29 de enero de 2015 - 00:00

Crisis en el Golán: casco azul muerto

El grupo guerrillero libanés Hezbollah lanzó un obús contra una columna israelí, matando a 2 soldados. En la represalia de los hebreos, falleció un soldado pacificador de la ONU. El primer ministro Netanyahu advirtió: “No olviden lo que sucedió en Gaza”.

El cada vez más intenso intercambio de fuego entre israelíes, sirios y militantes libaneses de Hezbollah causó en la mañana de ayer la vida de dos soldados israelíes y un observador de la ONU, e hizo subir mucho más la temperatura diplomática y militar en la región. 
La muerte de los soldados fue confirmada por el teniente coronel Peter Lerner, portavoz del ejército israelí, que agregó que el incidente, ocurrido en la zona de la Granjas de Shebaa, también causó heridas menores a 7 efectivos hebreos.

Después de conocer los hechos y desde la localidad de Sderot, muy próxima a la franja de Gaza, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, advirtió a Hezbollah que no olvide “lo que sucedió el pasado verano en Gaza”, en referencia a la ofensiva israelí en la que más de 2.100 palestinos y 70 israelíes murieron.

Por su parte la Fuerza Provisional de Naciones Unidas en el Líbano (Unifil), establecida allí desde 1978, informó a través de un vocero que en los intercambios falleció uno de sus efectivos. El militar era español y, según el ministerio español de Relaciones Exteriores, se trataba del cabo Francisco Javier Soria Toledo, de 36 años, natural de Málaga, casado y sin hijos.

La Unifil no indicó si Soria Toledo cayó bajo fuego israelí, sirio o libanés, pero el Haaretz atribuyó su muerte a los ataques israelíes de represalia con fuego de mortero contra objetivos en el Sur del Líbano, parte de la “respuesta” anunciada por Netanyahu desde las cercanías de Sderot.

Tras los incidentes fatales y en un comunicado, la coordinadora especial de la ONU para el Líbano, Sigrid Kaag, expresó su “profundo pesar” e instó a “todas las partes a la contención para evitar cualquier acción que pueda desestabilizar aún más la situación”. A la vez, recomendó a todas las partes “cumplir sus obligaciones en conformidad con la resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU” que puso fin a la guerra de 2006 entre Israel y Hezbollah, que en 33 días dejó 1.200 muertos del lado libanés y 164 israelíes.

Una hora después del ataque de la artillería israelí al Sur del Líbano, Hezbollah bombardeó a su vez el Monte Hermón y sus alrededores, provocando la evacuación de civiles de la zona.

Los soldados israelíes murieron cuando una granada antitanque autopropulsada impactó el vehículo con el que patrullaban el área de las Granjas de Shebaa, mientras la artillería de Tel Aviv atacaba sitios próximos con morteros, en una continuidad de ataques y represalias entre Israel y Siria. Pese a que tras un intercambio previo de fuego entre Israel y Siria regía en el área un estado de máxima alerta, el vehículo no tenía blindaje.

Previamente, en la madrugada de ayer y por segundo día consecutivo, la aviación israelí había bombardeado posiciones del Ejército sirio en la fronteriza ciudad de Quneitra, en represalia contra la caída de cohetes en territorio del Golán lanzados desde Siria.

Las milicias de Hezbollah, partido político chiita legal en el Líbano, cumplen la doctrina oficial de su país cuando incursionan en ese minúsculo territorio. La tensión en la frontera israelí con Líbano y Siria empezó a subir cuando Israel concentró tropas en el área y extremó las medidas de seguridad, tras atacar desde un avión no tripulado a un vehículo de Hezbollah que circulaba por la parte siria de la meseta el pasado 18 de enero. En ese ataque murieron seis miembros de Hezbollah -entre ellos un joven oficial que era hijo del ex jefe de su brazo armado Imad Mughniye, asesinado en Damasco en 2008- y un general de la Guardia Revolucionaria iraní. Tras los bombardeos de ayer en Quneitra, el Ejército israelí fue atacado desde territorio libanés y Hezbollah reivindicó el ataque, que también fue celebrado por Hamas.

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