Esta polémica afirmación surge de una comparación entre los rasgos anatómicos de un cráneo fósil de 1,8 millón de años de antigüedad con los de otros cuatro cráneos del mismo sitio de excavación en Dmanisi, Georgia.
Esta polémica afirmación surge de una comparación entre los rasgos anatómicos de un cráneo fósil de 1,8 millón de años de antigüedad con los de otros cuatro cráneos del mismo sitio de excavación en Dmanisi, Georgia.
La amplia variabilidad en sus rasgos sugiere que el Homo habilis, el Homo rudolfensis y el Homo erectus, las especies hasta ahora identificadas como existentes en todo el mundo en esa era, podrían representar una sola especie. La investigación está publicada en la revista especializada Science.
El cráneo recién descripto -informalmente conocido como “cráneo 5”- fue desenterrado en 2005. Cuando se combina con una mandíbula encontrada cinco años antes y a menos de dos metros de distancia, “es el cráneo más completo de un adulto de esta fecha”, dice Marcia Ponce de León, una paleontóloga del Instituto y Museo Antropológico en Zúrich, Suiza, y una de los autores del estudio.
El volumen de la caja craneana del cráneo 5 es de sólo 546 centímetros cúbicos, alrededor de un tercio del de los humanos modernos, señala. Pese a ese bajo volumen, el rostro del homínido era relativamente grande y se proyectaba más que los rostros de los otros cuatro cráneos encontrados en el sitio, que han sido atribuidos a H. erectus.
Tener cinco cráneos de un sitio ofrece una oportunidad sin precedentes de estudiar la variación en lo que presumiblemente fue una sola población, dice el co-autor Christoph Zollikofer, un neurobiólogo del mismo instituto que Ponce de León. Todos los cráneos desenterrados hasta ahora probablemente fueron depositados en un período de tiempo de 20.000 años, afirma.
Los cráneos de Dmanisi parecen bastante diferentes unos de otros, dice Zollikofer, “así que es tentador publicarlos como especies diferentes. Sin embargo, sabemos que estos individuos provenían de la misma ubicación y la misma era geológica, así que pudieran, en principio, representar una sola población de una sola especie”.
Humanos y chimpancés
Los datos estadísticos de los investigadores parecen respaldar esa idea. Por ejemplo, el volumen del cráneo 5 es de sólo 75 por ciento la del cráneo más grande desenterrado en el sitio de Dmanisi; una disparidad que podría parecer grande pero que cae dentro de la variación vista entre los humanos modernos y dentro de los chimpancés. La variación también cae dentro del rango visto en todos los homínidos en todo el mundo de esa era, dice Zollikofer.
“Como tantos hallazgos, (el cráneo) se suma a lo que sabemos, pero no necesariamente aclara o simplifica las cosas”, dice Robert Foley, un paleoantropólogo de la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido. No obstante, señala, los resultados del nuevo análisis deben cambiar la forma en que los científicos piensan sobre la naturaleza y magnitud de la variación anatómica del Homo primitivo.
Si las tres especies de homínidos que habitaron la Tierra hace unos 1,8 millón de años se redujeron a una, H. habilis y H. rudolfensis estarían incluidas en H. erectus, en gran medida debido a las semejanzas de los cráneos de Dmanisi con las conocidas en especies posteriores, dice Zollikofer.
Rasgos anatómicos
Pero incluir a las tres especies, que en general habitaron áreas desde África hasta Indonesia, bajo la égida del H. erectus quizá no esté científicamente justificado, dice Fred Spoor, un paleontólogo del Instituto Max Planck para la Antropología Evolutiva en Leipzig, Alemania.
El nuevo estudio, afirma, usó análisis estadísticos de la forma craneana general que no son necesariamente buenos al discriminar entre las especies. En vez de esas evaluaciones generales, explica, los investigadores deberían haber analizado los rasgos anatómicos específicos, como la altura de la caja craneana o el diámetro de la órbita ósea.
Esas características tan fácilmente cuantificables son usadas típicamente para identificar a las especies y construir árboles genealógicos evolutivos.