3 de agosto de 2013 - 22:09

Corrupción en China

“ Si las menguantes tasas de crecimiento y empleo de China enfrentan creciente inconformidad con la corrupción de funcionarios -intentando hacerse de lo suyo mientras aún hay bastante de donde tomar- no tendremos una transición estable en China”.

De cuando en cuando se lee un artículo noticioso tan revelador que desata este pensamiento: me pregunto si reflexionaremos sobre ese artículo en cinco años y diremos: “Deberíamos haber sabido que ocurriría esto. Esa historia era la señal de advertencia”.

Para mí, ese artículo fue uno del 25 de julio en el The Washington Post sobre cómo amantes despechadas de corruptos funcionarios del gobierno chino se han convertido en las soplonas de mayor importancia en el país, recurriendo a internet para exponer las travesuras de prominentes burócratas. El Post detalló el caso de una mujer de 26 años de nombre Ji Yingnan, quien había estado comprometida para casar con Fan Yue -uno de los subdirectores de la Administración Estatal de Archivos- hasta que ella descubrió que él había estado casado y tenía un hijo durante todo el tiempo que ellos estuvieron juntos.

Para vengarse, Ji “ha publicado cientos de fotografías en línea que ofrecen una inusual ventana a la vida de un funcionario del gobierno central de China quien -pese a su modesto salario- al parecer era capaz de prodigar a su amante” con una lista interminable de artículos de lujo, informó el Post.

La primera vez “que fueron de compras, asegura Ji, la pareja fue a Prada y pagó 10.000 dólares por una falda, un bolso y una mascada. Un mes después de haberse conocido, Fan alquiló un apartamento para ambos que costaba 1.500 dólares mensuales y gastó más de 16.000 dólares en sábanas para la cama, aparatos electrodomésticos, una computadora Apple de escritorio y una laptop, según Ji.

Después, él le compró un Audi A5 plata, valorado en Estados Unidos en aproximadamente 40.000 dólares, dijo. ‘Él ponía dinero en efectivo en mi bolso todos los días’, dijo Ji en una carta al Partido Comunista, quejándose de la conducta de Fan”.

Se pone mejor. El Post informó que “un bloguero chino muy conocido, el cual ha publicado fotos y videos de Ji en su sitio web, dijo que él había hablado con Fan el mes pasado. Fan le aseguró al bloguero que él no había gastado tanto dinero como Ji alega, diciendo que fue menos de 1,7 millón de dólares pero más de 500.000. 'Esta mujer no es buena. Ella es demasiado codiciosa', dijo el bloguero, Zhu Ruifeng, que Fan le había dicho”.

Ah, ya veo. Fue menos de 1,7 millón de dólares. ¡Es bueno saberlo! Este tipo es un alto burócrata en los archivos del Estado. ¿En qué tipo de actividad ilícita estaba metido en las salas de expedientes para ganar todo ese dinero?

Cada gobierno tiene corrupción, incluido el nuestro. Sin embargo, la de China es de nivel industrial. Mi colega David Barbosa expuso el año pasado cómo la madre, hijo, hija, hermano menor, esposa y cuñado del entonces Primer Ministro Wen Jiabao, habían amasado colectivamente 2.700 millones de dólares en activos. Pero, cuando ves cuánto dinero era capaz de amasar un subdirector de archivos -y la flagrancia con que lo gastaba-, empiezas a hacerte preguntas y sentirte preocupado.

Cuando visité China en setiembre, escribí que había oído un nuevo meme de empresarios chinos a los que conocí: “Gana tu dinero y sal de ahí”. Más que nunca, oí una falta de confianza en el modelo económico de China. Nosotros deberíamos esperar que China pueda hacer una transición estable del comunismo de un solo partido a un sistema multipartidista más consensual -así como una diversificación estable de su economía planificada de bajos salarios, altas exportaciones y conducida por el Estado-, como han hecho Corea del Sur, Taiwán, Indonesia y Singapur. Sus enormes ahorros serían de utilidad.

El mundo no puede darse el lujo de una caótica transición en China. Con Estados Unidos atascado en lento crecimiento, Europa empantanada en un estancamiento y el mundo árabe implotando, China ha sido un vital motor económico para la economía mundial.

Si las menguantes tasas de crecimiento y empleo de China enfrentan creciente inconformidad con la corrupción de funcionarios -intentando hacerse de lo suyo mientras aún hay bastante de donde tomar- no tendremos una transición estable en China. Además, si un sexto de la humanidad empezara a pasar por una transición inestable e incierta política y económicamente, eso sacudiría al mundo.

Sería magnífico si reporteros, blogueros, grupos ciudadanos y, sí, amantes fortalecidas por internet, pudieran exponer corrupción en formas que contribuyan a volver esa transición tanto necesaria como posible. Sin embargo, estos virtuosos actores de la sociedad civil sólo tendrán éxito si encuentran aliados en el Partido Comunista, si pueden reforzar a esos cuadros del partido que entienden el riesgo para la estabilidad, y para el futuro de su partido, que presenta la corrupción desenfrenada.

La historia de Ji y Fan es muy entretenida. Pero si es tan sólo la punta del iceberg de corrupción que desestabiliza a China, no será cosa de risa. La manera en que se comporten o porten mal funcionarios chinos no sólo nos afectará a nosotros -desde el valor de nuestra divisa, pasando por el nivel de nuestras tasas de interés, hasta la calidad del aire que respiramos: podría ser lo más grande que nos afecte fuera de nuestro propio gobierno.

Hay razón para preocuparse.

“La audacia que han demostrado dirigentes chinos para acrecentar su economía a partir de un retraso y llevándola a la segunda mayor del mundo no ha sido igualada, por supuesto, en el desarrollo de instituciones democráticas, lo que reviste mayor importancia, en el desarrollo de un sistema de gobierno bueno y honesto”, dijo Jeffrey Bader, el ex alto asesor del Presidente Barack Obama sobre China y autor de “Obama y el ascenso de China”.

Sin embargo, si los dirigentes de China no se hacen cargo de este tema, agregó, “entonces habrá más corrupción, más alienación de personas comunes y más preguntas con respecto a la estabilidad de China. Eso sería una mala noticia no sólo para China sino para Estados Unidos, cuyo futuro está entrelazado con el de China”.

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