El negocio de enoturismo llegó para quedarse. En la última década pasó de ser una actividad de marketing, directamente relacionada con la fidelización del cliente, a convertirse para algunas bodegas en un canal más de comercialización de vinos. De hecho, en 2013 se calcula que más de 1.300.000 visitantes recorrieron los Caminos del Vino de Argentina, registrándose el 70% en la provincia.
Según datos de Bodegas de Argentina, en Mendoza, hay más de 100 bodegas que brindan servicios de enoturismo, mientras que en el total del país se contabilizan más de 190 bodegas divididas en 9 regiones.
Desde el 2006, momento en que se sistematizaron las mediciones del Observatorio de Enoturismo a través de los informes anuales de la Comisión de Turismo de Bodegas de Argentina, los números muestran que la oferta de bodegas abiertas ha crecido de forma considerable durante todo el período, pero con un incremento sostenido en los últimos 3 años que oscila entre el 7% y 10%.
"El enoturismo es hoy una de los principales productos turísticos del país y que han mostrado mayor dinamismo en los últimos años. Esto no es casualidad. Tiene que ver con muchos factores que han contribuido al éxito.
Por un lado, el hecho de que Mendoza haya comenzado hace más de una década a poner al enoturismo como principal eje temático dentro de la oferta turística de la provincia. También la extraordinaria inversión y creatividad privada, ofreciendo una gran diversidad de productos ha sido un elemento esencial", señala Gabriel Fidel, prosecretario de Bodegas de Argentina y Director del Departamento de Turismo.
Enoturismo como negocio
En un comienzo la apertura de las bodegas a turistas resultaba directamente de una acción de marketing en donde la bodega a debía invertir mensualmente para poder mantener la unidad funcionando. Hoy la ecuación va cambiando, con la incorporación del cobro de una entrada a la bodega que le vuelve al turista en diferentes programas o productos, el equilibrio y en algunos casos el negocio comienza a cerrar.
Guillermo Barletta, director del departamento de turismo de Bodegas Argentinas sostuvo que "debido a la situación que está atravesando el sector en general, el área de turismo se ha instaurado como una potente herramienta de venta directa, al tiempo que ofrece los beneficios propios del marketing, ya sea por estrategias de fidelización de consumidores, posicionamiento de marca o bien incorporación de nuevos productos".
Barletta, sostiene que el desafío para las bodegas está en capitalizar el contexto, al que se suma un turismo interno con mayor actividad y ávido de experiencias diferenciales en cada destino, sin descuidar la calidad de los servicios y la permanente evaluación que hacen los visitantes a través de las redes sociales o temáticas.
Gastón Re, manager del visitor center de Bodega Trapiche, sostuvo que "por lo que hemos estado hablando con los hoteles, viene muy bien la temporada. Hoy ha cambiado el turista que llega a la bodega, años atrás el turista no pagaba entrada y no te compraba vino. Ahora si te compran vino y aprovechan las promociones que tenemos".
Para Re, este año ha crecido el volumen de visitas a su bodega entre 5% y 7% y estima que en la temporada estival la demanda se mantendrá sostenida principalmente por el turismo doméstico y de brasileños.
Pilar Fontana, de Bodega La Rural, aseguró que las perspectivas para esta temporada son moderadas, ya que diciembre tuvo un comportamiento errático con una baja sensible en la primera mitad para luego recuperarse fuertemente hacia el final del mes.
"El gasto por turista en nuestro caso sí aumento, ya sea porque los turistas eligen programas alternativos a la tradicional visita a bodega o porque en el momento de comprar un vino, optan por líneas de media ó alta gama, como también tenemos aquellas personas que deciden llevarse cajas de líneas básicas", dijo Clara Argerich, Hospitality Manager de bodega Norton, quien además maneja el restaurante La Vid.