18 de enero de 2020 - 00:00

Cuando de jugo se trata - Por María del Rosario Ramallo

La definición de ‘jugo’ nos arroja distintos valores: pedimos un jugo de naranja o decimos que le sacamos el jugo a una situación.

El extranjero mira asombrado a su interlocutor que acaba de decir “Le saqué el jugo a ese libro nuevo”. Evidentemente, lo que esa persona no podía comprender tenía que ver con el vocablo ‘jugo’ y su asociación con el verbo ‘sacar’ y con el ‘libro nuevo’.

La definición de ‘jugo’ nos arroja distintos valores: el primero, “zumo de las sustancias animales o vegetales sacado por presión, cocción o destilación”: “Le gusta desayunar con cereales y jugo de naranjas”. El segundo valor, en sentido figurado, es “parte provechosa, útil y sustancial de cualquier cosa material o inmaterial”; precisamente, con esta segunda acepción, se vincula la oración transcripta al comienzo, con el significado de aprovechar lo sustancioso de ese libro nuevo. En relación con ello, nuestro Diccionario integral del español de la Argentina nos da la locución ‘sacarle el jugo a algo’ como equivalente a “aprovechar al máximo las posibilidades que brinda un objeto o situación: “Sabe sacarle el jugo a cada una de las nuevas aplicaciones”.

Además de estos valores primarios, también ‘jugo’ puede indicar el líquido que segregan algunas glándulas humanas y animales; en ese sentido, se habla de ‘jugo gástrico’ y de ‘jugo pancreático’.

En relación con ‘jugo’, encontramos el adjetivo ‘jugoso’ que, como el vocablo del cual procede, puede señalar a lo que tiene jugo, como en “jugosos limones”; también, si se refiere a un alimento, “que es rico en valor nutritivo”, y finalmente, en sentido figurado, “lo que es valioso y estimable”: “Obtuvo jugosas ganancias”.

Si nos remontamos a la etimología de ‘jugo’, llegamos al vocablo latino “sucus’, cuyo rastro encontramos hoy en el adjetivo ‘suculento’; su valor significativo está íntimamente relacionado con nuestro ‘jugo’. En efecto, ‘suculento’ es “jugoso”, pero también, aplicado a una comida, “que es abundante, sustanciosa, nutritiva, exquisita”: “Servían suculentos manjares”. Este primer valor se hace extensivo a todo aquello que es grande y productivo, con importantes beneficios económicos, como en “Se dedica al suculento negocio del petróleo”. Este adjetivo puede también aplicarse a una planta o a una parte de ella, que almacena agua y es grande, blanda y jugosa: “Me regalaron una planta de hojas suculentas”.

En relación con ‘jugo’, encontramos el sustantivo ‘jugosidad’, que designa la cualidad de lo que es jugoso; al respecto, leemos un ejemplo dado en las redes: “El estilo se depura y las palabras y la frase se ciñen al pensamiento sin perder su jugosidad y, a veces, con algún arabesco de fino y leve lirismo”.

¿Qué verbo suele también asociarse a ‘jugo’? El verbo ‘exprimir’, cuyo valor todo conocemos como “extraer el jugo de una fruta, especialmente un cítrico”. Pero a ese significado corriente se le suma el sentido figurado y coloquial de “aprovechar al máximo la capacidad de alguien o algo para obtener su mayor rendimiento”: “Sabe exprimir los valores de sus subordinados”. Ese aprovechamiento puede llegar a un extremo si lo que se quiere resaltar es el hecho de “explotar a alguien, haciéndolo trabajar al máximo por poca retribución”: “No es un buen jefe, sino que exprime a quienes trabajan con él”.

Casi ninguno de nosotros relaciona ‘jugo’ con el verbo ‘enjugar’; en efecto, este verbo proviene de la forma del latín tardío “exsucare”, que significaba “dejar sin jugo” y que hoy toma el valor de “quitar la humedad superficial de algo, absorbiéndola con un paño o una esponja”: “Enjugó la humedad de la frente con un fino pañuelo”. La mayoría de las veces, asociamos ‘enjugar’ a los vocablos ‘lágrimas’ y ‘sudor’: “Rápidamente, se enjugó las lágrimas para que él no advirtiera su tristeza” y “Debió enjugar el sudor de su frente con una pequeña toalla”. Figuradamente, ‘enjugar’ vale como “liquidar una deuda o hacer desaparecer un déficit”: “El liquidador se ha encargado de enjugar tremenda deuda”. El refranero español recoge el término y, para referirse a los aspectos meteorológicos, dice “Agua de mayo no cala el sayo y, si alguna vez lo caló, pronto lo enjugó”, para indicar que la lluvia de ese mes es superficial y ligera y puede ser secada rápidamente.

Erróneamente, algunas personas confunden ‘enjugar’ con ‘enjuagar’; ello ocurre porque tienen su parte significante similar, pero ‘enjuagar’ tiene el valor de “limpiar la boca y dentadura con un líquido adecuado”, como en “Se enjuagó la boca con ese preparado fresco”; también, “aclarar y limpiar con agua lo que se ha jabonado o fregado”, como en “Enjuagó prolijamente la ropa hasta que no quedó el menor vestigio de detergente”.

El refranero tiene algunas muestras de los distintos valores de ‘jugo’; así “No se ha de exprimir tanto la naranja que amargue el jugo” es un refrán que, metafóricamente, aconseja ser prudente al tratar de aprovechar la capacidad de algo o de alguien, para que no se transforme en explotación; se alude al hecho de no exprimir demasiado la naranja para que sus elementos amargos no echen a perder la dulzura característica de esta fruta en sazón. “La vida es como las naranjas: hay que sacarles el jugo a tiempo”: este refrán presenta la conveniencia de encontrar el momento justo para disfrutar de lo bueno que nos ofrece la vida. Junto a estos dos refranes españoles, nuestro Diccionario de americanismos nos da algunas frases, con significados regionales, así, ‘dar jugo’ equivale a decir necedades e incoherencias, dar la lata. Su origen se asocia a la actitud del borracho, que cuando toma en exceso empieza a decir incongruencias; comparándolo con la fruta demasiado madura que cuando está a punto de podrirse, suelta una especie de jugo. En Chile, ‘dar jugo’, es “no hacer nada productivo”. En cambio, también en Chile, decir ‘al jugo’ significa “con mucho sudor”; en Venezuela y Ecuador, ‘en su jugo’ equivale a decir “en su ambiente”. En Cuba, ‘no decir ni jugo de piña’ es sinónimo de “no decir nada”.

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