19 de febrero de 2014 - 23:31

Contrastes entre la Mendoza de ayer y de hoy

El Gobierno provincial dispuso conmemorar el centenario del homenaje brindado por la Nación al Ejército de los Andes. Se trató de una celebración incluida en el programa de actividades dispuestas a evocar el bicentenario del arribo de San Martín como gobernador de Cuyo.

El acto se llevó a cabo la noche del 12 de febrero al pie del majestuoso monumento erigido en el Cerro de la Gloria y, según las crónicas, reunió a un discreto elenco de funcionarios, a las instituciones que por décadas se convirtieron en custodias del memorial sanmartiniano, y a un millar de personas que disfrutaron de la celebración nocturna que incluyó, según se acostumbra, desfiles, fanfarrias, bailes y cantos.

Con ello, la iniciativa oficial recoge una dilatada tradición conmemorativa e identitaria de la provincia de Mendoza con la gesta emancipadora que puso término al dominio español en América del Sur, y contribuyó a forjar las naciones latinoamericanas en el siglo XIX.

Pero si la fiesta reeditó el vínculo del Gobierno y del pueblo de Mendoza con aquel pasado heroico a través de rituales y liturgias públicas largamente reiteradas, el contexto de aquel ayer evocado resulta muy distinto del actual.

Cien años atrás, si el estallido de la Primera Guerra Mundial puso al descubierto la vulnerabilidad del crecimiento argentino basado en la exportación de bienes agropecuarios, el desencanto no fue suficiente para esmerilar del todo la confianza en el progreso.

La Argentina, y Mendoza en particular, ofrecían indicadores aceptables para no abandonar esas convicciones que desde los primeros tiempos republicanos había motorizado las acciones de gobierno en aras de sepultar la era de la "barbarie" y cruzar el umbral de la "civilización".

En el cambio de siglo, los resultados de la modernización institucional y económica provincial estaban a la vista: la iniciativa estatal y privada había dinamizado un ciclo de prosperidad material sin precedentes erigiendo a la provincia en la principal productora de vinos del país y del hemisferio; la población se había casi triplicado con el ingreso masivo de inmigrantes europeos y sus efectos se hicieron visibles en un móvil mercado de trabajo urbano y rural, y en la formación de clases medias extendidas en el campo y la ciudad; la inversión en educación pública (nacional y provincial) había reducido el analfabetismo y la proliferación de asociaciones, ateneos, orfeones y teatros, donde abrevaban escritores y artistas nativos y de quienes habían bajado de los barcos exhibían, sin contrastes, canales de diversificación e integración social y cultural.

Por su parte, el sistema político acusaba recibo del eclipse de los grupos políticos que retenían las riendas del poder desde el siglo anterior, y promovía desde su cumbre una reforma electoral con el fin de dotar de legitimidad la democracia liberal a través de elecciones abiertas y libres.

A pesar de que los comicios provinciales de 1914 pusieron sobre el tapete el desafío abierto con la apertura política y la irrupción de partidos competitivos en la arena electoral, la vocación reformista del elenco gubernamental avanzó en la dimensión constitucional dotando a la Carta Magna de una inédita legislación social con la que confiaba torcer el brazo a la protesta obrera liderada por vertientes de izquierda.

Aunque ningún cambio institucional resultó eficaz para frenar el ciclón de votos que catapultó al líder radical José Néstor Lencinas, en la cima del poder político provincial, en los años siguientes, el despertar de la democracia de masas en la provincia nacía preñado de valoraciones pesimistas por parte de un amplio arco opositor que incluía a los enrolados en las filas conservadoras y a los militantes de la izquierda vernácula.

Entre las facetas de la Mendoza que celebró el homenaje monumental de "la Patria al Ejército de los Andes" en 1914, y la que hoy conmemora aquel memorable acontecimiento cívico, existen no pocos contrastes.

Resulta probable que uno de los más paradójicos sea la incuestionable adhesión ciudadana a las reglas del juego democrático y el dramático declive de las formas de integración social y cohesión cultural.

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