Uno se propone grandes objetivos de vida que generalmente pasan por lo material: quiero tener tal auto, quiero viajar a tal lugar, quiero tener este tipo de casa. Los grandes objetivos pasan también por el campo de lo profesional: no solo quiero ser un buen médico, quiero ser el capo de los cirujanos de esta ciudad; no quiero ser el que corre por las noches para buscar la basura de los vecinos, quiero llegar a ser el director de la empresa recolectora. Los grandes objetivos de vida son los grandes sueños. Ser millonario, sacarse la lotería, tener una empresa que sea famosa, ser diputado nacional, o ministro de la Nación, y en algunos casos extremos ser presidente de la República (ni Dios se lo permita)
Y en el afán de alcanzar ese objetivo se le van las horas y los días. No está mal, uno tiene que tener amplitud de horizonte para seguir caminando, a uno lo tienen que llamar las promesas del futuro para que pueda atravesar el presente medianamente esperanzado. No todos logran su propósito, es más, yo creo que son los menos los que lo logran.
Sin embargo nos olvidamos que en las cosas simples de cada día están las retribuciones de felicidad que andamos buscando. Son millones. Citemos algunas: un encuentro sorpresivo con un amigo que hace tiempo no veíamos, el pibe que te presenta un diez escolar, un paisaje pródigo de belleza entre toneladas de cemento, la buena página de un buen libro, una película que nos obliga a lágrimas de emoción, el reconocimiento que tienen de nosotros en el laburo. Son muchísimas las situaciones en lo que lo simple se hace presente con forma de felicidad.
Es bueno mirar al cielo, pero es muy difícil poder alcanzarlo, aunque uno sea astronauta. Tal vez sería mejor pretender alcanzar las pequeñas cumbres de cada día. Lindo es acostarse a descansar pero es mejor hacerlo con la sensación del deber cumplido, diciéndonos sin decirnos: este día valoró mi vida, este día no ha pasado en vano. Una hoja justifica todo el árbol, un paso explica todo el camino, una lágrima resume todo un sentimiento.
Los grandes emprendimientos existen siempre en nuestros pensamientos, siempre queremos alcanzar algo más de lo que hasta entonces se nos ha promocionado; si así no fuese, no existirían los macro emprendimientos y la persistencia del hombre en crecer, pero que no se nos olviden que en las gratitudes pequeñas esta la parte dulce del vivir.
Bien el pensamiento de lo grande, para renovar impulsos y ponerles más energía a las acciones, pero a no perder de vista lo simple que ha sido puesto para bordarnos pasajes de emociones. El campesino siempre revisa las semillas, antes de sembrar.
No las dejemos pasar con un dejo de indiferencia, porque ellas son las que existen para que hagamos la diferencia.
Dicen que un joven se encontró un día, en pleno desierto, con un anciano sabedor. Le preguntó cuál era el sentido de la vida y el anciano le contestó:
Según adónde te dirijas. Todo horizonte comienza antes en vos.
Las cosas simples, como dice Serrat:
Son aquellas pequeñas cosas,
que nos dejó un tiempo de rosas
en un rincón,
en un papel
o en un cajón
Como un ladrón
te acechan detrás
de la puerta.
Te tienen tan
a su merced
como hojas muertas
que el viento arrastra allá o aquí,
que te sonríen tristes y
nos hacen que
lloremos cuando
nadie nos ve.