17 de noviembre de 2013 - 03:43

Crónica de violaciones silenciadas

En 2004 salió a la luz un terrible caso de pedofilia en un exclusivo colegio católico de Buenos Aires. Peter Malenchini, un profesor de plástica, había abusado de al menos 9 de sus alumnos a principios de los '70. Las víctimas lo denunciaron 30 años despu

El martes 27 de julio de 2004, por el canal América y en el programa Código Penal que conducía el periodista Rolando Graña, dos invitados desconocidos y de más de 40 años, se sentaron frente al periodista. Eran los hermanos Belgrano; uno de ellos, Juanqui, ya era sacerdote y vestía como tal; el otro, llamado Luis María pero le decían Tupa.

El periodista Graña hizo la introducción para los espectadores: "Vamos a hablar de un caso de violación de menores. Y algo que sucedió en uno de los lugares más aristocráticos de Argentina. Sucedió en San Isidro". El periodista hacía referencia al colegio San Juan el Precursor; institución de gran raigambre católica a la que sólo asisten hombres.

Los casos de violación habían ocurrido entre fines de los '60 y principios de los '70 cuando las víctimas (entre ellos los hermanos Belgrano, descendientes del prócer Manuel) eran niños de entre 10 y 13 años.

El hombre al que acusaban de las vejaciones se llama Peter Malenchini, un profesor de plástica -para las épocas de las violaciones tenía unos 25 años- que seducía a sus alumnos hijos de familias acomodadas de San Isidro durante viajes de estudios o en su propio taller de artes que tenía cerca del colegio.

Tupa habló para las cámaras a cara descubierta. "La primera vez que me pasó fue en el auto de Malenchini cuando íbamos a un campamento, el resto de mis compañeros viajaba en un colectivo alquilado. Otro docente manejaba y a lado iba otro alumno. Yo iba atrás con él. En ese momento hizo que se la chupara. Yo no entendía absolutamente nada. Me callé. ¿Los de adelante se daban cuenta? Era una vergüenza. Lo que tenía era un dominio total del niño. Desde el amor porque yo lo amaba. Él era un manipulador perfecto".

Su hermano, el sacerdote Juanqui Belgrano, no hablaba tanto como Tupa pero sí confesó que él también había sido abusado por Malenchini. Cuando Graña le preguntó si sabía que esa denuncia mediática les acarrearía problemas, el cura no se puso nervioso y soltó: "No creo; sólo la verdad nos hará libres".

***

Aquella noche de invierno de 2004 y del otro lado del televisor, estaba el periodista Nicolás Cassese, ex alumno del San Juan el Precursor. Y sintió que la historia le tocaba de cerca. Las preguntas de todo periodista que se embarca en un libro lo invadieron. ¿Esto pasó en mi colegio y yo nunca me enteré? ¿Cómo pudieron guardar ese secreto tanto tiempo?, se preguntó.

"Lo que me interesaba más allá del delito de pedofilia, era entender cómo se formó un secreto que duró tantos años. Y me puse a investigar", cuenta Cassese del otro lado del teléfono.
De acuerdo con la investigación del periodista, los abusos de Peter Malenchini se sucedieron durante años. Antes de los dichos de los hermanos Belgrano, hubo otro alumno que confesó los vejámenes en una reunión cuando se cumplían los 25 años de egresados del colegio.
 
Este hombre, llamado Carlos Gontad (Charly) -quien luego moriría de un infarto- fue el primero que contó ante sus ex compañeros, lo que el profesor le hacía. Se sabe que Malenchini vejó al menos a 9 menores en aquella época. Lo que pasó fue que la denuncia mediática se hizo 34 años después, cuando el delito penal ya estaba prescripto.

***

A fines de los '60 Peter Malenchini era el docente que todo chico de entre 10 y 12 años desea tener en un colegio como el San Juan el Precursor. Piola, simpático, portador de pelo largo y confidente de los alumnos, era el profe en quien más confiaban. Los llevaba de viaje a Córdoba o a Bariloche en excursiones que duraban más de 10 días.

Allí sumaba todo: la confianza y admiración de sus alumnos (a quienes antes les hacía tarea de inteligencia para saber si daban como futuras víctimas), la lejanía de los padres de los chicos, la oscuridad en la noche de un campamento. Y entonces lo hacía una y otra vez.

Los chicos de entonces se confundían. Escasamente desarrollados sexualmente, con grandes prejuicios católicos, y sobre todo niños, no entendían bien lo que Malenchini les hacía o le pedía que ellos le hicieran. Para asegurarse su impunidad, el docente les explicaba que, a la hora de confesarse con el sacerdote del colegio (algo que debían hacer semanalmente), sólo dijeran que "habían hecho cosas malas, sin profundizar en detalles". Los menores le hacían caso.

***

Aquel programa de Rolando Graña, en 2004, no sólo contó los testimonios de los hermanos Belgrano. El corolario fue una cámara oculta que un grupo de ex alumnos de Malenchini le habían preparado asistidos y asesorados por el abogado mediático Mariano Cúneo Libarona.

De ese modo, el docente salió por televisión solicitando el perdón de sus víctimas ante ellas mismas. "No sabía lo que me pasaba, estaba enfermo. A mi me pasó lo mismo cuando era chico, así que los entiendo. Como los entendería si me quieren cagar a trompadas ahora mismo", se delataba solo el profesor ante cámaras ocultas que los ex alumnos habían colocado en la corbata de uno de ellos y en la agenda de otro.

***

{fotorem:566484:fotorem}

"Lo que más me llamó la atención a la hora de escribir la historia -cuenta Cassese- fue, más allá del delito en si, el secreto de tanta gente que tuvo conocimiento de todo y que calló. Como el caso de monseñor Laguna, otros religiosos, hasta el mismo cura del colegio, Jorge Castagnet (hoy fallecido) y hasta familiares de algunos de los menores abusados. Hay que tener en cuenta el contexto histórico también, como que ocurrió hace más 40 años. Y también la atmósfera conservadora de esa porción de San Isidro que prefería asentir en silencio lo que pasaba antes de que se desatara el escándalo".

***

La madre de Juanqui y Tupa Belgrano, a quien llamaban Piru, se dio cuenta de que algo extraño pasaba entre sus niños y Malenchini en 1976. Una vez que Peter había ido a almorzar a lo de los Belgrano (el docente era, además, amigo de esa familia) y deslizó su mano por la cabeza de Juanqui.
 
Piru notó algo parecido al asco en la reacción de su hijo. Comenzaron las dudas hasta que por fin el chico le confesó a su mamá algunos de los abusos. Los Belgrano fueron a ver a Malenchini y a las autoridades del San Juan el Precursor. Pero las quejas -que incluyeron cartas e insultos en la vía pública de parte de Piru a Malenchini- nunca prosperaron.

El silencio de las autoridades católicas también ayudó bastante a que el escándalo no estallara. Apenas, los religiosos, habían logrado que el profesor sospechado de pedofilia no diera más clases en el colegio. Pero Malenchini ya estaba casado, tenía un par de hijos y vivía en San Isidro como un vecino más.

***

{fotorem:566483:fotorem}

Hacia 2003, antes del escrache televisivo, un grupo de cuarentones ex alumnos del San Juan que había tomado conocimiento de aquellos abusos (entre los que estaban los hermanos Belgrano) comenzaron una campaña contra Malenchini que consistía en pegatinas de afiches por sitios clave de San Isidro (como la puerta del colegio), en los que acusaban al profesor de aquellas violaciones.

Malenchini todavía vivía allí y hasta había alcanzado cierto prestigio como artista plástico preferido de algunos ricos y famosos como la modelo Nicole Newman. Hacía muestras en Punta del Este, por ejemplo. Ese escrache con afiches fue el principio del fin para el docente, quien les rogó a sus ex alumnos que pararan con eso. "Me están haciendo mierda", les dijo.

***

Después de la cámara oculta en el programa Código Penal en 2004, Peter Malenchini abandonó San Isidro para siempre. Dejó a su familia y se le perdió el rastro por bastante tiempo hasta que un periodista de Entre Ríos dio con él en una zona rural de esa provincia llamada Quebrachito, en el departamento Victoria, donde el ex docente alquilaba cabañas.

No lo buscan porque no está acusado de delito alguno. Sus confesiones acerca de los abusos fueron 30 años después de ocurridos. Y por ley, los abusos sexuales prescribían a los 10 años al menos en la época de Malenchini, porque a partir de casos como éste, la prescripción de los abusos contra menores comienza a correr diez años después de que la víctima cumple los 18 (ley modificada en 2011).

Sin condena penal pero condenado a ser un paria donde vaya, Malenchini, con 67 años, abandonó Entre Ríos después de que la prensa diera a conocer que estaba allí (se hacía llamar Víctor Valentini) y los habitantes de Victoria se manifestaran en contra de su presencia. En ese momento, Peter vivía con un joven de 18 años indocumentado. Hoy nadie sabe dónde está. Ni siquiera el periodista Cassese.

LAS MAS LEIDAS