12 de octubre de 2026 - 11:50

50.000 personas viven en las nubes: el pueblo a 5.100 metros donde los mineros pasan semanas sin cobrar y soportan -10 °C

En La Rinconada las noches alcanzan diez bajo cero y los mineros afrontan semanas sin salario a cambio de conservar el mineral de un único día.

A 5.100 metros sobre el nivel del mar, en los Andes peruanos, unas 50.000 personas habitan el asentamiento permanente más alto del planeta sin red de agua corriente ni calefacción. El poblado minero de La Rinconada concentra un continuo flujo migratorio impulsado por la explotación de yacimientos de oro en la montaña.

En estas alturas, la escasez de oxígeno somete a los recién llegados a cuadros inmediatos de mareos, náuseas, dolor de cabeza y asfixia al cabo de pocos pasos, mientras la población local adaptó su fisiología a lo largo de sucesivas generaciones. Con temperaturas que descienden hasta los diez grados bajo cero durante las noches, la infraestructura urbana quedó rezagada frente al vertiginoso aumento demográfico.

¿Cómo se vive en La Rinconada, el pueblo a 5.100 metros con casillas de chapa y mercurio?

La expansión del asentamiento respondió de forma exclusiva al valor comercial del metal precioso, provocando un crecimiento que desbordó cualquier previsión pública. Familias enteras residen en viviendas precarias de chapa metálica desprovistas de baños privados y sin red de agua, en un paisaje donde los cúmulos de residuos y las aguas servidas discurren a cielo abierto entre los pasajes.

A la carencia de servicios básicos se añade la degradación ambiental provocada por el procesamiento artesanal del mineral. El uso intensivo de mercurio y otros reactivos químicos contamina los cursos de agua y el suelo circundante, mientras los depósitos de basura continúan acumulándose sin tratamiento en los márgenes del casco poblado.

¿Cómo trabajan los mineros de La Rinconada que pasan semanas sin cobrar?

La actividad subterránea se desarrolla en socavones estrechos donde los trabajadores afrontan amenazas constantes de desprendimientos de roca, explosiones imprevistas y emanaciones de gases tóxicos. Las condiciones de labor se articulan bajo esquemas atípicos de remuneración que profundizan la vulnerabilidad de los operarios que arribaron desde distintas regiones de Perú.

Bajo esta modalidad, los mineros cumplen jornadas prolongadas durante varias semanas sin percibir un sueldo monetario, a cambio de una única jornada asignada para conservar todo el mineral que logren extraer con sus propias manos. Una veta favorable representa ingresos significativos, pero una jornada estéril condena al trabajador a cerrar un mes entero de faena prácticamente sin ganancia.

Pese a este esquema de alta incertidumbre y a las condiciones que la convierten en una urbe de extremos, el flujo migratorio hacia las alturas andinas no se detiene. El valor del metal en el mercado internacional continúa atrayendo a nuevos pobladores dispuestos a arriesgar su vida a más de cinco mil metros de altitud.

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