20 de marzo de 2014 - 23:45

Cristina ordena el mapa político para encarar 2015

Consensúa con los gobernadores peronistas, K y no K, la nueva conducción partidaria, que quedará para Fellner. Scioli, al ser candidato presidencial, no tendrá poder directo, lo que da tiempo a la Casa Rosada para elegir a su postulante. Además, la Presid

¿Cómo se entiende que el kirchnerismo haya cedido la comisión de Educación de la Cámara baja a Julio Cobos y que haya dado al macrismo la no menos importante comisión de Legislación Penal, sobre la que pasa toda discusión de agravamiento de sanciones y la tipificación de nuevos delitos, tema tan en boga hoy en día a raíz del anteproyecto de Código Penal que está en manos del Ejecutivo?

¿Cómo puede leerse además que en el Senado la comisión de Energía, que fue cabecera de la discusión sobre el acuerdo de la Argentina con Repsol que se votará el próximo miércoles, haya sido entregada a un senador y sindicalista opositor, número dos de la CGT de Hugo Moyano, el neuquino Guillermo Pereyra?

¿Y el nombramiento del radical "cristinista" Gerardo Zamora como presidente provisional del Senado, cargo que está segundo en la línea de sucesión presidencial, lo que implicó el corrimiento de Beatriz Rojkés de Alperovich, la esposa del gobernador tucumano? Todas éstas son señales que ha dado la propia presidenta Cristina Fernández de Kirchner en el último mes a la oposición pero, fundamentalmente, a su propio partido, el PJ.

Cristina Fernández fue el 1 de marzo al Congreso con un discurso atípicamente moderado y tiró algunas rosas, no muchas, a los radicales y al jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, a quien incluso llamó por su nombre de pila, como hacen los dirigentes del PRO. Luego, decidió tener gestos concretos con estas dos fuerzas políticas cediendo al radicalismo y a Cobos la comisión pedida por el ex Vicepresidente, la de Educación, a sabiendas de que el mendocino pretende construir su plataforma presidencial haciendo foco en esa materia.

Concedió al macrismo, a través de Patricia Bullrich (del partido aliado Unión por Todos) la titularidad de la comisión de Legislación Penal para que sea este partido "de derecha" -como dicen los kirchneristas- el que corra por izquierda la maquinaria imparable de demagogia punitiva que plantea Sergio Massa y su Frente Renovador.

Esto es así porque el rival número uno para la Casa Rosada es hoy Massa y no Macri ni el espacio de centroizquierda que está construyendo el centenario partido radical con el Frente Progresista. De ahí la estrategia K de dar juego en el Congreso Nacional al macrismo, para que compita en el mismo sector del electorado al voraz Massa, y también a los radicales y socialistas para que construyan una opción electoral de peso que pueda poner en riesgo la posición ventajosa que tiene el líder del Frente Renovador en las encuestas.

Por ahora, el plan de la Presidenta es interferir en el armado opositor indirectamente mientras va avanzando en un plan para el variopinto oficialismo que está integrado por su propia descendencia política, aquellos actores que nacieron a la escena pública en estos últimos once años, y por los tradicionales caciques territoriales del PJ que gobiernan el conurbano y las provincias.

El problema para Olivos no es menor. Ninguno de los dirigentes más estimados por la Presidenta -Sergio Urribarri, Florencio Randazzo, Julián Domínguez- aparece por ahora con posibilidades en las mediciones, las cuales están encabezadas por el hombre de Tigre y seguidas por el gobernador Daniel Scioli, un oficialista que sigue siendo de poco agrado para el "cristinismo" de paladar negro, aunque en las circunstancias actuales es visto como "el mal menor".

Luego de ambos dirigentes peronistas-conservadores vienen en las encuestas el santafesino Hermes Binner y el mendocino Cobos quienes, junto a Ernesto Sanz -que por ahora no asoma en las mediciones- deberán enfrentarse en las PASO por la candidatura del espacio de centroizquierda que oficialmente será lanzado el 22 de abril en un teatro de la avenida Corrientes. En este espacio abrevan la UCR, el PS, la Coalición Cívica, el GEN, Libres del Sur, el Frente Cívico de Córdoba y el Partido Socialista Auténtico. Luego, aparece Macri. Entre estos cinco precandidatos, dicen los encuestadores, estará el próximo presidente y ninguno de ellos es una expresión acabada del kirchnerismo-cristinista.

La Casa Rosada ya dio la orden de normalizar la situación del PJ nacional, que está en un limbo jurídico desde la muerte de Néstor Kirchner en octubre de 2010 y en manos -sólo en los papeles- de Scioli, quien era vice del ex presidente en la cúpula partidaria que asumió en 2008. Como Scioli es un seguro candidato a la primera magistratura en 2015 y los gobernadores de todas las provincias peronistas, incluso los opositores Juan Manuel de la Sota (Córdoba) y Daniel Peralta (Santa Cruz), vienen reclamando un proceso de normalización, la Presidenta aprobó avanzar en ese sentido de la manera más amplia posible, es decir, sin excluir a los mandatarios que su gestión viene castigando o que ella misma ha puesto en el incómodo lugar de adversarios políticos, como De la Sota. El único que no tiene ni tendrá lugar en este armado es Massa, a quien se lo busca aislar por todos los frentes -peronistas y no peronistas- para que no pueda crecer más de lo que viene creciendo en base a alianzas.

Sin embargo, Massa se mantiene activo y no sólo ha sumado dirigentes del PJ tradicional que venían jugando con la Casa Rosada, como el polémico intendente de Merlo, Raúl Othacehé, sino que amenaza con "robar" intendentes a los radicales, como el titular del Ejecutivo de la Ciudad de Córdoba, Ramón Mestre, a quien Massa quiere como su candidato a vicepresidente y, los radicales mediterráneos, como su candidato a gobernador.

Cristina Fernández ha decidido dar señales de apertura política (entre las que ella inscribió la decisión que puso a Zamora como escolta de Amado Boudou en la cadena de mando presidencial), acorralada por la necesidad de garantizar gobernabilidad en sus últimos años y garantizarse de paso capacidad de influir en la elección de su sucesor.

Anoche, los gobernadores del PJ, entre ellos el mendocino Francisco "Paco" Pérez, quien apoya a Scioli sin medias tintas, se reunieron en un local de Las Cañitas, en el coqueto barrio de Palermo, lejos de la sede del PJ nacional de la calle Matheu.

El objetivo fue promover que el Consejo Nacional llame a una reunión a principios de abril a fin de que este órgano ejecutivo convoque al Congreso partidario para los primeros días de mayo y se elijan por consenso las nuevas autoridades. La elección del próximo titular del PJ ya está consensuada: será el jujeño Eduardo Fellner, a quien en 2004 el propio Kirchner puso en ese sitial y diez años luego todo el partido lo vuelve a buscar para el mismo rol.

Fellner es la garantía para todos los sectores ya que se trata de un hombre reconocido como "moderado" y que no tiene aspiraciones presidenciales. Esto último es importantísimo ya que la otra decisión consensuada entre todos, además de la exclusión de Massa, es que quienes tienen aspiraciones de llegar a Balcarce 50 por dentro del PJ oficialista no participen de la conducción futura del partido.

Queda por ver quiénes serán los que acompañen al gobernador jujeño en la mesa chica del PJ, ya que allí deberá haber también espacio para disidentes del kirchnerismo como De la Sota (que hoy mira con buenos ojos a Scioli). En esta distribución del poder interno, Cristina Fernández deberá ser entonces justa pero también voraz si lo que pretende es poner a uno de los suyos en condiciones de competirle a Scioli la candidatura del oficialismo en las PASO de agosto del año entrante.

Luego de que el PJ haya quedado normalizado como partido, será momento para la Presidenta de "inventar" un sucesor afín a sus intereses. Como plan A, dicho candidato debería tener condiciones para ganar a Scioli en las PASO y para derrotar a Massa en un ballottage. Como plan B, el delfín de Cristina debería al menos condicionar a Scioli en su eventual gobierno para asegurar a ella misma cierta tranquilidad política cuando deje el poder luego de doce años.

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