26 de septiembre de 2018 - 00:00

Crisis en la universidad estatal argentina - Por Ricardo Bekerman

Ante las actuales y ya acostumbradas protestas de estudiantes y profesores de las universidades estatales argentinas, me resulta extraño que justamente quienes han tenido la bendición de llegar al más alto nivel de la educación no puedan reflexionar sobre el defecto general que aqueja a nuestro país, que es gastar más de lo que producimos, con la consecuente escasez de recursos genuinos  para solventar los gastos correspondientes a las necesidades básicas de la población, sin tener que recurrir a la emisión inflacionaria o a préstamos externos.

Al mencionar recursos genuinos, me refiero a aquellos que provienen del trabajo y la producción, tanto para satisfacer las necesidades internas como para exportar lo que produzca divisas, que se sumen al caudal de dinero que se necesita anualmente para cubrir los gastos de nuestra casa grande, o sea, nuestro país.

Nuestros compatriotas universitarios debieran ser los primeros en analizar el presupuesto nacional anual y reflexionar sobre la distribución de los recursos genuinos, para satisfacer las necesidades básicas de los argentinos: acceso a la tierra y al techo, a los servicios básicos de agua, cloaca, gas y electricidad, a la generación de energía, a los medios de transporte, a las vías de comunicación, a la salud y educación en sus niveles primario, secundario, universitario de grado, posgrado e investigación, etc.

Respecto al tema de educación estatal, que preocupa actualmente a los universitarios argentinos, a mi criterio, en primer lugar se debiera destinar la cantidad necesaria del presupuesto asignado a tal fin al nivel primario, para volver a ser el país líder en la región en cuanto a alfabetización y grado de conocimientos. Satisfacer las necesidades de la educación primaria en cuanto a salarios y formación docente, infraestructura escolar, etc., asignando para ello los recursos presupuestarios necesarios. Resuelto el presupuesto para el nivel primario, se considerará con similar criterio el nivel secundario.

Luego, considerando los recursos asignados por presupuesto anual a educación, se analizará la necesidad de recursos para atender al nivel universitario.  Seguramente se observará que el saldo de dinero a destinar para el buen funcionamiento de este sector no resulta suficiente.

Y aquí aparece mi desconcierto: ¿por qué todos los aspirantes a ser universitarios deben cursar en forma gratuita? Son pocos los países que pueden ofrecer este privilegio, inclusive en las universidades públicas latinoamericanas.

La universidad estatal debiera arancelarse (al menos mientras nuestro presupuesto lo necesite) y prever el otorgamiento de becas a los aspirantes que realmente necesiten el apoyo estatal para continuar sus estudios universitarios, tanto de grado como de posgrado.

Cabe señalar que actualmente no se considera una injusticia social el pago por los estudios de posgrado en las universidades estatales y aún el de las aulas de tiempo libre, dedicadas especialmente a los abuelos argentinos.

Corresponde a la clase dirigente, elegida por el voto del pueblo argentino, asumir la obligación de distribuir los recursos del país evitando el déficit en cada uno de los ítems del presupuesto anual, asignando en el mismo recursos para sus propias retribuciones acorde a la riqueza a distribuir, haciendo que sus dietas, sueldos y gastos complementarios  sean similares a las de otros trabajadores argentinos.

Convertido este criterio en políticas de Estado, la Argentina volverá a ocupar los primeros puestos en el orden educativo mundial.

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