Comenzó el primer juicio a CFK, y como algunos ya adelantaron, la particularidad no es que haya un ex presidente enjuiciado (Menem y de la Rúa ya lo fueron) si no que la novedad es enjuiciar a quien mantiene un caudal importante de apoyo ciudadano, y que además integra la fórmula presidencial que puede resultar electa.
La otra novedad es que es un "juicio inútil". ¿Por qué es inútil? Porque la inmensa mayoría de los argentinos no creerá que el resultado, la sentencia, sea la razonable consecuencia de un proceso judicial justo.
Lo que todos creen
Si es condenada, un sector importante, creerá que se concretó la persecución política que están convencidos sufre CFK, quien además están seguros, es inocente.
Si es absuelta, otro sector también importante, estará convencido de que es un fallo fruto de la presión de los kirchneristas sobre el poder judicial para mantener la impunidad, de quien no tienen dudas, es culpable.
Y por fin, otro sector de ciudadanos no creerá ni uno ni otro resultado.
¿Cómo puede funcionar una sociedad sin jueces?
Uno se pregunta, ¿cómo puede funcionar un país que se pretende democrático y republicano si no es capaz de tener tribunales que diriman con credibilidad los múltiples conflictos que toda sociedad compleja genera cotidianamente? ¿Un país que no pueda con razonable objetividad investigar y saber si un ex presidente cometió delitos en el ejercicio de la más alta magistratura?
Si no podemos resolver estos conflictos en la Justicia, ¿dónde y cómo los resolveremos?
Seguramente por la vieja ley del más fuerte, la justicia la impartirá el mas fuerte.
Las posibles causas del descrédito
Sería bueno saber cómo llegamos hasta acá, pero me parece mucho más urgente encontrar cómo salimos.
Un simplismo sería cargar contra los jueces. Abundan razones para ello: sus innegables altos salarios; la escasa contracción al trabajo; la inclinación a ceder a las presiones que los ciudadanos están convencidos, son los que determinan sus sentencias; la incomprensible maraña de los “procedimientos legales”, los injustificados y largos tiempos que se toman para resolver, entre otros. Este primer juicio a CFK solo celebrará una audiencia por semana, si sesionara todos los días y más horas, 8/10 como cualquier argentino que trabaja 8 y viaja 2 para ir y volver al trabajo, el juicio terminaría en 3 o 4 meses. Digo simplismo, porque los jueces son reflejo de lo que somos, lo que de ninguna manera los exculpa de su parte de responsabilidad en el problema que analizamos.
El tema es mas complejo y tiene que ver con cómo se ejerce en nuestra querida Argentina el poder político, el poder económico, el poder de las corporaciones, el poder mediático.
Alguna salida, aunque sea solo para empezar a cambiar
Todos los sectores insisten en la necesidad de un pacto, tanto oficialismo como las distintas fuerzas políticas y hoy también la Iglesia.
Se me ocurre que un tema central para ese mentado y necesario pacto sería dejar de hacer trampas, y nominar como primera trampa, manipular la justicia.
En este contexto se me ocurre, para empezar a mejorar lo muy malo que hoy tenemos, proponer que para estos juicios de tanta trascendencia para nuestra convivencia en paz actual y futura, se planteara una veeduría de juristas internacionales, por intermedio de algunas de las organizaciones de las que formamos parte, Naciones Unidas, OEA. Estos juristas deberán verificar que en cada uno de estos juicios que tanto nos preocupan, como se hace con las elecciones generales de distintos países, verificaran que los respectivos tribunales cumplan estrictamente con las normas de procedimiento preestablecidas para esos juicios. No para que revisen el contenido de las sentencias, que obviamente los jueces de nuestra Constitución no pueden ni deben someter a ninguna otra autoridad, si no para que insisto, supervisen que se han cumplido los procedimientos legales vigentes en cada uno de esos juicios.
Seguramente esta no es una solución ni mágica, ni definitiva, pero pretende ser un modo de encontrarle la punta a un ovillo que comience a sacarnos de este nefasto laberinto en el que nos hemos sumido, y en el cual tenemos la pésima sensación de que nos seguimos hundiendo cada día mas. Una forma de comenzar a hacer algo distinto de lo que hicimos hasta ahora, aunque pequeño. Seguir sin hacer nada nos lleva al peor de los destinos, una sociedad en la que no solo los bienes económicos queden cada vez más en manos de pocos, si no también que esos pocos decidan lo que es justo y lo que no.
Arturo Lafalla
Abogado. Ex gobernador de la provincia de Mendoza.