En el vocablo que acabamos de considerar, el error en su pronunciación ha consistido en agregar en una de sus sílabas una vocal antietimológica; pero, en otros casos, el hablante cambia una vocal por otra, por asociación con otras formas existentes en la lengua. Es lo que sucede con la confusión entre el verbo ‘verter’ y una errónea forma *vertir. El verbo correcto es ‘verter’, que deriva del latín “vertere”, con el significado de “girar, dar la vuelta, derribar, cambiar, convertir”. En español conservamos esa multiplicidad de valores significativos: en primer lugar, ‘verter’ es “derramar o vaciar un líquido en algún lugar: Debe verter dos tazas de leche en esa cacerola. También se puede utilizar para significar “echar en un recipiente cosas menudas o disgregadas”:
Vertió harina y sal sobre la mezcla. Además, puede ser equivalente a “inclinar un recipiente para vaciar su contenido”: El mozo vertió el contenido de la botella en dos vasos”. En el ámbito de la traducción de textos, se habla de ‘verter’ para indicar que se produce el pasaje de una lengua a otra: Un buen ejercicio para el alumno que está aprendiendo una lengua clásica consiste en verter oraciones del español al latín o al griego. Coloquialmente hablando, se usa ‘verter’ para indicar que algo se dice contra alguna persona con mala intención: El vendedor ambulante vertió groseras amenazas contra los inspectores. Si se habla de líquidos que fluyen, se puede usar ‘verter’ para señalar el agua que corre por una pendiente: Podía pasar horas deleitándose al escuchar el rumor del agua al verterse sobre un precipicio. Finalmente, en relación con un río o arroyo, este verbo puede indicar que ellos desembocan en otra corriente: Ese afluente vierte sus aguas en el Paraná.
En la familia léxica, encontramos los sustantivos ‘vertedero’ y ‘versión’; el primero indica el lugar en el que se vierte algo; el segundo, en cambio, se usa como equivalente a “traducción”.
‘Verter’ es un verbo irregular, cuya conjugación nos da, en el presente ‘yo vierto’ o ‘ellos vierten’’, con diptongación de la ‘e’ en ‘-ie-‘; en el futuro, diremos ‘yo verteré’, en tanto que en el pretérito perfecto simple las formas correctas son ‘yo vertí’, ‘él vertió’ y ‘ellos vertieron’. La forma *vertir no existe, ni tampoco *virtió, *virtieron o *vertiré, formas que se suelen escuchar por asociación con la conjugación de los verbos ‘divertir’, ‘convertir’, ‘revertir’ o ‘advertir’.