A la misma hora de la mañana sabatina de ayer en que Cristina Fernández tuiteaba contra los buitres, Lilita Carrió disfrutaba un café con míticas tortitas menducas en un café céntrico de nuestra provincia, acompañada por Gustavo Gutiérrez, al cual le prometía que la próxima vez que se presente para presidenta, él será otra vez su vice.
Mientras eso decía, llegaba a saludarla Ernesto Sanz, de quien esta semana Lilita dijo que era su nuevo novio en reemplazo de Pino Solanas, para celos de Gutiérrez.
Pero más allá de esas anécdotas, lo importante es lo que piensan ambas damas, las dos dirigentes más diferentes y más parecidas de la política actual.
Las únicas, al menos, que dicen algo, aparte de las tonterías encuesto-electoralistas con que todos los candidatos para el año que viene nos aburren prematuramente.
Cristina, esa mujer para la cual todos los que la discuten son golpistas. Lilita, esa otra mujer para la cual todos los que la critican son corruptos. Dos mujeres pura pasión y voluntad.
Cristina en sus tuits elaboraba una teoría geopolítica mundial: “Los fondos buitres no quieren arreglar sólo por avaricia o codicia, sino también por una decisión política y geopolítica de querer volver a endeudar a la Argentina”, y a partir de allí criticaba a los buitres de adentro, a esos cipayos antipatria que se alían con los enemigos de la Nación.
Por su lado, Lilita también hacía, desde Mendoza, elucubraciones mundiales. Para ella la pelea de Cristina contra los holdouts es la versión local de una reverberación global del nacionalismo que está retornando con sus peores características para iniciar las guerras del siglo XXI.
Como siempre en las antípodas, una exigiendo nacionalismo para todos, la otra repudiándolo por los riesgos de xenofobia que porta consigo.
Un debate legítimo pero que sin embargo no parece convocar multitudes porque la gente está en otra cosa y los políticos también.
Los unos están pensando cómo van a pasar el invierno si tienen que pagar el aumento del 500% en las tarifas del gas y con riesgos de perder o ser suspendidos en sus empleos. Los otros tienen ojos y oídos sólo para ver cómo se posicionan para los comicios de 2015.
La sociedad apoya la pelea contra los fondos buitres, pero gracias a Dios no existe en el pueblo el más mínimo espíritu malvinero de guerra contra el imperio, como sí lo hay en todos los discursos oficialistas.
La opinión pública cree que la culpa de este default es tanto por la avaricia de los buitres como por los errores del gobierno. Y la enorme mayoría quiere una solución negociada, no un enfrentamiento.
No hay clima para el discurso ultranacionalista de Cristina. No lo hay porque la mayoría del mundo (incluso los países desarrollados) y la mayoría del pueblo argentino, apoyan la posición del gobierno en general.
Pero al gobierno no le interesan tanto los que lo apoyan sino los que no lo apoyan, porque piensa haberse encontrado con la más grande aventura épica de toda su gestión, y no está dispuesto a desaprovecharla.
No todos los días los yanquis bloquean a un país; lo hicieron con Cuba en los años 60 y ahora con nosotros a través de los buitres. Estamos entrando en la leyenda.
Nos está bloqueando el imperio. Los fondos buitres no son una avarienta excrecencia del peor capitalismo, el financiero, sino que son el capitalismo en sí mismo.
Según Cristina, EEUU quiere armar en la Argentina una nueva Gaza para quedarse con nuestras reservas de gas y petróleo.
Por eso en esta semana delirante dio dos instrucciones bélicas precisas: primero, dictar una ley de abastecimiento (inspirada en otra de su admirado Hugo Chávez) por la cual las empresas privadas provean al gobierno la información que se les exija sobre la totalidad de sus movimientos de caja y en caso de comprobarse su alianza con el enemigo, proceder a su confiscación.
Segundo, aplicar la ley antiterrorista porque los buitres están provocando quiebras para aterrorizar a la población.
Todas estas chifladuras son respuestas a otras similares de los fondos buitres, que le acaban de agarrar el gustito a eso de poder pelearse contra un país entero que los pone a su nivel dando por el pito infinitamente más de lo que el pito vale.
Para eso han contratado a un especialista en marketing y publican en los diarios argentinos aliados al enemigo fotos de jubilados argentinos que le reclaman a la Argentina los mismos pagos que ellos.
Además, se consiguieron otro juez, aparte de Griesa, para intentarle embargar los bienes depositados en EEUU a Lázaro Báez, presumiendo que son de los Kirchner.
Los buitres al frente de la lucha anticorrupción, los nuevos héroes de la República. Pero la culpa no es del chancho sino de quien le da de comer.
El importante debate conceptual entre Lilita y Cristina acerca de los nuevos males de la globalización o del renacer del nacionalismo, cuando baja a la realidad se transforma en esta chastrinada donde todas las personas más o menos sensatas (de acá y del exterior, del oficialismo y de la oposición) permanecen expectantes o tratando de poner paños fríos ante tanta chifladura. Pero el clima de fiesta bélica no cesa de producir disparates.
En la Guerra de Malvinas los militares tuvieron en José Gómez Fuentes al periodista que les decía a todos los argentinos que estábamos ganando en el frente de batalla, mientras en realidad nos estaban matando.
Hoy los Kirchner tienen su propio Gómez Fuentes en la figura de Orlando Barone, el veterano de 6,7,8 que, animado por la nueva guerra de cartón contra los buitres, dice: "Estamos sintiendo que hay un renacer de la pasión por alentarnos y agradecernos. Un hinchismo reverdecido. Dan ganas de decir: ¡No nos abracen tanto, no nos digan que somos geniales”.
El propagandista nos dice que gracias a la nueva guerra la gente no para de abrazar a los combatientes K como él.
Otro grupo de combatientes, conducidos por Luis D’Elía y Gabriel Mariotto organizan un acto de la militancia K para desagraviar nada menos que a Amado Boudou, pero como del mismo gobierno los sacan carpiendo con la ridícula idea y como ya tenían organizado el acto en el Luna Park y convocada la gente, le cambian su objetivo y ahora lo ponen al servicio de la guerra de la patria contra los buitres.
Total, para ellos los militantes sirven lo mismo para un barrido que para un fregado Y allí, en el acto, anuncian que la batalla cultural está prendiendo en el pueblo porque “Zamba de Paka Paka ya le está ganando (en el rating) al ratón Mickey”.
¿Que mejor garantía que ese triunfo ideológico contra Walt Disney para ir adelantando la derrota de los buitres?
El principal columnista político de Página 12, Luis Bruchstein, advierte en su edición de ayer que los buitres ya están adentro, se han infiltrado en los tugurios del mal a través de los medios concentrados y los empresarios vendidos, pero que, como en la historieta “El Eternauta” de H.G. Oesterheld, el pueblo ya se está preparando para resistir la invasión de los marcianos aliados al imperialismo.
Así, mientras los locos continúan con su gesta, los oficialistas más o menos responsables (que aún quedan), como el economista Mario Blejer, cree que podríamos salir del entuerto con los holdouts sin necesidad de guerra y sin humillación si adoptamos “el mecanismo de quiebra soberana discutido años atrás en el FMI por iniciativa de su vicepresidenta Anne Krueger”.
Claro que el bueno de Blejer, para que Cristina o Axel no le mochen su propuesta de salvarnos de los buitres copiando las mismas recetas del FMI que antes repudiamos, nos advierte que esa idea hoy debería aplicarse sin que intervenga el FMI.
Así como el sindicalista Timoteo Vandor inventó el peronismo sin Perón, Blejer acaba de inventar el “efeemeísmo” sin FMI como instrumento para la liberación.
Por Carlos Salvador La Rosa - [email protected]