Lejos quedaron los años en los que el modelo de tipo de cambio competitivo alentaba las exportaciones argentinas, en general, y de nuestros productos vitivinícolas en particular.
Lejos quedaron los años en los que el modelo de tipo de cambio competitivo alentaba las exportaciones argentinas, en general, y de nuestros productos vitivinícolas en particular.
La vitivinicultura argentina exporta tres bienes, principalmente: vinos fraccionados con y sin identificación varietal, vinos a granel con idéntica categorización y mostos concentrados.
Sin embargo, el mejor indicador para observar lo que viene ocurriendo con la competitividad de nuestra industria madre es analizar solamente las salidas de vinos fraccionados, ya que tanto las exportaciones de graneles como de mostos dependen de otras variables, como por ejemplo la disponibilidad de materia prima.
En los tiempos de tipo de cambio competitivo, las divisas que ingresaban por el envío de vinos fraccionados al exterior crecían a tasas que rondaban el 25% anual. Mientras que desde hace tres años a la fecha, han comenzado a mostrar un descenso sistemático.
En 2011 crecieron al 7%, en 2012 lo hicieron al 5% y el año que acaba de terminar, probablemente, muestre tasa negativa por primera vez, desde la salida de la convertibilidad.
Ahora bien, cuando el análisis se realiza sobre los volúmenes exportados, la cuestión se torna aún más preocupante, ya que desde hace tres años se vienen registrando tasas negativas de crecimiento en las exportaciones de varietales fraccionados.
Mientras que los sin identificación varietal vienen cayendo desde hace 5 años a una tasa promedio de 17% anual.
La situación actual no es peor, solamente, por el incremento que ha venido mostrando el precio del vino en el mercado internacional (en dólares).
En el caso de los varietales fraccionados, la tasa promedio de crecimiento anual en los precios durante los últimos 8 años fue de 6,5%.
En tanto que la tasa de devaluación anual promedio para el mismo período fue de 8%.
Sumando estos dos efectos positivos para la competitividad, no alcanzan a compensar el efecto perjudicial de una tasa de inflación anual promedio de más de 20% registrada durante el mismo período.
En suma, todos los caminos conducen a Roma. Es la inflación el flagelo que está carcomiendo día a día la competitividad de la economía argentina en general y de las economías regionales en particular.
Por tanto, hay que tomar medidas para contrastarla, todo lo demás (subsidios para fletes, dólar diferencial, etc.) son parches que tarde o temprano terminarán fracasando.