14 de febrero de 2014 - 22:33

La crisis del sector agrícola

La producción primaria de Mendoza tiene problemas de coyuntura, pero también arrastra problemas estructurales que la ponen en serio riesgo.

El sector de la agricultura mendocina, en términos generales, viene atravesando una crisis compleja en las distintas áreas en las que se desarrolla. En principio, la pérdida de competitividad del tipo de cambio, a causa de la inflación, ha sido el detonante, pero estas causas, coyunturales, se ven potenciadas por otro tipo de problemas estructurales.

Cada sector tiene las características propias de su sistema productivo, pero casi todos tienen problemas similares que denotan problemas estructurales serios de viejo arrastre que se ven potenciados cuando aparece alguna crisis coyuntural.

Toda la estructura productiva de base agrícola de Mendoza está totalmente ligada a la competitividad externa, ya que el grueso de la producción es exportable. Cuando hay problemas de tipo de cambio, eso se traslada de inmediato a los precios al productor, que resulta ser la única variable flexible.

Vitivinicultura

La producción de este sector viene atravesando problemas desde 2010, cuando entre la inflación y el retraso cambiario, le generaron un torniquete que se ha ido ajustando cada vez más hasta el estrangulamiento de muchos jugadores.

Los primeros en tener problemas fueron las bodegas que se habían dedicado a la exportación y no habían ingresado con fuerza al mercado interno. También tuvieron problemas aquellas bodegas que habían logrado grandes volúmenes en vinos de segmentos bajos de precio. Es que la inflación con un tipo de cambio atrasado, hacía crecer los costos en dólares.

Hasta 2012, el sector reemplazó las exportaciones de vinos fraccionados por las de vinos a granel, pero en 2013 eso se cortó y la caída general de las exportaciones superó el 10%. Ayudó un poco un comportamiento estable del mercado interno, aunque con muchos jugadores nuevos.

La suba de los costos internos ha sido una constante y algo se ha podido trasladar en el mercado interno, mientras que en exportaciones eso se ha pagado con pérdida de mercados. Los aumentos de los insumos secos han venido complicando el panorama.

La devaluación reciente de la moneda parecía que le daría un poco de respiro al sector, aunque la primer reacción se ha dado en las exportaciones de vinos a granel, ya que no alcanza para el mercado de fraccionados, salvo lo de alta gama, pero cuyos volúmenes no son significativos.

Los productores se vienen quejando de los valores del mercado de traslado ya que, afirman, están cobrando por sus vinos lo mismo que el año pasado a la misma fecha. Pero este año hay un condimento extra y es que el pronóstico de cosecha reveló que habría una merma del 20%, aunque los datos definitivos seguramente mostrarán una disminución mayor.

No obstante, bodegueros grandes y trasladistas no estarían dispuestos a mejorar esos niveles ya que perciben que, a pesar de una menor producción, el año no mostraría buenos signos de consumo. Desde el gobierno advierten maniobras especulativas y salieron con un amplio operativo de compras que no parece haber influido, al menos por ahora, en los valores de mercado.

Lo que no se aprecia es que las bodegas reaccionan frente a un esquema que lleva a una mayor precarización del productor primario. Esta precarización terminará afectándolos a ellos ya que son sus proveedores de materia prima. En este caso, la coyuntura está mostrando la peor cara de un problema estructural, derivado de conceptos productivos que se hicieron sin mucho análisis y a luz de los nuevos conceptos.

Además, este sector, dentro de todo, es el que más avanzó sobre la base del PEVI 2020, la gestación de la Coviar y los avances que se han hecho en muchos sectores. El árbol nos está tapando el bosque. La industria es de largo plazo y hay que acostumbrarse e, incluso, prever los ciclos.

Fruticultura

Este sector viene con problemas hace varios años, pero este año tuvo que lidiar con las consecuencias de heladas tardías que afectaron a casi todos los oasis productivos de la provincia y generaron una pérdida de producción cercana al 70%.

Esta situación también sacó a la luz los problemas de un sector que parece venir retrocediendo y está necesitando apoyo no solo financiero sino también tecnológico para no desaparecer. El sector de las frutas de carozo es el que más golpeado está. En los últimos diez años, las exportaciones de duraznos, nectarines, damascos, cerezas y ciruelas en fresco, medidas en kilos de productos, en su conjunto, han sido menores a las exportaciones de uvas de mesa.

Los cultivos de manzanas están prácticamente en extinción, mientras que los de peras corren peligro si no se recupera la productividad, lo mismo que ocurre con las frutas de carozo.

En función de esta realidad, el martes pasado el gobernador, Francisco Pérez, dio el aval para el nacimiento de la Mesa Consultiva Frutícola provincial, en la cual se han reunido productores de todos los oasis de la provincia. El objetivo es tender a una mejora general de la actividad y una mayor promoción del consumo, aunque hay mucho que hacer.

El sector necesita capacitación para un mejor manejo de los montes frutales, mejorar los sistemas de riego, actualización de variedades, capacitación de la mano de obra para mejorar las labores culturales, especialmente las de poscosecha.

El gobernador prometió apoyo financiero para el funcionamiento de esta mesa que debería iniciarse con una tarea de diagnóstico que permita elaborar un Plan Estratégico de largo plazo para el sector. Para tener una idea, mientras la producción promedio, según datos del IDR no supera los 10.000 kg por hectárea, el desafío es llegar a producciones no menores a 35.000 kg por hectárea, para asegurar la sustentabilidad de las explotaciones.

Olivicultura

Este sector combina situaciones internas y externas. Mientras muchos productores se preocuparon por buscar mejoras, diferenciación varietal y otras en materia de elaboración, el sector ha debido lidiar con costos internos crecientes y pérdida de competitividad exterior ante países competidores que subsidian sus producciones.

Lamentablemente, se viene generando lentamente pero en forma constante, una pérdida de superficies cultivadas que será muy costoso reponer, por los tiempos biológicos de un olivo para entrar en producción.

En la parte de aceitunas para consumo, el sector vivió en los últimos diez años la entrada en producción de grandes extensiones implantadas por planes de diferimiento impositivo en Catamarca, La Rioja y San Juan que han generado una sobreoferta complicada de sobrellevar con mercados externos muy complicados.

Hortalizas

Es un sector tendiente a desaparecer por el avance de la urbanización sobre áreas cercanas a la ciudad que tradicionalmente fueron proveedores de una amplia variedad. Solo el ajo ha conseguido mantener cierto nivel de actividad, pero con una extrema dependencia de Brasil.

Por otra parte, el tomate, está generando un cambio a partir del ingreso de grandes capitales que están apostando, pero exigiendo productores con niveles de tecnología y productividad que no muchos pueden alcanzar.

Todo el sector agrícola primario necesita ser revisado. Mendoza necesita mantener sus sectores “verdes” activos, pero para ello hay que trabajar seriamente en mejoras en la calidad de gestión de las explotaciones y en la búsqueda de productividad que le dé sustentabilidad.

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