Por Carlos Sacchetto - [email protected] - Corresponsalía Buenos Aires
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Lo verdaderamente grave de esta circunstancia es que no se trata de imaginación televisiva, sino de la realidad más cruda que se derrama en un momento político crucial. Nunca como ahora, en los últimos 32 años de la democracia recuperada, la Justicia se ha entreverado tanto con el poder político al punto de convertirse ambos, al más alto nivel, en contendientes de una batalla casi irracional.
Generar esos escenarios de confrontación siempre estuvo en la naturaleza del kirchnerismo, bajo la conocida idea de dividir para reinar. Pero conseguir que haya dos o tres centrales sindicales o empresarias como las hay, por ejemplo, no es lo mismo que quebrar lo que manda la Constitución e instalar dos o más justicias. Al menos no bajo el imperio de la democracia.
Ida y vuelta
Días antes del discurso de la Presidenta el domingo pasado ante la Asamblea Legislativa, hubo sectores del Gobierno que luego de la marcha de silencio de los fiscales el 18F, advirtieron la peligrosidad de exacerbar el enfrentamiento con la Justicia e intentaron pacificar los espíritus. El titular de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, recibió señales tranquilizadoras de que su presencia en el Congreso no sería blanco de la agresividad presidencial.
"Pero Cristina es imprevisible", señalábamos en esta columna a pocas horas del discurso. Cuando la jefa del Estado embistió con dureza contra la Justicia en general y la Corte en particular, la complicidad del responsable de la transmisión televisiva puso en primer plano a Lorenzetti que, entre sorprendido y molesto, miró hacia donde estaba su interlocutor oficial y le hizo el gesto de "mirá lo que me están haciendo".
El episodio puede quedar como anécdota, pero reafirmó la certeza de que no hay reconciliación posible. El presidente de la Corte reunió el lunes a primera hora a sus principales asesores e hicieron una larga evaluación estrictamente política. Coincidieron en que el tono del mensaje que pronunciaría al otro día Lorenzetti en la apertura del año judicial debería ser amable pero de mucha firmeza en lo conceptual, marcando límites, y haciendo saber que esa es la función que le asigna la Constitución al Poder Judicial.
El error de Lorenzetti al mencionar como "cosa juzgada" el trámite por el atentado contra la Embajada de Israel, fue utilizado por el oficialismo para desviar su crítica hacia ese punto y no responder a los conceptos profundos de su discurso sobre el rol que le cabe en democracia a cada poder. Sobre el anhelo de "cooperación" institucional que expresó el titular de la Corte, el Gobierno hizo silencio.
"No hay tregua y no la habrá hasta que cese el ataque judicial a la Presidenta", reconoce un funcionario de la Casa Rosada y hace un gesto afirmativo con la cabeza cuando se le pregunta si se refiere a la causa Hotesur, que involucra a la familia presidencial. "Es la clave", afirma.
Más lucha
Ese expediente, abierto por sospechas de lavado de dinero con la operatoria de los hoteles de la familia Kirchner en El Calafate, está en manos del juez Claudio Bonadio. Dicen en Tribunales que ya está redactado el escrito con el que el magistrado pide que Máximo Kirchner, el hijo de la Presidenta, se someta a indagatoria.
Un miembro del Consejo de la Magistratura que comparte el ámbito con Julián Álvarez cuenta en estricta reserva que le escuchó decir al viceministro de Justicia que si Bonadio lo cita a Máximo, la furia presidencial será tanta que "arderá Troya". Aunque nadie aventura qué sería concretamente en este caso que ardiera Troya, todos imaginan otra brutal escalada del conflicto.
La recusación el viernes por parte del líder de La Cámpora Andrés Larroque al fiscal Daniel Moldes, por haber participado del 18F, es una muestra de hasta dónde puede llegar el incendio. Moldes debe expedirse como fiscal de Cámara sobre la apelación que hizo Gerardo Pollicita al fallo del juez Daniel Rafecas que desestimó "in límine" la acusación del fallecido Alberto Nisman.
El otro foco que concentra la expectativa política es la ex mujer de Nisman. Juega fuerte, pero todavía no está claro para quién.