22 de noviembre de 2013 - 01:14

Un conquistador obsesionado por el sexo

Mantuvo una promiscua vida amorosa. Desde pasantes de la Casa Blanca hasta Marilyn Monroe y Marlene Dietrich.

El secreto mejor guardado de la presidencia de John F. Kennedy no estuvo relacionado con la Guerra Fría, con el Muro de Berlín, con la amenazante presencia de Fidel Castro y su giro al comunismo en la vecina Cuba, ni en las reservas nucleares de Estados Unidos y de su rival de entonces, la URSS, ni en la creciente tensión en Vietnam. El secreto mejor guardado de Kennedy fue su vida sexual.

No difirió mucho de la que esgrimía en su vida anterior a ser presidente: fue promiscuo, imprudente, desatado, irresponsable y hasta atolondrado. "Harold, no sé si a vos te pasa -le dijo una tarde al sorprendido primer ministro británico Harold Macmillan- pero cuando paso más de tres días sin una mujer, sufro de intensos dolores de cabeza".

Su frágil salud -entre otros males padecía el de Addison, una insuficiencia suprarrenal que le provocaba fatiga, debilidad, anorexia, náuseas y vómitos- ayudó a elaborar una teoría justificativa de su conducta, cifrada en la gran cantidad de medicamentos que recibía: era la química la que desataba el deseo sexual. Parece una hipótesis descabellada. Desde muy joven, cuando era un muchacho sano, Kennedy hizo gala de su atractivo físico y de su éxito con el sexo opuesto: competía en eso con su padre y hermanos.

De todas, la más célebre aventura de Kennedy fue su romance con Marilyn Monroe. Las relaciones se iniciaron incluso antes del triunfo electoral de Kennedy, en 1960. El 19 de mayo de 1962, en el Madison Square Garden, la Monroe celebró el cumpleaños 45 de Kennedy de manera muy especial. Apareció en el escenario con un ajustado vestido color carne en el que lucían infinidad de piedras cosidas a mano.

Marilyn hizo mohínes, sonrisitas, se llevó la mano a la frente para divisar en la platea a Kennedy y después, en un susurro, cantó el más célebre "Happy Birthday, Mr. President" de la historia. "Después de esto, me puedo retirar tranquilo de la política", dijo el homenajeado. Fue la última aparición pública de Marilyn: la hallaron muerta en su casa de Los Ángeles tres meses después, el 5 de agosto de 1962.

Kennedy tuvo amores con varias pasantes de la Casa Blanca . Una de ellas, Mimí Alford, tenía entonces 19 años, perdió su virginidad con JFK y escribió sus memorias el año pasado, convertida en una madura abuela de 68 años. Otras dos chicas de la Casa Blanca que retozaron entre las sábanas de Kennedy o en la piscina climatizada en la que el presidente solía nadar desnudo para aliviar, entre otras cosas, sus dolores de espalda, fueron Priscila Wear y Jill Cowan, veinteañeras las dos, a las que llamaban "Fiddle" y "Faddle".

Kennedy anduvo en amores con Pamela Turnure, de 23 años, secretaria de prensa de su mujer , con las actrices Jayne Mansfield, Gene Tierney y Angie Dickinson y con la activista social y pintora Mary Pinchot Meyer, cuñada del periodista Ben Bradlee, director del Washington Post y amigo personal de Kennedy, que se enteró del romance varios años después.

El presidente tuvo amores con Marlene Dietrich, cuando la actriz tenía 62 años. Fue el 10 de septiembre de 1963 y en la Casa Blanca, según asentó en el diario de visitas la secretaria de Kennedy, Evelyn Lincoln: "A las 3:45 de hoy Marlene Dietrich vino a ver al presidente. Luce sus espléndidas y largas piernas, a pesar de sus 62". Años después, Dietrich reveló que el encuentro fue "dulcísimo y veloz".

Su amor argentino

Stella “Baby” Cárcano, hija del embajador argentino en  París, contó hace años: “En una fiesta en Roma, una amiga americana me lo presentó. Tenía un jopo rubio gigante y se reía todo el tiempo. ‘Soy Jack Kennedy y quiero salir a comer contigo”. Baby se negó, Kennedy insistió y se hizo invitar a la boite a la que ella iba a bailar.

Baby y Jack se siguieron viendo en París, y el 26 de mayo de 1941 Kennedy llegó a la Argentina proveniente de Río de Janeiro. Tres días después, festejó su cumpleaños número 24 en la estancia San Miguel, que la familia Cárcano tenía en Ascochinga, Córdoba, y luego de diez días siguió su viaje por América Latina.

LAS MAS LEIDAS