Jean Just, un zoólogo del Museo de Historia Natural de Dinamarca, en Copenhague, descubrió 18 especímenes invertebrados de aspecto raro mientras clasificaba material que había recolectado en el mar de Tasmania en 1986. En esa expedición, exploró el talud continental frente a la costa suroriental de Australia usando un trineo que se arrastra por el fondo del lecho del océano y recoge animales que viven ahí.
En el estudio, publicado en Plos One, los investigadores informan de 14 especímenes, tomados a profundidades de 400 y 1.000 metros, que no pudieron ser clasificados en ningún grupo importante, o filo. Estos “divertidos animalitos con forma de hongo”, como los llama Just, son multicelulares, principalmente asimétricos (una característica crucial para clasificar a los organismos), y tienen una capa gelatinosa entre el cuerpo interno y externo.
Los investigadores clasificaron los organismos bajo un nuevo género, Dendrogramma, haciendo referencia a los dendrogramas, los diagramas de árboles usados en la biología para ilustrar relaciones evolutivas entre organismos. Los nombres de ambas especies, enigmática y discoides, aluden a su misterioso carácter y forma de disco, respectivamente.
Las muestras inicialmente fueron conservadas en formaldehído y llevadas al laboratorio, donde fueron guardadas durante cierto tiempo en alcohol, impidiendo la posibilidad de extracción y análisis posterior de ADN para determinar su parentesco con otros organismos.
Bajo microscopio, las muestras presentaron similitudes morfológicas con dos grupos existentes: las medusas y los ctenóforos. Esto sugiere que podrían estar emparentadas con uno de estos grupos, aunque por el momento no pueden ser clasificados como tales.
"Sería increíblemente emocionante que los autores hayan encontrado un grupo de animales previamente desconocido que divergió de los animales tan pronto", dice Casey Dunn, biólogo evolutivo de la Universidad de Brown, en Providence, Rhode Island.
Los investigadores también encontraron similitudes (como el mismo patrón de ramificación y estructuras tipo lóbulo alrededor de la apertura de la boca) entre los Dendrogramma y un pequeño grupo de "mesudoides", o criaturas tipo medusas, que vivieron hace 600 millones de años durante el Periodo Ediacárico.
Tetyana Nosenko, una bióloga evolutiva de la Universidad Ludwig Maximilian, en Múnich, Alemania, dice que “este descubrimiento implica la emocionante posibilidad de que el mar profundo de Australia haya conservado descendientes vivos de organismos del Ediacárico, que se creían extintos desde hace más de 500 millones de años”.
Todo el tiempo se descubren especies nuevas; tan solo la expedición australiana de 1984 generó algo así como entre 200 y 300. Pero encontrar una que no caiga dentro del árbol de la vida conocido solo ha sucedido dos o tres veces en los últimos 15 a 20 años", afirma Just.
“Rastrear un nuevo linaje es como el descubrimiento de un tesoro”, dice Andreas Hejnol, un biólogo de desarrollo del Centro Internacional Sars de Biología Marina Molecular, en Bergen, Noruega. Los linajes animales que superaron antiguos eventos de extinción masiva portan información importante que ayuda a los investigadores a reconstruir el curso de la evolución, indica.
Riendo, Just dice que todo mundo le pregunta por qué tardaron tantos años en clasificar a los animales. “Una vez que crees tener algo realmente extraordinario, se requiere mucho tiempo para estudiar, leer, consultar por un lado y por otro, y autoconvencerse de que realmente te has topado con algo especial”, explica.
Dunn considera que ahora debería ser prioridad adquirir nuevos especímenes para análisis anatómicos y genéticos, aunque Hejnol piensa que se podría recuperar algo de ADN en las muestras existentes con tecnología que ha permitido que los investigadores tracen la secuencia de genomas neandertales, por ejemplo. “No tengo dudas de que la información genética sigue ahí”, agrega.